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viernes, 28 de abril de 2017

Duque de Buckingham

Hoy en inglés hemos hablado sobre el Duque de Buckingham. Este artículo irá sobre él.

(George Villiers, primer duque de Buckingham; Brooksby, 1592 - Portsmouth, 1628) Político inglés. Apuesto y encantador, rápidamente se convirtió en el favorito del rey Jacobo I y del futuro Carlos I; su influencia en la corte se extendió desde 1616, durante el reinado de Jacobo I, hasta los primeros años del reinado de Carlos I. Fue nombrado lord gran almirante en 1619 y hecho duque en 1623, pero su arrogancia y abuso de poder lo hicieron muy impopular. Su errática política exterior provocó una serie de desastres, como las fracasadas expediciones militares contra España y Francia.

George Villiers, duque de Buckingham
George Villiers substituyó a Robert Carr como favorito real y acumuló títulos nobiliarios y cargos cortesanos. En 1623 viajó a Madrid acompañando al príncipe Carlos, futuro Carlos I de Inglaterra, para negociar una alianza con España por medio del compromiso matrimonial del heredero al trono inglés con María de Austria, hermana de Felipe IV, y para solicitar la ayuda de la monarquía española en su intento de recuperar el dominio sobre el Palatinado. Ambas negociaciones fracasaron por el enfrentamiento sostenido entre Buckingham y Olivares, y el príncipe inglés regresó junto con su favorito a Londres.
Tras la entronización de Carlos I de Inglaterra (1625), trató de concertar también sin éxito el matrimonio del rey inglés con una hermana de Luis XIII de Francia y organizó un fracasado ataque naval contra Cádiz. En 1626 el parlamento, que veía con malos ojos la ambición y el nepotismo de Buckingham y su acercamiento a los países católicos, responsabilizó al duque de la derrota y presentó un proyecto de acusación en su contra; Carlos I hubo de disolver el parlamento para evitar el juicio contra su favorito.
En 1627 sufrió otro revés al ser derrotado cuando trataba de liberar a los hugonotes franceses sitiados en el puerto de La Rochela. Buscó nuevamente la alianza con España para obtener apoyo militar, para lo que comisionó al pintor Rubens en una embajada enviada a Madrid. El apoyo no llegó a hacerse efectivo puesto que, en el transcurso de las negociaciones de Rubens en la Corte española, y mientras preparaba en Portsmouth una nueva expedición a La Rochela, Buckingham murió a manos de uno de sus tenientes, el puritano John Feldon. Su asesinato causó muestras de regocijo entre los londinenses.



lunes, 27 de marzo de 2017

Diana, la Princesa de Gales

Hoy en inglés hablamos Diana, la Princesa de Gales.


La princesa de Gales, más conocida con el nombre de lady Di, nació en Park House, Sandringham (Norfolk), el 1 de julio de 1961 y falleció en el hospital La Petié Salpetrière de París la noche del 30 al 31 de agosto de 1997. Alcanzó popularidad mundial por su matrimonio con Carlos, heredero de la corona británica, su posterior divorcio y, aún más, por su prematura muerte.
Hija menor de John Spencer, octavo conde de Althorp, y de Frances Ruth Roche, Diana Spencer creció en una familia de la pequeña nobleza junto a sus dos hermanas, Sarah y Jane, y su hermano menor, Carlos. Pasó los primeros años de su vida en la residencia familiar de Sandringham, donde recibió su primera educación, de manos de institutrices. En 1968, tras el divorcio del matrimonio Spencer, Diana quedó bajo custodia paterna, y aquel mismo año ingresó en la escuela de King´s Lynn. En 1970 se trasladó al internado femenino de Riddlesworth Hall y en 1973 ingresó en West Heath, otro internado en el condado de Kent. Entre 1977 y 1978 estudió en Suiza y finalmente se estableció en Londres. Allí trabajó para varias empresas hasta que en noviembre de 1977 conoció a Carlos, primogénito de la reina Isabel II de Inglaterra y heredero del trono británico, con quien entabló noviazgo dos años después.
El 24 de febrero de 1981 el portavoz del Palacio de Buckingham anunció el compromiso oficial de lady Diana Spencer y el príncipe de Gales y, en adelante, Diana trasladó su domicilio a Clarence House, residencia de la reina madre. La boda de la pareja, que se celebró el 29 de julio de 1981 en la catedral londinense de Sant Paul y fue oficiada por el arzobispo de Canterbury, se convirtió en un acontecimiento social de repercusión internacional retransmitido por televisión a más de setecientos millones de espectadores. Convocó en Londres a más de un millón de personas y no faltaron a la ceremonia los principales miembros de la aristocracia europea y más de ciento setenta jefes de Estado.

El pintor Nelson Shanks retratando a Diana
El 21 de junio de 1982 lady Diana dio a luz a su primogénito, el príncipe Guillermo, en el hospital Saint Mary de Paddington. Aquel mismo año, la princesa realizó su primer viaje oficial en solitario, para asistir al funeral de Grace Kelly, princesa de Mónaco. En abril del año siguiente, Diana de Gales acompañó a Carlos a Australia y Nueva Zelanda, en el primer viaje oficial de la pareja. El segundo hijo de los príncipes de Gales, Enrique, nació el 15 de septiembre de 1984.
Aunque Diana trató de llevar una vida familiar dedicada al cuidado de sus hijos, en su agenda se imponía la limitación de los más de quinientos compromisos oficiales que el matrimonio estaba obligado a atender anualmente. Hasta 1985, la pareja no mostró desavenencias en público, pero a partir de 1986 la prensa sensacionalista británica comenzó a publicar rumores de crisis matrimonial. A pesar de que la familia trataba de ofrecer una imagen de unidad, lo cierto es que cada vez se hacían más frecuentes los viajes de Diana en solitario, y en mayo de 1992, después de regresar de la India y Egipto, saltaron a la opinión pública los primeros rumores de separación.
La publicación de un libro de Andrew Morton sobre Diana, en el que el autor se reafirmaba en la tesis del fracaso matrimonial, y la confirmación de que Carlos mantenía una relación con su vieja amiga, Camila Parker Bowles, convirtieron en noticia las especulaciones de los últimos meses. A principios de diciembre los príncipes de Gales se separaron, se anunció una relación sentimental de Diana con James Gilbey y se desató una auténtica guerra de acusaciones mutuas entre los defensores de la princesa y la casa real británica. Algunas fuentes revelaron entonces que tanto Carlos como Diana de Gales reclutaron periódicos nacionales para publicar sus propias versiones sobre el detonante de la ruptura. El matrimonio se rompió de forma definitiva en marzo de 1994 y el 29 de febrero de 1996 Diana aceptó divorciarse de Carlos.

Diana Spencer
En los años siguientes, Diana prestó su imagen pública a diferentes organismos humanitarios y apareció en multitud de actos en favor de los sectores más marginados de la sociedad. Entretanto, la prensa sensacionalista continuó explotando todas las facetas imaginables del personaje de lady Di. La propia Diana llegó a reconocer su adulterio y la lista, real o inventada, de los amantes de la princesa fue creciendo: a Gilbey se unieron los nombres de Barry Mannakke, Philip Dunne, Oliver Hoare y James Hewitt. El último hombre con quien se relacionó a Diana Spencer fue el millonario de origen egipcio Dodi Al Fayed. Ambos perdieron la vida en un espectacular accidente de automóvil, cuando trataban de evitar a los paparazzi y circulaban a gran velocidad por el interior del túnel del Alma en París. Lady Di fue enterrada en su localidad natal.
La popularidad de lady Di
La muerte de Diana Spencer exaltó el fenómeno social de la "dianamanía" y la casa real británica, que al principio mostró no pocas reticencias, accedió al reclamo popular y celebró en su honor un soberbio funeral en Westminster, que fue retransmitido en directo por televisión y al que asistieron cerca de dos millones de personas.
La vida de Diana Spencer, tanto durante su matrimonio como después de su separación, fue objeto continuo de la atención de millones de seguidores y tema recurrente de la llamada "prensa rosa". Todas sus apariciones en público recibieron un tratamiento especial por parte de los medios de comunicación, e incluso su peinado y su modo de vestir fueron imitados hasta la saciedad. Según la revista Majesty, Diana generó cerca de quince millones de libras en publicidad a los fabricantes de los artículos que utilizaba. Su popularidad superó en mucho a la de su marido; fue siempre considerada una madre ejemplar, y tras su muerte hubo propuestas de canonización que, finalmente, fueron desestimadas.

jueves, 9 de febrero de 2017

Isabel I de Inglaterra

En inglés hablamos sobre la reina Isabel I de Inglaterra. Este artículo tratará sobre su reinado.

Isabel I consiguió dar a Inglaterra las condiciones de paz interior y desarrollo económico que requería para ocupar un lugar privilegiado en el panorama político europeo del siglo XVII y sentó las bases para el crecimiento del poderío marítimo inglés en los siglos siguientes. La flota mercante se reforzó considerablemente y amplió el radio de sus empresas gracias a la constitución de compañías de comercio patrocinadas por la monarquía y que disfrutaban del monopolio: la Compañía de los Mercaderes Aventureros y la Compañía del Este rivalizaron con la Hansa en el Báltico; la Compañía de Moscovia desarrolló el comercio con Rusia y Persia; la Compañía de Levante compitió con españoles y vénetos en el Mediterráneo oriental. En 1600 se fundó la Compañía de las Indias Orientales, que pondría los cimientos de la potencia británica en Asia. Los ingleses comenzaron también a interesarse comercialmente por América. Marinos como Frobisher y John Davis partieron en busca del paso del Noroeste. La primera tentativa de implantación colonial fue hecha por Ralegh en la Virginia en 1584.

Isabel I de Inglaterra
El desarrollo económico del país se vio así favorecido durante su reinado. La industria lanera, principal riqueza del país, recibió un nuevo impulso al calor de las relaciones con los Países Bajos. Sin embargo, la prosperidad económica benefició únicamente a la burguesía y a los terratenientes, que aceleraron el proceso de enclosures en detrimento de los campesinos. Isabel sólo actuó contra este proceso para imponer duras medidas contra la mendicidad (poor laws) a la que se habían visto abocadas grandes masas de campesinos, excluidas del aprovechamiento agrícola comunal por el cercado de campos. Los pobres eran reunidos en “casas de trabajo”, donde eran tratados como siervos bajo amenaza de muerte.
Reconocida como una de las más brillantes monarcas de Inglaterra, su reinado conoció además la pacificación interna tras las luchas de religión de los monarcas anteriores. La reina trató de reforzar el centralismo regio y los mecanismos del absolutismo en ciernes. Aunque en su largo reinado sólo convocó en tres ocasiones el Parlamento, no se produjeron enfrentamientos graves entre ambas instancias de poder. Sólo a fines del período el Parlamento, en parte bajo la influencia de las ideas puritanas hostiles al absolutismo regio, se rebeló contra Isabel a causa de los gastos desmedidos de la Corona y de la venta de monopolios.
La reina hizo suya la estrategia de autoridad práctica de Enrique VIII, gobernando con extrema energía. Se benefició del proceso de fortalecimiento de la autoridad monárquica emprendido por los Tudor y a menudo hizo uso de la llamada “prerrogativa regia”, conjunto de derechos que permitían la arbitrariedad. Se rodeó de un reducido grupo de consejeros que formaron el Consejo Privado, como William Cecil (entre 1572 y 1598), el canciller Nicholas Bacon (1559-1579), el conde de Leicester y el secretario de Estado Francis Walsingham (1573-1590), sin llegar a permitir que sus favoritos desempeñaran un papel político preponderante.

William Cecil
Isabel fue contemplada con admiración por sus coetáneos. Su gusto por el lujo y la magnificencia hizo correr por Europa la fama de la suntuosidad de su corte. Pero ésta destacó ante todo por el esplendor que alcanzaron las artes durante el período isabelino. La literatura inglesa alcanzó su cenit en esta época. Fue la edad de oro del teatro inglés, con Marlowe, Ben Jonson y Shakespeare. La vida literaria fue igualmente adornada por poetas como Edmund Spenser y Philipp Sidney, por ensayistas como John Lyly y Francis Bacon, así como por el filósofos políticos como Richard Hooker. Se crearon las escuelas de Rugby y Harrow, del Trinity College de Dublín; y la música de corte conoció un bello desarrollo con los llamados “virginalistas”.
La restauración del anglicanismo
Uno de los principales objetivos de Isabel I al sentarse en el trono fue poner orden en la cuestión religiosa que venía sacudiendo el país desde tiempos de Enrique VIII. Su estrategia en este sentido buscó el restablecimiento del anglicanismo como religión oficial. A pesar de haber sido coronada según el rito romano, Isabel pronto evidenció su voluntad de continuar la política eclesiástica de su padre. En ello se dejó guiar por consideraciones puramente políticas: la reina deseaba ejercer la autoridad eclesiástica suprema, lo que al mismo tiempo la oponía a católicos y calvinistas. Actuando con gran prudencia, promulgó en 1559 el Acta de Supremacía que puso nuevamente en vigor las leyes religiosas de Enrique VIII y Eduardo VI y que habían sido abolidas en tiempos de María Tudor.

Retrato de Isabel I (Quentyn
Metsys el Joven, c. 1583)
El edicto de 1559, aunque reforzaba el protestantismo y declaraba la celebración de la misa ilegal, era excepcionalmente tolerante con la población católica. Los católicos quedaron en principio exentos de la asistencia obligatoria a la iglesia parroquial a cambio del pago de una moderada contribución, y la celebración privada de su culto no fue perseguida excepto en los casos en que se sospechara traición a la monarquía. El Acta de Uniformidad, votada ese mismo año por el Parlamento, restableció el Libro de la Plegaria Común de Eduardo VI eliminando las fórmulas que pudieran resultar más ofensivas para los católicos. Los obispos católicos nombrados durante el reinado de María I protestaron, e Isabel respondió destituyéndolos a todos, quedando así renovada por completo la alta jerarquía eclesiástica del reino. A la vez, Isabel se cuidó de no verse superada por el fanatismo protestante. En 1563, cuando el Parlamento adoptó la profesión de fe de los Treinta y Nueve Artículos que rechazaba la transubstanciación y sólo admitía dos sacramentos, la reina decretó al mismo tiempo el mantenimiento de la jerarquía y la liturgia católicas.
En 1570 el compromiso religioso, que se había hecho soportable para la mayoría de la población católica, fue bruscamente roto por el interdicto lanzado por el papa Pío V sobre “Isabel, la presunta reina de Inglaterra”. La bula de excomunión desligaba a todos sus súbditos de su lealtad a la reina. De esta forma los católicos fueron, más por efecto de la bula papal que por efecto de la represión regia, convertidos en potenciales traidores. Se recrudecieron las medidas legales contra los católicos en correlación con el aumento de la intransigencia católica en el continente; así, a partir de 1580, los misioneros jesuitas (enviados subrepticiamente por España para alentar la rebelión católica) fueron expulsados de Inglaterra o entregados al verdugo.
Isabel tuvo que hacer frente a una doble oposición: por un lado la de los católicos, que se consideraron desligados de su deber de lealtad tras la excomunión de 1570 y que pusieron sus esperanzas en María Estuardo, la reina católica de Escocia; por otro, la de los calvinistas presbiterianos, que rechazaban la jerarquía episcopal y cualquier vestigio de catolicismo dentro de la Iglesia reformada. La reina hubo de recrudecer las medidas represivas contra la disidencia religiosa. La celebración de la misa católica fue prohibida por completo, así como los sínodos presbiterianos de los calvinistas, que ya por entonces comenzaban a conocerse como puritanos. En 1595 se hizo obligatoria, bajo pena de prisión, la asistencia al culto anglicano. Sin embargo, hubo muchas menos ejecuciones por motivos religiosos durante el largo reinado isabelino que durante los cinco años en que María Tudor se sentó en el trono. La obra religiosa de Isabel fue duradera: dio al anglicanismo su carácter definitivo y emprendió el camino hacia la convivencia de las distintas sectas religiosas.
El afianzamiento de la legitimidad
Dentro de este contexto hay que considerar el problema planteado por las pretensiones de la católica María Estuardo: la reina de Escocia, viuda de Francisco II de Francia, se convirtió en el centro de las conspiraciones católicas. María Estuardo, heredera del reino de Escocia, podía postularse también (por ser hija de la hermana de Enrique VIII) como heredera del trono inglés. Aquellos que consideraban ilegal el matrimonio entre Ana Bolena y Enrique VIII cuestionaban asimismo la legitimidad del nacimiento de Isabel y sus derechos al trono, y contemplaban a María Estuardo como potencial reina de Inglaterra. En 1561, María Estuardo regresó como reina a Escocia tras la muerte de su esposo. Desde entonces no cejó en su empeño de reunir bajo su cetro los reinos de Escocia e Inglaterra. Para ello contaría con el apoyo de los disidentes católicos ingleses.

María Estuardo
En 1568, María Estuardo fue expulsada de Escocia por una rebelión general y tuvo que refugiarse en Inglaterra, en cuya corte Isabel la acogió de buen grado con el fin de mantenerla bajo su control. Para Isabel era demasiado arriesgado dejarla marchar al continente, donde sin duda buscaría el apoyo de Francia o España en su reivindicación del trono inglés. María fue obsequiada con un honorable confinamiento, lo que no impidió que se convirtiera en el centro de las intrigas político-religiosas contra la reina.
Entre 1569 y 1570 se produjo la llamada “rebelión de los condes”, que tuvo un doble carácter religioso y político: se restableció el catolicismo en los territorios sublevados y se pretendió obligar a Isabel a declarar a María como su sucesora en el trono. La cruenta represión de esta conjura significó la eliminación de las grandes dinastías condales del norte de Inglaterra. María Estuardo se vio implicada en otros tres importantes complots que incluían intentos de regicidio: el de Ridolfi de 1571, el del francés duque de Guisa de 1582 y el de Babington de 1586.
Ante el temor de que pudiera llegar a un sólido entendimiento con los españoles, el Parlamento presionó a Isabel para que ordenara la ejecución de María Estuardo. La declaración papal de 1580 que aseguraba que no sería un pecado eliminar a Isabel y el asesinato en 1584 de Guillermo I el Silencioso, organizador de la resistencia alemana contra los españoles, hicieron temer por la vida de Isabel. En 1585 el Parlamento aprobó la Ley de Preservación de la Seguridad de la Reina, la cual condenaba a muerte a toda aquella persona implicada en un eventual regicidio o a quien éste beneficiara directamente. Isabel introdujo una enmienda en el texto de la ley, por la cual los herederos de los implicados de condición regia sólo podrían ser excluidos de la sucesión al trono de Inglaterra en caso de que fuera probada en juicio su propia implicación en una conjura. Esta enmienda hizo posible que, a la muerte de Isabel, el hijo de María Estuardo, Jacobo VI de Escocia, se convirtiera en rey de Inglaterra. Un año después de la aprobación de la Ley de Seguridad, María Estuardo fue sometida a juicio y hallada culpable de atentar contra la vida de Isabel. Durante tres meses la reina demoró la corroboración de la sentencia de muerte, a pesar de la presión de sus consejeros y del Parlamento. Finalmente María fue ejecutada en febrero de 1587.
Matrimonio y sucesión
Desde la ascensión al trono de Isabel I se planteó la cuestión de su matrimonio con el fin de evitar nuevos problemas sucesorios. La boda de la reina suscitaba gran preocupación en el Parlamento, ya que de ella podían depender las alianzas internacionales de Inglaterra en un momento en que la hegemonía española en Europa mantenía al continente en perpetuo estado de guerra. Isabel expresó su voluntad de contraer matrimonio y durante buena parte de su reinado jugó hábilmente con las numerosas propuestas que le llegaron de las principales potencias europeas. De los 16 a los 56 años se sucedieron múltiples proyectos matrimoniales. Eric de Suecia, Enrique III y Enrique IV de Francia, el archiduque Carlos de Austria y el duque de Alençon fueron algunos de los pretendientes de la reina. Pero Isabel nunca llegaría a casarse; esta inaudita excepción perturbó ya desde su reinado a cronistas e historiadores. A menudo se la llama todavía la Reina Virgen (así quiso ser llamada Isabel en su epitafio), subrayando mendazmente una castidad de raíz religiosa en la que la reina nunca puso sus desvelos.
En efecto, Isabel mantuvo relaciones amorosas con diversos hombres de su corte: sir Christopher Hatton, lord canciller entre 1587 y 1591; sir Walter Raleigh, cortesano cumplido, aventurero e historiador y, sobre todo, lord Robert Dudley, a quien otorgó el título de duque de Leicester en 1564. Su relación con Dudley sobrevivió al matrimonio secreto de éste con la prima de Isabel, Lettice Knollys, condesa viuda de Essex, en 1579. La noticia de su muerte en 1588 causó tal dolor a la reina que se encerró sola en sus habitaciones durante tan largo tiempo que, finalmente, lord Burghley, Tesorero Mayor y uno de sus más fieles servidores, se vio obligado a derribar la puerta.

Robert Dudley
La tardanza en contraer matrimonio y las continuas evasivas de la reina hicieron correr por todas las cortes europeas infundios sobre una desaforada concupiscencia que le hacía parir bastardos a troche y moche, o rumores acerca de un misterioso defecto físico que le impedía la unión sexual. En 1579, en el transcurso de las negociaciones de matrimonio con el duque de Alençon, hermano del rey de Francia, lord Burghley escribió a su pretendiente: “Su Majestad no sufre enfermedad alguna, ni tara de sus facultades físicas en aquellas partes que sirven propiamente a la procreación de los hijos”.
El hecho insólito de que Isabel permaneciera soltera puede atribuirse con mayor certeza a la inveterada independencia de la reina y a las secuelas anímicas que, siendo una niña, sin duda le produjeron las brutales y arbitrarias ejecuciones de su madre, Ana Bolena, y de su madrastra, Catherine Howard, por orden de Enrique VIII. En agosto de 1566, Dudley escribió al embajador francés que él, que conocía a Isabel desde que era una niña, ya entonces le había oído asegurar que nunca se casaría. Se ha interpretado también que Isabel deseaba casarse con Dudley, pero que la impopularidad de éste y la sospechosa muerte de su primera esposa hacían poco recomendable la unión. En 1566, ante la tardanza del matrimonio de Isabel, el Parlamento le pidió que se casara, autorizándola a hacerlo con quien ella quisiera. Sin embargo, tampoco entonces se decidió la reina.
Aparte de sus indudables motivaciones personales, hubo también poderosas razones políticas que animaron a Isabel a permanecer soltera o, mejor dicho, a jugar indefinidamente con su posible boda. Las negociaciones matrimoniales fueron un recurso esencial de la política exterior isabelina, encaminada a evitar la caída de su reino en la órbita de las potencias continentales: España y Francia. Su matrimonio con un príncipe de las dinastías española o francesa habría sin duda significado la relegación de Inglaterra al plano de los comparsas en la política europea. Las negociaciones con el duque de Alençon, hermano de Enrique III de Francia y uno de sus más pertinaces pretendientes, fueron, por ejemplo, una baza para garantizar los intereses ingleses en los Países Bajos españoles.
La hegemonía española
En las relaciones entre Inglaterra y España primaron, por encima de la cuestión religiosa o de la competencia comercial en el Atlántico, la tradicional alianza dinástica frente a Francia y los mutuos intereses económicos en los Países Bajos. Desde el principio del reinado isabelino, Felipe II de España se había visto obligado a apoyar a Isabel I (pese a la manifiesta intención de la reina de defender la causa protestante) frente a las pretensiones al trono de María Estuardo. Aunque católica, María Estuardo era también reina de Escocia y de Francia; su ascensión al trono inglés hubiera supuesto la alianza de las coronas inglesa y francesa, lo que resultaba inadmisible para España.

Felipe II de España
Felipe II, viudo de María Tudor, propuso matrimonio a Isabel en 1559. La unión resultaba ventajosa para ambos: para Isabel, porque obstaculizaba las pretensiones de María Estuardo al trono inglés; para el soberano español, porque evitaba la reunión en la persona de la Estuardo de las coronas de Escocia, Inglaterra y Francia. Felipe II deseaba ver instalada en el trono de Inglaterra a su hija Isabel Clara Eugenia y apartar a Inglaterra de la influencia de Francia. A pesar de los intereses en juego, la repugnancia de Isabel hacia el matrimonio y el temor a caer en la órbita española hicieron a la soberana rechazar el ofrecimiento, no sin antes haber jugado con esta posibilidad para aprovechar en su favor la tradicional rivalidad hispano-francesa.
Isabel apoyó la causa protestante allí donde ésta se hallaba amenazada, sin que estuviera en su ánimo liderar la reforma, al tiempo que procuraba mantener relaciones amistosas con las potencias católicas. Durante la Guerras de Religión francesas prestó ayuda a los hugonotes, en una forma de provocación a la monarquía hispánica, que apoyaba la causa católica. Sin embargo, el enfrentamiento con España se debió mucho más a razones políticas y económicas que a cuestiones religiosas.
Desde el inicio del reinado se mantuvo una situación de sorda tensión entre Inglaterra y España, sin que ninguno de los contendientes considerara oportuno declarar abiertamente la conflagración hasta muchos años después. El enfrentamiento entre España e Inglaterra se hizo de todas formas inevitable ante las pretensiones inglesas de romper el monopolio comercial español en América. Las acciones de los marinos ingleses en el Atlántico, alentadas por la reina, se hicieron progresivamente más violentas desde la década de los setenta. En 1571, el corsario Francis Drake inició una imparable sucesión de actos de piratería en el Caribe que pronto se extendió al resto del litoral atlántico americano. Su vuelta al mundo entre 1577 y 1580 fue saludada en la corte isabelina con gran entusiasmo.

Francis Drake
Pero los más graves conflictos entre la Inglaterra de Isabel I y la España de Felipe II surgieron a raíz de la sublevación de los Países Bajos contra la autoridad española. La ocupación de Flandes por el ejército español desde 1567 despertó la alarma de Isabel I, que vio cómo España instalaba una nutrida fuerza militar al otro lado del canal de la Mancha. Por otra parte, los intereses del comercio inglés en la zona impulsaron a Isabel a apoyar económicamente la rebelión de las Provincias Unidas desde 1577. La primera ruptura hispano-inglesa se produjo en 1568, cuando Isabel incautó el dinero genovés destinado a pagar a los tercios de Flandes que viajaba en navíos españoles arribados a costas inglesas. Este incidente provocó la ruptura de las relaciones comerciales entre ambas monarquías. En 1572, Isabel firmó con Carlos IX de Francia el tratado de Blois, por el que ambos soberanos establecieron una alianza defensiva contra España. Este acuerdo fue bruscamente roto por la matanza de hugonotes de la Noche de San Bartolomé en 1572. Con el Tratado de Bristol (1574), Isabel restableció las relaciones con España, a pesar del precario equilibrio de sus relaciones en lo que atañía a los Países Bajos.
A pesar del acuerdo de Blois, Isabel nunca había abandonado la alianza con España, y en 1572 hizo un gesto de acercamiento expulsando a los corsarios holandeses que se habían refugiado en las costas inglesas. Sin embargo, los éxitos internacionales de Felipe II preocupaban a Isabel, que temía que la monarquía española resucitase su viejo proyecto de invadir Inglaterra. Por ello, Isabel se decidió a intervenir directamente en el conflicto con los Países Bajos. En el Tratado de Nonsuch de 1585, prometió ayuda militar a las Provincias Unidas a cambio de que éstas permitieran la instalación de guarniciones inglesas en los puertos de La Briel y Flesinga, desde los que los españoles podían intentar una invasión marítima de la isla. Al tiempo que la reina enviaba efectivos militares a Flandes, Drake era autorizado para lanzar una violenta ofensiva en el Caribe y en las costas atlánticas de la Península Ibérica.

Isabel nombra caballero a Francis Drake
Desde entonces el enfrentamiento entre Inglaterra y España se agravó incesantemente. Los ingleses intervenían en la rebelión de los Países Bajos, mientras que Felipe II apoyaba a los rebeldes irlandeses y alentaba conspiraciones cortesanas contra Isabel. En 1583 el embajador español en Londres participó, junto con los Guisa, en una conjura que pretendía eliminar a Isabel y sentar en el trono a María Estuardo. Felipe II pensaba que, una vez derrocada Isabel I, podría hacer abdicar a María sus derechos sobre la infanta española Isabel Clara Eugenia. La conjura fue descubierta y el embajador español expulsado. De esta forma se produjo la ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos países.
Aunque sin una declaración formal, desde 1583 puede considerarse abierta la conflagración entre Inglaterra y España. Los proyectos políticos de Felipe II respecto de Inglaterra se vieron favorecidos por la ejecución de María Estuardo en 1587, que dejaba el campo libre para una sucesión española al trono inglés en caso de que tuviera éxito la invasión española de Inglaterra, proyecto largamente acariciado por Felipe II y que fue entonces retomado.
La devastadora razzia llevada a cabo por Drake en Cádiz y Lisboa en abril de 1587 acabó de decidir a Felipe II a emprender la invasión de Inglaterra antes de completar la sumisión de las Provincias Unidas. En julio de 1588 zarpaba de Lisboa la Gran Armada, conocida como la Armada Invencible por los historiadores británicos, destinada a invadir Inglaterra. El desastre de la Armada, causado en parte por la superioridad de la marina inglesa, en parte por la acción de los flamencos que obstaculizaron el acceso de la flota a sus costas, y en parte por los elementos, supuso una gran victoria política para Isabel I. La superioridad de los navíos ingleses fue resultado directo de la política naval impulsada por la reina, considerada como uno de los grandes logros de su reinado, pues inauguró el dominio británico de los mares.

La Armada Invencible
La victoria sobre la Gran Armada hizo más audaz a Isabel, que redobló sus acciones contra España allí donde tuvo ocasión. En los años siguientes, los corsarios ingleses hostigaron sin descanso los navíos españoles que hacían la travesía entre las Indias y España. Drake atacó La Coruña en 1589 y llegó hasta Lisboa, aunque no pudo tomar la ciudad. Arreciaron los ataques contra navíos y puertos españoles tanto en la Península como en América. Isabel dio cobijo en su corte al prior de Crato, pretendiente al trono de Portugal, con el que selló un acuerdo secreto contra España.
La guerra contra España continuó después de la muerte de Felipe II en 1598. El español había apoyado la gran rebelión irlandesa iniciada poco antes de su muerte, apoyo que mantuvo el duque de Lerma durante el reinado de Felipe III. Sin embargo, el auxilio español fue poco efectivo, debido a su lentitud y a la falta de equipamiento. En 1599, el duque de Lerma envió a las costas inglesas una gran flota que tuvo que regresar sin haber logrado ninguno de sus objetivos. A pesar de ello la rebelión, ferozmente reprimida por el ejército isabelino, continuó hasta la muerte de Isabel, cuando se logró la capitulación de los últimos rebeldes.
El final del reinado
Los últimos quince años de la era isabelina fueron difíciles para la reina; ya muy anciana, había perdido a sus más leales consejeros y amigos. Dudley había muerto en 1588; Walsingham, en 1590; Hatton, en 1591; Burghley, en 1598. Se encontraba ahora rodeada por un grupo de hombres más fieles a sus intereses personales que a la vieja reina. El más importante de esta nueva generación de consejeros fue Robert Devereux, conde de Essex e hijastro de Dudley. La reina le tenía en gran consideración, lo que probablemente hizo al joven conde sobreestimar su influencia política. Su arrogancia le atrajo la enemistad de Robert Cecil (hijo de Burghley), de sir Walter Raleigh y del duque de Nottingham.

Robert Devereux, conde de Essex
En 1598 estalló una nueva rebelión en Irlanda que se extendió por todo el país. Devereux solicitó a la reina el mando del ejército que habría de reprimir la rebelión irlandesa, lo que le fue concedido. Pero desobedeció las estrictas órdenes de la reina acerca de cómo debía actuar en Irlanda. Derrotado, decidió regresar a Inglaterra, contrariando nuevamente las órdenes expresas de la reina de permanecer en la isla. Devereux fue inmediatamente arrestado por orden del Consejo Privado, y aunque una investigación le exculpó de las sospechas de traición que pesaban sobre él, nunca más fue admitido en la privanza regia. Este revés inesperado convirtió a Devereux en el principal intrigante del reino, convertida su casa en cenáculo de desafectos a Isabel. En 1601, Devereux trató torpemente de tomar Londres con sus tropas. Fracasado su intento, fue ejecutado como reo de traición en febrero de ese año. Tras la ejecución de Devereux, la reina declaró al embajador francés: “cuando está en juego el bienestar de mi reino, no me permito indulgencias con mis propias inclinaciones”.
Los últimos años del reinado de Isabel I fueron también de crisis económica. La Hacienda regia acusó graves problemas financieros; sus reservas estaban agotadas y el país atravesaba una profunda crisis inflacionaria. La reina tuvo que recurrir a la venta de monopolios y regalías, además de algunas de sus más preciadas joyas. Esta práctica causó gran descontento y se elevaron numerosas quejas al Parlamento. A pesar de los temores que causó su soltería, el problema de la sucesión había quedado resuelto. Jacobo VI de Escocia era reconocido desde hacía tiempo como su heredero. En su lecho de muerte, el 23 de marzo de 1603, sus consejeros le pidieron que hiciera una señal si reconocía como su sucesor al futuro Jacobo I de Inglaterra. La reina lo hizo y, tras su muerte en la mañana del día siguiente en el palacio londinense de Richmond, la monarquía inglesa afrontó sin asperezas el fin de la dinastía Tudor.

jonh lennon

Hoy en inglés hablamos sobre el cantante británico John Lennon, este artículo irá sobre él.

ohn Lennon

(Liverpool, 1940 - Nueva York, 1980) Cantante y músico británico, fundador del mítico grupo The Beatles, un cuarteto que formó en la ciudad de Liverpool junto a Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr y que se ha convertido en una referencia indiscutible de la historia de la música moderna. John Winston Lennon nació en Liverpool el 9 de octubre de 1940, mientras los aviones nazis bombardeaban la ciudad. Su padre, llamado Alfred, era un marino que visitaba poco el hogar, hasta que desapareció por completo. Luego fue su madre, Julia Stanley, la que desapareció, dejando el niño al cuidado de una hermana suya llamada Mary.

John Lennon
Fue ella quien enseñó a John los primeros acordes en un viejo banjo del abuelo de éste. Liverpool era entonces una ciudad portuaria que se hallaba en plena decadencia. Con una población heterogénea, la vida allí no deparaba grandes alegrías. Sin embargo, el constante trajín originado por el tráfico marítimo también tenía sus ventajas: en el equipaje de los marinos procedentes del otro lado del océano llegaban abundantes discos de country y rhythm and blues, que se incorporaban inmediatamente a la innata afición de los liverpoolianos por la música.
John creció escuchando discos de Little Richard, Chuck Berry, Ray Charles y Buddy Holly, ilustres representantes de las corrientes musicales de aquella época. Durante unos años estudió en la escuela de Bellas Artes y al cumplir los quince resolvió sus dudas entre la pintura y la música a favor de ésta última. En 1956 conoció a un muchacho que, como él, sólo se sentía plenamente realizado con una guitarra en las manos: James Paul McCartney. Con Paul formó su primer grupo amateur, The Quarrymen, dando comienzo a un período de aprendizaje acelerado de los ritmos del rock and roll.
John y Paul se dedicaron a componer sus propias canciones como si se tratara de un entretenimiento. Dos años después se les unió George Harrison y se atrevieron a actuar en algunos pequeños locales. Se denominaron sucesivamente Johnny and the Moondogs y The Nurk Twins. Fueron tiempos difíciles: la madre de John murió en 1958 atropellada por un policía borracho franco de servicio y el escaso peculio del muchacho desapareció por completo. A lo largo de 1959, John buscó trabajo infructuosamente y vivió como un parado más. Pero su vitalidad, su juventud y su amor por la música hicieron que no perdiese la esperanza.
A principios de 1960 el grupo renació con el nombre de Long John and the Silver Beatles, prolijo nombre que se redujo a The Silver Beatles antes de quedarse en The Beatles. El término provenía de un juego de palabras inventado por el propio Lennon: el grupo de acompañamiento de Buddy Holly se llamaba The Crickets (saltamontes) y John se inspiró en ellos para mezclar el término musical beat, característico de toda una generación, y la palabra beetles (escarabajos).

Los Beatles
John, Paul y George, junto con algunos músicos profesionales, iniciaron una gira por Escocia como acompañantes de Johnny Gentle, un cantante de segunda fila. También pusieron fondo musical a los movimientos de una bailarina de strip-tease y aceptaron viajar a Alemania para tocar en varios locales del barrio chino de Hamburgo. Cualquier cosa era mejor que buscar algún trabajo, aburrido y mal remunerado, en Liverpool. Más tarde, de vuelta a su ciudad natal, se convirtieron en el grupo habitual de The Cavern, club subterráneo donde pudieron exhibir las tablas adquiridas durante sus peculiares giras.
En 1961, el propietario de una tienda de discos llamado Brian Epstein los descubrió en ese antro. Fue una revelación; aunque no tenía ninguna experiencia en ese terreno, Epstein se ofreció como mánager a cambio de un 25 por 100 de los ingresos. A partir de ese momento, la carrera de The Beatles se disparó hacia el éxito. Con la incorporación como batería de Ringo Starr en 1962, el grupo ya estaba completo y preparado para hacer frente a lo que se avecinaba: la más loca vorágine de triunfos y gloria.
Sus canciones, editadas por el sello EMI, empezaron a copar las listas de superventas. Los conciertos de los Beatles provocaban escenas de histeria entre las groupies y la policía se veía incapaz de contener a la juvenil masa vociferante. La "beatlemanía" se difundió por Europa, luego por Estados Unidos y más tarde llegaría al resto del mundo, incluidos los países socialistas.
Las piezas de los Beatles, compuestas en su mayor parte por John y Paul, se caracterizaban por los hallazgos melódicos y armónicos, dentro de lo que después se ha llamado el "sonido Liverpool". Además, los miembros del grupo se distinguían por un nuevo estilo en la indumentaria y el corte del cabello y por una actitud alegremente desafiante, protagonizada en especial por Lennon: en las conferencias de prensa y las entrevistas, aquellos muchachos tomaban el pelo a sus interlocutores y se manifestaban como tipos ingeniosos, divertidos y despreocupados.
McCartney era el apuesto romántico, Harrison el serio y Ringo el gracioso de la banda. En cuanto a Lennon, ejercía de rebelde con inquietudes y era sin duda el más incisivo. Después de ser nombrados, en 1965, Caballeros de la Orden del Imperio Británico, John desencadenará una escandalosa polémica con una de sus célebres frases: "Los Beatles son más populares que Jesucristo". Éxitos, drogas, disputas y reconciliaciones se sucederán a lo largo de los años sesenta. Y también películas, entre otras A hard days night y Help!, ambas dirigidas por Richard Lester.
Brian Epstein falleció en 1967 por sobredosis de barbitúricos. Lennon contrajo matrimonio en Gibraltar al año siguiente con la japonesa Yoko Ono, enigmática mujer cuyo nombre significa "Hija del Océano". Ambos hechos fueron jalones de una separación anunciada. Problemas financieros, celos artísticos entre John y Paul, deseos de crear sin el lastre de acomodarse al grupo... todos estos elementos decretaron la disolución del conjunto en abril de 1970. Lennon pronunciará el epitafio del grupo y de la llamada "década prodigiosa" con otra frase escueta y expresiva: "El sueño se ha acabado".
A lo largo de los años setenta, mientras sanan las heridas de la ruptura con la reconciliación pública de John y Paul, circulará periódicamente el rumor de una próxima reunión. Varios empresarios llegarán a ofrecer sumas fabulosas para congregarlos en un escenario, pero todo será en vano: cada uno vuela por su cuenta, libres ya del yugo de los Beatles. Para Lennon, los años setenta iban a ser de una enorme vitalidad. Por un lado, se convirtió en un activista del pacifismo. Las fotos de su luna de miel en la habitación de un hotel de Amsterdam, donde aparecía desnudo con su esposa en un gesto de elemental naturalidad, dieron la vuelta al mundo.
Con Yoko había formado la Plastic Ono Band y con ella publicó una docena de discos de larga duración. Su talento como compositor y letrista siguió manifestándose en temas como "Give peace a chance", "Power to the people" o "Some time in New York City". Pero su éxito indiscutible fue Imagine, un elepé intensamente personal, editado en 1971, que contenía la canción del mismo nombre cuyo texto llegaría a ser todo un manifiesto pacifista en aquella década conflictiva.

John Lennon y Yoko Ono
En 1975, cuando termine felizmente su batalla contra la administración del presidente Nixon empeñada en expulsarlo de los EE UU por "extranjero indeseable" y nazca Sean Ono Lennon, único hijo del matrimonio, John desaparecerá totalmente de la circulación y se dedicará a la vida familiar. Durante cinco años, sus comparecencias en público fueron escasas y extraordinarias. Parecía que ni una sola nota ni una palabra más iban a salir de su hasta entonces inquieto espíritu. Pero en 1980 el famoso beatle enclaustrado salió de su mutismo para grabar con Yoko el álbum titulado Double Fantasy. En él pregonaba su eterno amor por su esposa y su hijo con los simples y pegadizos estribillos de siempre.
En otoño de ese año, al explicar los motivos de su regreso a los estudios, Lennon aseguraba: "Hay gente irritada conmigo porque no hago música. Si yo hubiera muerto en 1975, sólo hablarían de lo fantástico que era y cosas así. Lo que les enfurece es que yo seguí viviendo y decidí que lo más importante era hacer exactamente lo que me apetecía. En estos cinco años de silencio he aprendido a librarme de mi intelecto, de la imagen de mí mismo que yo tengo. Las canciones que hago surgen de forma natural, espontánea, sin pensar conscientemente en ellas. En cierta forma, es como volver al comienzo. Tengo la sensación de que estoy ante mi primer disco."
Días después, el 8 de diciembre de 1980, las balas asesinas de un adorador perturbado terminaron con su vida y lo convirtieron, si es que aún no lo era, en un dios de la modernidad. El escritor Norman Mailer afirmó: "Hemos perdido a un genio del espíritu". Como reacción inmediata a su muerte, los seguidores de Lennon llevaron póstumamente "Imagine" al número uno de las listas. Nunca tal número de seres humanos habían llorado tanto al escuchar una canción.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Guy Ritchie

Hoy en inglés hablamos sobre el director británico, Guy Ritchie. En este artículo, hablaremos sobre su trayectoria como director.

Guy Stuart Ritchie

Director de cine británico

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Nació el 10 de septiembre de 1968 en Hatfield, Hertfordshire, Inglaterra.

Fue el segundo de los dos hijos de Amber Parkinson y John Vivian Ritchie, militar y ejecutivo de publicidad. Su madre se casó posteriormente con Michael Leighton, un baronet mientras el segundo matrimonio de su padre fue con Shireen Ritchie, baronesa de Brompton, una ex modelo y más tarde política conservadora.

Fue estudiante en la Stanbridge Earls School, centro especializado del Reino Unido en tratar la dislexia, que padece desde niño, de la que fue expulsado cuando tenía 15 años debido a consumo de drogas. También asistió a la Sibford School y a la Windlesham House School.

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En 1995 hizo su debut con el corto The Hard Case, y en 1988 con su primera película de larga duración: Lock, Stock and Two Smoking Barrels (Juegos, trampas y dos pistolas humeantes) que le convertiría en un director de culto con muchos seguidores. El film expone su peculiar estilo marcado por repartos corales y distintas tramas entrelazadas. En la película trabajó el actor Jason Statham y el ex futbolista Vinnie Jones.

La magnífica Snatch: Cerdos y diamantes, del año 2000, fue otro gran éxito para Guy Ritchie a nivel internacional. La película contó con actores como Brad Pitt, Benicio del Toro, Dennis Farina, Jason Statham y Vinnie Jones.

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Contrajo matrimonio con la cantante estadounidense Madonna y la dirigió en un video musical para la canción What It Feels Like for a Girl y en un remake de la exitosa película de Lina Wertmüller de los años 1960, Swept Away. Fue un fracaso tanto de crítica como de público.

En 2005 rueda Revólver y en 2008 filmó RocknRolla, que volvió a recuperar prestigio ante la crítica y el público con el estilo inicial de sus películas contando con los actores Gerard Butler, Tom Hardy, Jeremy Piven, Thandie Newton y Tom Wilkinson, entre otros. En diciembre del 2009 estrenó en los Estados Unidos, Sherlock Holmes, encarnado por Robert Downey Jr. y con Jude Law dando vida al Dr. Watson. En 2013 filmó The Man from U.N.C.L.E en Londres y Italia, siendo presentada en agosto de 2015.

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Tuvo con Madonna un hijo al que llamaron Rocco. En 2008, la cantante viajó a Malawi y adoptaron al pequeño David y unas semanas más después anunciaron su separación tras 8 años de matrimonio dando inicio a una batalla legal en la que Guy Ritchie consiguió 50 millones de libras.

En enero de 2010 Guy Ritchie lanza un sello discográfico cuyo nombre está inspirado en su bar londinense, The Punchbowl.

El 30 de julio de 2015, se casó con la modelo Jacqui Ainsley, con la que tuvo tres hijos.

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Filmografía

1995  The Hard Case
1998  Lock, Stock and Two Smoking Barrels
2000  Snatch: cerdos y diamantes
2001  The Hire: Star
2002  Swept Away
2005  Revólver
2008  Suspect
2008  RocknRolla
2009  Sherlock Holmes
2011  Sherlock Holmes: A Game of Shadows
2015  The Man from U.N.C.L.E
2017  King Arthur: Legend of the Sword

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Fuente: http://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/9877/Guy%20Ritchie

Newton

En la asignatura de inglés hablamos sobre Isaac Newton y de lo que aporto a la ciencia.

La revolución científica iniciada en el Renacimiento por Copérnico y continuada en el siglo XVII por Galileo y Kepler tuvo su culminación en la obra del científico británico Isaac Newton (1642-1727), a quien no cabe juzgar sino como uno de los más grandes genios de la historia de la ciencia. Sin olvidar sus importantes aportaciones a las matemáticas, la astronomía y la óptica, lo más brillante de su contribución pertenece al campo de la física, hasta el punto de que física clásica y física newtoniana son hoy expresiones sinónimas.

 
Isaac Newton

Conocedor de los estudios sobre el movimiento de Galileo y de las leyes de Kepler sobre las órbitas de los planetas, Newton estableció las leyes fundamentales de la dinámica (ley de inercia, proporcionalidad de fuerza y aceleración y principio de acción y reacción) y dedujo de ellas la ley de gravitación universal. Los hallazgos de Newton deslumbraron a la comunidad científica: la clarificación y formulación matemática de la relación entre fuerza y movimiento permitía explicar y predecir tanto la trayectoria de un flecha como la órbita de Marte, unificando la mecánica terrestre y la celeste. Con su magistral sistematización de las leyes del movimiento, Newton liquidó el aristotelismo, imperante durante casi dos mil años, y creó un nuevo paradigma (la física clásica) que se mantendría vigente hasta principios del siglo XX, cuando otro genio de su misma magnitud, Albert Einstein, formuló la teoría de la relatividad.

Una infancia difícil

Isaac Newton nació en las primeras horas del 25 de diciembre de 1642 (4 de enero de 1643, según el calendario gregoriano), en la pequeña aldea de Woolsthorpe, en el condado de Lincolnshire. Su padre, un pequeño terrateniente, acababa de fallecer a comienzos de octubre, tras haber contraído matrimonio en abril del mismo año con Hannah Ayscough, procedente de una familia en otro tiempo acomodada.

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Cuando el pequeño Isaac acababa de cumplir tres años, su madre contrajo de nuevo matrimonio con el reverendo Barnabas Smith, rector de North Witham, lo que tuvo como consecuencia un hecho que influiría decisivamente en el desarrollo del carácter de Newton: Hannah se trasladó a la casa de su nuevo marido y su hijo quedó en Woolsthorpe, al cuidado de su abuela materna.

Del odio que ello le hizo concebir a Newton contra su madre y el reverendo Smith da buena cuenta el hecho de que, en una lista de «pecados» de los que se autoinculpó a los diecinueve años, el número trece fuera el haber deseado incendiarles la casa con ellos dentro. Cuando Newton contaba doce años, su madre, otra vez viuda, regresó a Woolsthorpe, trayendo consigo la sustanciosa herencia que le había legado el segundo marido (y de la que Newton se beneficiaría a la muerte de ella en 1679), además de tres hermanastros para Isaac, dos niñas y un niño.

 
Isaac Newton (recreación de un retrato Godfrey Kneller, 1689)

Un año más tarde el joven Newton fue inscrito en la King's School de la cercana población de Grantham. Hay testimonios de que, en los años que allí pasó alojado en la casa del farmacéutico, se desarrolló su poco usual habilidad mecánica, que ejercitó en la construcción de diversos mecanismos (el más citado es un reloj de agua) y juguetes (las famosas cometas, a cuya cola ataba linternas que por las noches asustaban a sus convecinos).

También se produjo un importante cambio en su carácter: su inicial indiferencia por los estudios, surgida probablemente de la timidez y el retraimiento, se trocó en un feroz espíritu competitivo que le llevó a ser el primero de la clase, a raíz de una pelea con un compañero de la que salió vencedor. Newton fue un muchacho «sobrio, silencioso, meditativo», que prefirió construir utensilios para que las niñas jugaran con sus muñecas a compartir las diversiones de los demás muchachos, según el testimonio de una de sus compañeras femeninas infantiles, la cual, cuando ya era una anciana, se atribuyó una relación sentimental adolescente con Newton, la única que se le conoce con una mujer.

Cumplidos los dieciséis años, su madre lo hizo regresar a casa para que empezara a ocuparse de los asuntos de la heredad. Sin embargo, Newton no se mostró en absoluto interesado por asumir sus responsabilidades como terrateniente; su madre, aconsejada por el maestro de Newton y por su propio hermano, accedió a que regresara a la escuela para preparar su ingreso en la universidad.

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En Cambridge

Finalmente, en junio de 1661, Newton fue admitido en el Trinity College de Cambridge, y se matriculó como fámulo, ganando su manutención a cambio de servicios domésticos, pese a que su situación económica no parece que lo exigiera así. Allí empezó a recibir una educación convencional en los principios de la filosofía aristotélica (por aquel entonces, los centros que destacaban en materia de estudios científicos se hallaban en Oxford y Londres), pero en 1663 se despertó su interés por las cuestiones relativas a la investigación experimental de la naturaleza, que estudió por su cuenta.

Fruto de esos esfuerzos independientes fueron sus primeras notas acerca de lo que luego sería su cálculo de fluxiones, estimuladas quizá por algunas de las clases del matemático y teólogo Isaac Barrow; sin embargo, Newton hubo de ser examinado por Barrow en 1664 al aspirar a una beca, y no consiguió entonces inspirarle ninguna opinión especialmente favorable.

 
Busto de Newton

Al declararse en Londres la gran epidemia de peste de 1665, Cambridge cerró sus puertas y Newton regresó a Woolsthorpe. En marzo de 1666 se reincorporó al Trinity, que de nuevo interrumpió sus actividades en junio al reaparecer la peste, y no reemprendió definitivamente sus estudios hasta abril de 1667. En una carta publicada póstumamente, el propio Newton describió los años de 1665 y 1666 como su «época más fecunda de invención», durante la cual «pensaba en las matemáticas y en la filosofía mucho más que en ningún otro tiempo desde entonces».

El método de fluxiones, la teoría de los colores y las primeras ideas sobre la atracción gravitatoria, relacionadas con la permanencia de la Luna en su órbita en torno a la Tierra, fueron los logros que Newton mencionó como fechados en esos años, y él mismo se encargó de propagar, también hacia el final de su vida, la anécdota que relaciona sus primeros pensamientos sobre la ley de la gravedad con la observación casual de una manzana cayendo de alguno de los frutales de su jardín. Voltaire fue el encargado de divulgar en letra impresa la historia, que conocía por la sobrina de Newton.

Docencia e investigaciones matemáticas

A su regreso definitivo a Cambridge, Newton fue elegido miembro becario del Trinity College en octubre de 1667, y dos años más tarde sucedió a Barrow en su cátedra. Durante sus primeros años de docencia no parece que las actividades lectivas supusieran ninguna carga para él, ya que tanto la complejidad del tema como el sistema docente tutorial favorecían el absentismo a las clases.

 
Isaac Newton

Por esa época, Newton redactó sus primeras exposiciones sistemáticas del cálculo infinitesimal, que no se publicaron hasta más tarde. En 1664 o 1665 había hallado la famosa fórmula para el desarrollo de la potencia de un binomio con un exponente cualquiera, entero o fraccionario, aunque no dio noticia escrita del descubrimiento hasta 1676, en dos cartas dirigidas a Henry Oldenburg, secretario de la Royal Society; el teorema lo publicó por vez primera en 1685 John Wallis, el más importante de los matemáticos ingleses inmediatamente anteriores a Newton, reconociendo debidamente la prioridad de este último en el hallazgo.

El procedimiento seguido por Newton para establecer la fórmula binomial tuvo la virtud de hacerle ver el interés de las series infinitas para el cálculo infinitesimal, legitimando así la intervención de los procesos infinitos en los razonamientos matemáticos y poniendo fin al rechazo tradicional de los mismos impuesto por la matemática griega. La primera exposición sustancial de su método de análisis matemático por medio de series infinitas la escribió Newton en 1669; Barrow conoció e hizo conocer el texto, y Newton recibió presiones encaminadas a que permitiera su publicación, pese a lo cual (o quizá precisamente por ello) el escrito no llegó a imprimirse hasta 1711.
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Las controversias de la óptica

Tampoco en las aulas divulgó Newton sus resultados matemáticos, que parece haber considerado más como una herramienta para el estudio de la naturaleza que como un tema merecedor de atención en sí; el capítulo de la ciencia que eligió tratar en sus clases fue la óptica, a la que venía dedicando su atención desde que en 1666 tuviera la idea que hubo de llevarle a su descubrimiento de la naturaleza compuesta de la luz.

En febrero de 1672 presentó a la Royal Society su primera comunicación sobre el tema, pocos días después de que dicha sociedad lo hubiera elegido como uno de sus miembros en reconocimiento de su construcción de un telescopio reflector. La comunicación de Newton aportaba la indiscutible evidencia experimental de que la luz blanca era una mezcla de rayos de diferentes colores, caracterizado cada uno por su distinta refrangibilidad al atravesar un prisma óptico.

 
Réplica del telescopio de Newton

Newton consideró, con justicia, que su descubrimiento era «el más singular, cuando no el más importante, de los que se han hecho hasta ahora relativos al funcionamiento de la naturaleza». Pero sus consecuencias inmediatas fueron las de marcar el inicio de un periodo de cuatro años (1672-1676) durante los que, como él mismo le escribió a Leibniz en diciembre de 1675, «me vi tan acosado por las discusiones suscitadas a raíz de la publicación de mi teoría sobre la luz, que maldije mi imprudencia por apartarme de las considerables ventajas de mi silencio para correr tras una sombra».

El contraste entre la obstinación con que Newton defendió su primacía intelectual allí donde correspondía que le fuese reconocida (admitiendo sólo a regañadientes que otros pudieran habérsele anticipado), y su retraimiento innato que siempre le hizo ver con desconfianza la posibilidad de haberse de mezclar con el común de los mortales, es uno de los rasgos de su biografía que mejor parecen justificar la caracterización de su temperamento como neurótico; un diagnóstico que la constatación de sus traumas infantiles no ha hecho más que abonar, y que ha encontrado su confirmación en otras componentes de su personalidad como la hipocondría o la misoginia.

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El primero en oponerse a sus ideas en materia de óptica fue Robert Hooke, a quien la Royal Society encargó que informara acerca de la teoría presentada por Newton. Hooke defendía una concepción ondulatoria de la luz, frente a las ideas de Newton, precisadas en una nueva comunicación de 1675 que hacían de la luz un fenómeno resultante de la emisión de corpúsculos luminosos por parte de determinados cuerpos. La acritud de la polémica determinó que Newton renunciara a publicar un tratado que contuviera los resultados de sus investigaciones hasta después de la muerte de Hooke y, en efecto, su Óptica no se publicó hasta 1704. La obra máxima de Newton, Principios matemáticos de la filosofía natural, vería la luz mucho antes.

En 1676 Newton renunció a proseguir la polémica acerca de su teoría de los colores y, por unos años, se refugió de nuevo en la intimidad de sus trabajos sobre el cálculo diferencial y en su interés (no por privado menos intenso) por dos temas aparentemente alejados del mundo sobrio de sus investigaciones sobre la naturaleza: la alquimia y los estudios bíblicos. La afición de Newton por la alquimia (John Maynard Keynes lo llamó «el último de los magos») estaba en sintonía con su empeño por trascender el mecanicismo de observancia estrictamente cartesiana que todo lo reducía a materia y movimiento y llegar a establecer la presencia efectiva de lo espiritual en las operaciones de la naturaleza.

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Newton no concebía el cosmos como la creación de un Dios que se había limitado a legislarlo para luego ausentarse de él, sino como el ámbito donde la voluntad divina habitaba y se hacía presente, imbuyendo en los átomos que integraban el mundo un espíritu que era el mismo para todas las cosas y que hacía posible pensar en la existencia de un único principio general de orden cósmico. Esa búsqueda de la unidad en la naturaleza por parte de Newton fue paralela a su investigación de la verdad originaria a través de las Sagradas Escrituras, rastreo que hizo de él un convencido antitrinitario y que seguramente influyó en sus esfuerzos por conseguir la dispensa real de la obligación de recibir las órdenes sagradas para mantener su posición en el Trinity College.

Hacia los Principios matemáticos de la filosofía natural

En 1679 Newton se ausentó de Cambridge durante varios meses con motivo de la muerte de su madre; a su regreso; en el mes de noviembre, recibió una carta de Robert Hooke, por entonces secretario de la Royal Society, en la que intentaba persuadirle de que restableciera su contacto con la institución y le sugería la posibilidad de hacerlo comentando las teorías del propio Hooke acerca del movimiento de los planetas.

Como resultado, Newton reemprendió una correspondencia sobre el tema que, con el tiempo, habría de desembocar en las reclamaciones de prioridad de Hooke respecto a la formulación de la ley de la atracción gravitatoria. Por el momento, su efecto fue el de devolverle a Newton su interés por la dinámica y hacerle ver que la trayectoria seguida por un cuerpo que se moviera bajo el efecto de una fuerza inversamente proporcional al cuadrado de la distancia tendría forma elíptica (y no sería una espiral, como Newton creyó en principio, dando pie a ser corregido por Hooke).

 
Newton según el visionario pintor William Blake

Cuando cinco años más tarde Edmond Halley, quien por entonces había ya observado el cometa que luego llevó su nombre, visitó a Newton en Cambridge y le preguntó cuál sería la órbita de un planeta si la gravedad disminuyese con el cuadrado de la distancia, su respuesta fue inmediata: una elipse. Maravillado por la rapidez con que Newton consideraba resuelto un asunto en cuyo esclarecimiento andaban compitiendo desde hacía varios meses Robert Hooke y el propio Halley, el astrónomo inquirió cómo podía conocer Newton la forma de la curva y obtuvo una contestación tajante: «La he calculado». La distancia que iba entre el atisbo de una verdad y su demostración por el cálculo marcaba la diferencia fundamental entre Hooke y Newton, a la par que iluminaba sobre el sentido que este último daría a su insistente afirmación de «no fingir hipótesis».

Sin embargo, en aquel día del verano de 1684 Newton no pudo encontrar sus cálculos para mostrárselos a Halley, y éste tuvo que conformarse con la promesa de que le serían enviados una vez rehechos. La reconstrucción, empero, chocó con un obstáculo: demostrar que la fuerza de atracción entre dos esferas es igual a la que existiría si las masas de cada una de ellas estuviesen concentradas en los centros respectivos. Newton resolvió ese problema en febrero de 1685, tras comprobar la validez de su ley de la atracción gravitatoria mediante su aplicación al caso de la Luna; la idea, nacida veinte años antes, quedó confirmada entonces merced a la medición precisa del radio de la Tierra realizada por el astrónomo francés Jean Picard.

El camino quedaba abierto para reunir todos los resultados en un tratado sobre la ciencia del movimiento: Philosophiae naturalis principia mathematica (Principios matemáticos de la filosofía natural). La intervención de Halley en la publicación de la obra no se limitó a haber sabido convencer a su autor de consentir en ella, algo ya muy meritorio tratándose de Newton; Halley supo capear el temporal de la polémica con Hooke, se encargó de que el manuscrito fuese presentado en abril de 1686 ante la Royal Society y de que ésta asumiera su edición, y acabó corriendo personalmente con los gastos de la impresión, terminada en julio de 1687.

 
Tercera edición de los Principios matemáticos de la filosofía natural

Los Principios matemáticos de la filosofía natural contenían la primera exposición impresa del cálculo infinitesimal creado por Newton, aunque el autor prefirió que, en general, la obra presentara los fundamentos de la física y la astronomía formulados en el lenguaje sintético de la geometría. Newton no fue el primero en servirse de aquel tipo de cálculo; de hecho, la primera edición de su obra contenía el reconocimiento de que Leibniz estaba en posesión de un método análogo. Sin embargo, la disputa de prioridades en que se enzarzaron los partidarios de uno y otro determinó que Newton suprimiera la referencia a Leibniz en la tercera edición de 1726. El detonante de la polémica (orquestada por el propio Newton entre bastidores) lo constituyó la insinuación de que Leibniz podía haber cometido plagio, expresada en 1699 por Nicolas Fatio de Duillier, un matemático suizo admirador de Newton, con el que mantuvo una íntima amistad de 1689 a 1693.

Ese año Newton atravesó por una crisis paranoica de la que se ha tratado de dar diversas explicaciones, entre las que no ha faltado, desde luego, la consistente en atribuirla a la ruptura de su relación con el joven Fatio, relación que, por otra parte, no parece que llevara a Newton a traspasar las férreas barreras de su código moral puritano. Los contemporáneos de Newton popularizaron la improbable explicación de su trastorno como consecuencia de que algunos de sus manuscritos resultaran destruidos en un incendio; más recientemente se ha hablado de una lenta y progresiva intoxicación derivada de sus experimentos alquímicos con mercurio y plomo. Por fin, no pueden olvidarse como causa plausible de la depresión las dificultades que Newton encontró para conseguir un reconocimiento público más allá del estricto ámbito de la ciencia, reconocimiento que su soberbia exigía y cuya ausencia no podía interpretar sino como resultado de una conspiración de la historia.

Últimos años

Pese a la dificultad de su lectura, los Principios matemáticos de la filosofía natural le habían hecho famoso en la comunidad científica. En 1687, Newton había formado parte de la comisión que la Universidad de Cambridge envió a Londres para oponerse a las medidas de catolización del rey Jacobo II. Aunque quizá su intervención se debió más a su condición de laico que a su fama, ello le valió ser elegido por la universidad como representante suyo en el parlamento formado como consecuencia del desembarco de Guillermo de Orange y el exilio de Jacobo II a finales de 1688.

 
Isaac Newton (detalle de un retrato de James Thornhill, c. 1710)

Su actividad parlamentaria, que duró hasta febrero de 1690, se desarrolló en estrecha colaboración con Charles Montagu, más tarde lord Halifax, a quien había conocido pocos años antes como alumno en Cambridge y que fue el encargado de dar cumplimiento a los deseos de Newton de cambiar su retiro académico en Cambridge por la vida pública en Londres. Montagu fue nombrado canciller de la hacienda real en abril de 1694; cuando su ley de reacuñación fue aprobada en 1695, le otorgó a Newton el cargo de inspector de la Casa de la Moneda, siendo ascendido al de director en 1699. Lord Halifax acabó por convertirse en el amante de la sobrina de Newton, aunque los cargos obtenidos por éste, pese a las acusaciones lanzadas por Voltaire, no tuvieron que ver con el asunto.

A fines de 1701, Newton fue elegido de nuevo miembro del parlamento como representante de su universidad, pero poco después renunció definitivamente a su cátedra y a su condición de fellow del Trinity College, confirmando así un alejamiento de la actividad científica que se remontaba, de hecho, a su llegada a Londres. En 1703, tras la muerte de Hooke y cuando el final de la reacuñación había convertido la dirección de la Casa de la Moneda en una tranquila sinecura, Newton fue elegido presidente de la Royal Society, cargo que conservó hasta su muerte. En 1705 se le otorgó el título de sir.

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Pese a su hipocondría, alimentada desde la infancia por su condición de niño prematuro, Newton gozó de buena salud hasta los últimos años de su vida; a principios de 1722 una afección renal lo tuvo seriamente enfermo durante varios meses, y en 1724 se produjo un nuevo cólico nefrítico. En los primeros días de marzo de 1727, el alojamiento de otro cálculo en la vejiga marcó el comienzo de su agonía: Newton murió en la madrugada del 20 de marzo, tras haberse negado a recibir los auxilios finales de la Iglesia, consecuente con su aborrecimiento del dogma de la Trinidad.