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viernes, 28 de abril de 2017

Peter Jackson

Hoy toca tratar sobre Peter Jackson el director de cine un exponente de nuevas tecnologías.

(Pukerua Bay, North Island, 1961) Director de cine neozelandés, particularmente conocido como autor de la triunfal trilogía cinematográfica El Señor de los anillos. Colosal poema dotado de extraña belleza e impecable factura, La comunidad del anillo (The Fellowship of the Ring, 2001), Las dos torres (The Two Towers, 2002) y El retorno del rey (The Return of the King, 2003) son tres extraordinarias superproducciones que recibieron el aplauso unánime de la crítica y el público y se convirtieron en fabulosos éxitos mundiales de taquilla. La tercer entrega de esta ambiciosa adaptación de la obra de J. R. R. TolkienEl retorno del rey, se alzó con la friolera de once premios Oscar.

Peter Jackson
Hijo único de Joan y Bill Jackson, sus padres decidieron su futuro al regalarle una cámara súper 8 la Navidad de 1969. Poco después vio fascinado en televisión el King Kong de 1933 y el abstruso filme de animación El Señor de los anillos (Ralph Bakshi, 1978), que le impulsó a leer la trilogía de Tolkien.
Desde entonces soñó con que algún día llevaría estas historias a la pantalla con todos los honores, y en 1983 dio el primer paso hacia su concreción. Mientras trabajaba en el periódico The Evening Post de la capital neozelandesa, adquirió una cámara de 16 mm y con ella y la ayuda de sus amigos empezó a trabajar los fines de semana en un cortometraje que, al final, se convirtió en un largo. Así nació, tras cuatro años de rodaje, Mal gusto (Bad Taste, 1987), que recorrió festivales y se convirtió en título de culto. Ese mismo año se casó con Fran Walsh, su más estrecha colaboradora, y el tándem funcionó de maravilla en títulos como El delirante mundo de los Feebles (Meet The Feebles, 1989) o la decididamente gore Tu madre se ha comido a mi perro (Braindead, 1992).
El realizador neozelandés se iba haciendo un nombre en el cine fantástico y de terror, y sorprendió a medio mundo con Criaturas celestiales (Heavenly Creatures, 1994), un thriller basado en hechos reales (en el que se retrataba con sorprendente sensibilidad el caso de dos adolescentes matricidas de su país) por el que recibió el León de Oro del Festival de Venecia de 1995. Una de sus protagonistas fue la entonces desconocida Kate Winslet, que se haría archifamosa después con Titanic, de James Cameron. En 1995 se trasladó a Hollywood. Tras el falso documental Forgotten Silver, la pobre repercusión que obtuvo la película Agárrame esos fantasmas (The Frighteners, 1996) condujo al director a la realización de una de sus dos grandes obsesiones.
Devoto de la obra de Tolkien, Jackson fue poco a poco perfilando una versión cinematográfica de El señor de los anillos, la gran obra del escritor de origen sudafricano. Ya se habían realizado algunas (la más destacada fue la rodada por Ralph Bakshi en 1978, en la que se mezclaban actores con dibujos animados), pero ninguna de ellas había destacado por su calidad ni por su eficiente adaptación de la obra. Consciente de la dificultad de llevar a la gran pantalla el universo de Tolkien, Jackson esperó a que las nuevas tecnologías estuvieran lo suficientemente avanzadas para forjar en imágenes su particular visión del libro.
Jackson reunió un equipo de trabajo espectacular y multitudinario que comenzó a trabajar en Nueva Zelanda, donde los espectaculares paisajes de unas tierras prácticamente vírgenes sirvieron de digno escenario para crear la "tierra media" que imaginó Tolkien. Consiguió la financiación necesaria para llevar a cabo el proyecto y contrató a los mejores expertos en infografía que pudo para comenzar a trabajar con los actores. Muchos de ellos eran prácticamente desconocidos y se convertirían luego en rutilantes estrellas: Cate Blanchett, Orlando Bloom, Elijah Wood, Liv Tayler o Viggo Mortensen. Otros eran veteranos ilustres que aportaban su prestigio: Christopher Lee, Ian McKellen o John Rhys-Davies.

Fotogramas de Las dos torres (2002)
El retorno del rey (2003)
Con la infografía creó enormes ejércitos, tomas de batallas, ciudades inimaginables, criaturas imposibles y todo un universo de detalles que complementan los exteriores naturales y que dotan a las tres cintas de una fuerza impactante. De entre las recreaciones por ordenador destaca Góllum, un personaje central de la novela que fue diseñado artificialmente a través del movimiento de un actor de carne y hueso, Andy Serkis, al que el realizador hizo aparecer en pantalla al comienzo de la tercera parte como reconocimiento a su esfuerzo.
Jackson llevó a las salas una epopeya espectacular como pocas se habían visto en la gran pantalla. Los sucesivos estrenos (La comunidad del anillo en 2001, Las dos torres en 2002 y El retorno del rey en 2003) fueron vistos por millones de espectadores que abarrotaban los cines y esperaban ansiosamente la siguiente entrega. Los más críticos con el director (entre los que se encontraban, por supuesto, los seguidores más puristas de la obra de Tolkien) hubieron de reconocer que, les gustara o no, la saga del anillo se había convertido en un fenómeno de masas gracias a las adaptaciones de Jackson.
La venta de entradas, la mercadotecnia creada a su alrededor y el éxito de taquilla de las tres películas se vieron refrendados en la 76ª edición de los premios Oscar, donde Jackson logró un pleno histórico al recoger las once estatuillas a las que optaba por la tercera entrega de la saga, El retorno del rey, entre ellas la de mejor película, mejor director, mejor guión adaptado y mejor dirección artística. Con este aluvión de premios, el trabajo de Jackson se situó a la altura de Ben-Hur Titanic, las cintas más galardonadas de la historia.
La industria tuvo que arrodillarse ante los 2.500 millones de euros que recaudó la trilogía, y vio impertérrita como las películas competían, de manera inconcebible, con otras igualmente esperadas por el gran público: las tres entregas de la saga de La Guerra de las Galaxias. George Lucas se vio obligado a alterar la fecha de estreno de algunas de ellas para no coincidir con las de Jackson.
Tras la saga del anillo, Jackson afrontó el otro proyecto que incubaba desde hacía tiempo: revisar el mito de King Kong rodando una nueva versión del filme de 1933 (dirigido por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack). Contó para ello, de nuevo, con el poder de las nuevas tecnologías, con las que creó (también a partir de los movimientos del actor Andy Serkis) un gorila de ocho metros de un realismo pasmoso. La cinta fue protagonizada por Naomi Watts y Adrien Brody, y obtuvo un gran éxito de taquilla. Como curiosidad debe mencionarse que el rostro del simio está directamente copiado de Copito de Nieve, el famoso gorila albino que vivió en el zoo de Barcelona hasta noviembre de 2003. La cinta mereció tres Oscar técnicos en la 78ª edición de los premios: mejor sonido, mejor edición de sonido y mejores efectos especiales.

jueves, 9 de febrero de 2017

Correo electrónico

El correo electrónico y su historia, de eso irá este artículo sobre nuevas tecnologías.

Desde antes incluso de los imperios de la Antigüedad, el ser humano ha tratado de agilizar el envío de informaciones con los más diversos procedimientos e iniciativas. En el siglo XIX, la invención del práctico sello de correos supuso un paso importante, pero la carrera por mejorar los sistemas postales no tocó techo hasta el advenimiento del correo electrónico, el avance que echó abajo el hándicap para la interacción entre personas que había representado hasta entonces la distancia física.
El envío del primer correo electrónico, realizado en 1969 entre el profesor de computación de la Universidad de California Leonard Kleinrock y un colega de la de Stanford, abrió las puertas a un nuevo escenario en el cual nuestros contactos, dondequiera que se encuentren, están a un clic de distancia. Como añadido a esta nueva y velocísima manera de contactar con otras personas, existe la posibilidad de adjuntar a nuestros mensajes de texto toda clase de ficheros, lo que permite enviar instantáneamente al otro extremo del mundo, a modo de los antiguos paquetes, cualquier objeto digitalizado: desde libros, planos o fotografías hasta archivos de audio, vídeo o programas informáticos.

Historia del correo electrónico

Si bien el citado envío de 1969 se considera el primer anticipo de lo que iba a suceder, no fue hasta dos años después, en 1971, cuando el correo electrónico comenzó a tomar la forma con la que lo conocemos en la actualidad. A Ray Tomlinson, un ingeniero de la empresa estadounidense BBN (Bolt, Beranek and Newman), se debe la característica arroba (@) que, en las direcciones de correo, une el nombre del usuario con el del dominio en el que se encuentra su buzón (usuario@dominio.com).
En esta primera etapa los mensajes electrónicos eran de pago, y el importe por envío ascendía a cuatro dólares. Por aquel entonces predominaba el sistema operativo Unix, y el usurario debía aprender farragosos comandos para poder enviar, leer o borrar mensajes. El acceso a esta tecnología por parte de un público no especializado se iniciaría algo más tarde, concretamente en 1983, año en que el Colby College (en el estado de Maine) ofreció a todos sus alumnos una cuenta de correo propia.

Clientes de fácil manejo como Outlook Express favorecieron el boom del correo electrónico
Coincidiendo con el momento en que las interfaces gráficas y el ratón simplificaron enormemente el manejo de los ordenadores personales, la gran eclosión de Internet a mediados de la década de 1990 fue el acontecimiento que acabó aproximando el servicio de correo a toda la población del planeta. Microsoft, que venía prácticamente ostentando el monopolio de los sistemas operativos (MS-DOS y Windows 3.1), incluyó en el renovado Windows 95 (1995) un cliente de correo de simplísimo manejo, Outlook Express, una versión gratuita del programa homónimo que formaba parte del paquete ofimático Microsoft Office.

Clientes de correo y correo web

La facilidad de uso (aunque no siempre de configuración inicial) de Outlook Express y de otros programas de correo como Netscape Messenger convirtieron en pocos años el correo electrónico en una herramienta de uso masivo. En fecha tan temprana como el año 2000, el número de cuentas de correo había alcanzado los quinientos millones. En nuestros días es extremadamente difícil calcular el número de usuarios reales; muchos poseen más de una cuenta y millones de las ya creadas deben considerarse abandonadas o inactivas.
Curiosamente, aquellos grandes impulsores de la comunicación electrónica que fueron los amigables clientes de correo tenían los días contados. Su principal inconveniente no era la instalación (Outlook Express, como ya se ha indicado, venía con Windows), sino la necesaria configuración de una serie de parámetros (los servidores SMTP y POP3, entre otros) no siempre exenta de problemas, y, lo que es más importante: sólo era posible consultar el correo en aquel programa y ordenador en que se habían configurado tales parámetros.

Microsoft encabezó el desarrollo del correo web con Hotmail (1996)
Tales inconvenientes explican la rápida aceptación del correo web. En lugar de instalar y batallar con la configuración de un cliente de correo, pronto muchos portales de Internet ofrecieron la posibilidad de crear gratuitamente una cuenta de correo y acceder a ella a través de un navegador simplemente con un nombre de usuario y contraseña, sin necesidad de configurar nada y con la impagable ventaja de poder consultar el correo desde cualquier ordenador del mundo.
En los inicios, el más popular de los servicios de correo web fue Hotmail (1996) de Microsoft, seguido poco después de Yahoo! Mail (1997) de Yahoo. Junto con el posterior Gmail (2004) de Google, estos tres gigantes acaparan actualmente la mayor parte de los usuarios. Igualadas en pocos años las prestaciones de los clientes de correo (los primeros servicios de correo web carecían, por ejemplo, de libreta de direcciones), su implantación se aceleró al extenderse las tarifas planas de conexión a Internet. Aunque aparentemente el correo web corre sobre el protocolo HTTP, debe advertirse que para el envío y recepción de mensajes se siguen manejando los protocolos SMTP y POP3 o IMAP4 en forma invisible para el usuario.

Servidores de correo

Originalmente, el sistema para el envío y recepción de correo electrónico se proyectó bajo el supuesto de que los terminales informáticos encargados de esta tarea serían grandes computadoras conectadas ininterrumpidamente a Internet y, para tal efecto, en el año 1980 nació el protocolo SMTP (Simple Mail Transfer Protocol). A través de este protocolo, el remitente enviaba el mensaje a un servidor de correo saliente (SMTP server), cuya misión era hacer llegar el mensaje al ordenador del receptor.
Pero la aparición de los equipos domésticos, los cuales accedían a Internet de forma ocasional, forzó el replanteamiento de esta tecnología, creándose en el año 1984 el protocolo POP (Post Office Protocol). Este protocolo permitía a los usuarios acceder a un «buzón», es decir, a una carpeta o espacio del disco duro de un servidor en la que se almacenaban los mensajes recibidos; de este modo fue posible enviar los mensajes no directamente al ordenador del receptor, que podría no estar conectado en ese momento, sino a su buzón en un servidor de correo entrante (POP server) permanentemente conectado a Internet. Dos años después, en 1986, apareció la primera versión del protocolo IMAP (Internet Message Access Protocol), superior en algunas de sus prestaciones al POP. Actualmente se emplean las versiones tercera y cuarta de estos protocolos (POP3 e IMAP4).
Así pues, de la colaboración entre SMTP y POP o IMAP surgió el correo electrónico actual: nos conectamos a Internet y, a través de un navegador, accedemos a nuestra cuenta en Gmail, Yahoo! Mail o el servicio que utilicemos mediante un nombre de usuario y contraseña. Nada más entrar, la página inicial nos muestra los últimos mensajes llegados a nuestro buzón, que podemos leer y responder. En oposición al correo web, los antiguos clientes de correo descargaban los mensajes nuevos en el ordenador del usuario, de modo que sólo era necesario estar conectado a Internet en el momento de la recepción y el envío; ello suponía un considerable ahorro en la época del módem, cuando, en lugar de las actuales tarifas planas, se pagaba por tiempo de conexión.

Funcionamiento del correo electrónico

El correo electrónico difiere de otros servicios de Internet en un característica fundamental: los ordenadores del emisor y el receptor del mensaje no necesitan estar conectados en el momento del envío. Para navegar por la World Wide Web, por ejemplo, es preciso una constante comunicación entre nuestro ordenador y los servidores web, que se realiza a través de una serie de servidores intermedios; ambos ordenadores y todos los dispositivos de red que los unen deben estar activos al mismo tiempo.
Tal requisito no existe en el correo electrónico, lo cual es, obviamente, una gran ventaja. Cuando se envía un mensaje, el servidor en que se aloja el buzón del receptor, o la red de la que forma parte, o cualquier dispositivo intermedio podrían estar saturados o padecer cualquier tipo de disfunción momentánea. A pesar de ello, y gracias al funcionamiento del servicio, el mensaje acabará indefectiblemente llegando a su destino. De ahí que, junto a su rapidez y economía, suela destacarse entre las virtudes del correo electrónico su fiabilidad; si por alguna razón un mensaje no puede tramitarse, se devuelve al remitente con un aviso acerca de la causa del error.
De forma simplificada, el proceso de envío y recepción puede resumirse como sigue: al apretar el botón «Enviar», nuestro ordenador transmite el mensaje al servidor de correo saliente (SMTP server) del servicio que tenemos contratado (por ejemplo, al servidor smtp.gmail.com si usamos Gmail). El servidor examina la dirección del destinatario; tal dirección se compone de un nombre de usuario y un nombre de domino unidos por el símbolo arroba (@), por ejemplo, antoniolopez@yahoo.com. El nombre de dominio corresponde a la dirección IP del servidor al que debe dirigirse el mensaje, y el nombre de usuario al «buzón» o porción del disco duro de dicho servidor que contiene los mensajes dirigidos al mismo.

Funcionamiento del correo electrónico
Examinada la dirección, el servidor SMTP decide cuál es la mejor ruta para que el mensaje llegue al servidor de destino, y lo transfiere a un servidor de correo que se halla en el camino. Si no puede enviarlo por alguna razón, lo guarda para reenviarlo posteriormente. Este proceso se repite hasta llegar al servidor en que se halla el buzón del destinatario. Siempre que en el camino hay algún ordenador o dispositivo fuera de servicio, el servidor correspondiente guarda provisionalmente el mensaje y reintenta más tarde el envío. El destino final del mensaje, como se ha dicho, es un servidor en el que residen un conjunto de cuentas de correo o buzones (POP o IMAP server), entre los que se encuentra el buzón del destinatario del mensaje.
El envío y la recepción de correo electrónico son dos procesos independientes que se ejecutan a través de servidores distintos. Conforme a lo anterior, los mensajes se envían a través de un servidor SMTP. Pero para leer el correo recibido, lo que hacemos (de forma inadvertida a través del navegador) es conectarnos al servidor POP3 o IMAP4 (por ejemplo, a pop3.gmail.com en el caso de Gmail) en el que se encuentra nuestro buzón. En el espacio asignado a nuestra cuenta en ese servidor (siempre conectado a Internet) se almacenan los mensajes recibidos que podremos leer al acceder al correo.

Estructura de los mensajes

Los correos electrónicos constan de una cabecera con una serie de campos estandarizados y un cuerpo o contenido. De los campos de la cabecera, el único imprescindible es la dirección del destinatario (campo To en inglés), que se inserta automáticamente al responder a un mensaje y puede escribirse o introducirse desde la agenda de contactos al crear un correo nuevo. Casi todas las aplicaciones avisan de su olvido y sugieren direcciones de la agenda al empezar a escribir la dirección, pero no pueden corregir errores al introducir una dirección nunca usada; en tal caso habrá que ser especialmente cuidadoso, pues el más mínimo error puede frustrar el envío.
En el asunto o tema (Subject) se describe brevemente el objeto de la comunicación; resulta conveniente en las cartas formales y es por lo demás una cortesía hacia el receptor, pues, al mostrarse el asunto en la lista de mensajes recibidos, facilita priorizar o postergar su lectura y respuesta, así como su archivo y clasificación. Los antiguos clientes de correo permitían descargar solamente las cabeceras (y con ellas el asunto) para una más rápida recepción en los tiempos en que la velocidad de las transmisiones era muy limitada; actualmente esta opción perdura en las aplicaciones de correo para móviles, permitiendo también visualizar al menos el asunto del mensaje en contextos de deficiente conectividad.

Campos de la cabecera en Yahoo! Mail
Los campos Cc (Carbon copies, copias de carbón, como las que se hacían con las máquinas de escribir) y Bcc (Blind carbon copies, copias de carbón ocultas) sirven para enviar copias del mensaje a otros destinatarios distintos al especificado en el campo To. Si introducimos una serie de direcciones de correo en el campo Cc, todos los destinatarios recibirán el mensaje y podrán ver a qué otros destinatarios ha sido enviado; para evitar esto último se recurre el campo Bcc: ninguno de los destinatarios sabrá a qué otras personas ha sido enviado.
La cabecera contiene asimismo otras informaciones que el gestor de correo introduce automáticamente, como la dirección del remitente o la fecha y hora del envío. Respecto al cuerpo del mensaje, puede optarse entre enviar texto plano (sin formato) o textos con formato enriquecido (normalmente en HTML), útil no sólo para una mejor organización y presentación del contenido, sino también para incluir en el texto elementos como enlaces, logotipos o cualquier otra clase de imágenes.

Adjuntos y virus

Más allá de la inmediatez y la abolición de distancias inherentes a los servicios de correo electrónico, sin duda una de las razones del fulminante éxito de esta herramienta es la posibilidad de enviar como adjuntos documentos ya escritos, y, en general, cualquier tipo de archivos: presentaciones, hojas de cálculo, informes, libros, fotografías, animaciones, videos o música. Todas las aplicaciones de correo (sean clientes de correo o correo web) contienen en su interfaz un icono en forma de clip o una opción descrita como «Adjuntar archivo» o «Añadir adjunto»; tras hacer clic, una ventana nos invita a seleccionar el archivo que queremos enviar como adjunto al mensaje. Cuando el receptor examine su correo, observará que el mensaje contiene un fichero adjunto; una vez descargado en su disco duro (o incluso aparentemente sin necesidad de ello), podrá visualizar su contenido.
Por potentes o prestigiosos que sean, y a pesar de que los límites se incrementan periódicamente, los servicios de correo web imponen restricciones al tamaño de los adjuntos, de modo que sigue siendo imposible enviar, por ejemplo, una película, sin contar que las actuales velocidades de subida harían lentísimo el proceso. Reducir en lo posible el tamaño de los archivos antes de enviarlos no sólo es recomendable para evitar denegaciones del servidor (el límite se sitúa alrededor de los 25 megabytes), sino que también es una deferencia hacia el destinatario, cuya conexión puede ser de capacidad inferior, alargando el proceso de descarga.

Los virus y el correo basura centraron las quejas de los usuarios
Durante muchos años el envío de adjuntos fue una constante fuente de problemas, pues fue aprovechada por toda clase de desaprensivos para difundir los temidos virus informáticos. Un virus no es más que un pequeño programa que, al ejecutarse por primera vez, queda instalado en el ordenador y es capaz de llevar a cabo por sí solo acciones más o menos perniciosas, entre ellas la de «replicarse» con el método de autoenviarse por correo electrónico a todos los contactos de la agenda. Virus como el Melissa (1999) o el I love you (2000), para citar sólo los más famosos, se propagaron con este método por todo el mundo a una velocidad vertiginosa. El último de ellos alcanzó a unos cincuenta millones de ordenadores, estimándose en más de seis mil millones de dólares los prejuicios económicos ocasionados.
Con el progresivo abandono de los clientes de correo y las estrictas medidas y fuertes inversiones de los principales proveedores de los servicios de correo web (Microsoft, Yahoo!, Google), la difusión de los virus a través del correo electrónico parece haberse frenado hasta quedar reducida a un nivel testimonial, y es difícil imaginar que puedan llegar a repetirse episodios de alcance similar. Actualmente, potentes programas antivirus instalados en los servidores analizan todos los archivos adjuntos recibidos y avisan de los riesgos potenciales o, directamente, borran los adjuntos infectados, de modo que, en muchos casos, los usuarios inconscientes ni siquiera tienen la oportunidad de descargar y abrir un archivo infectado.

El spam

Algo parecido sucedió con el spam o correo basura. Del mismo modo que hallamos atiborrados de folletos los buzones de nuestra viviendas, pronto empezaron a proliferar los envíos publicitarios masivos amparados en el anonimato del medio y en un coste prácticamente cero. En los casos más extremos, estas comunicaciones comerciales no deseadas podían llegar a acumularse hasta sobrepasar la capacidad del buzón, por lo que el servidor, saturado, rechazaba los mensajes legítimos que llegaban; en los más leves eran igualmente una constante molestia que, según muchos estudios, provocaban considerables pérdidas de tiempo y de productividad entre los empleados.
En muchos países llegaron a promulgarse severas leyes contra el spam, las cuales revelaron pronto la misma ineficacia de todos los intentos de regular fenómenos globales desde el absoluto desconocimiento de sus fundamentos técnicos. Fueron de nuevo los grandes proveedores de los servicios de correo web (los citados Microsoft, Yahoo! y Google, entre otros) los que acudieron al rescate diseñando e implementando sofisticados algoritmos capaces de detectar este tipo de correos y desviarlos a una carpeta llamada precisamente «Spam». El sistema no es perfecto (algunos mensajes publicitarios llegan todavía a la bandeja de entrada, mientras que otros son erróneamente desviados como correo basura), pero por lo general, desde hace unos años, la mayor parte de los usuarios respiran aliviados.

Bill Gates

Hoy traigo un artículo sobre un impulsor de nuevas tecnologías.

Bill Gates

(William Henry Gates III; Seattle, Washington, 1955) Informático y empresario estadounidense, fundador de Microsoft. La fortuna de este precoz programador, que no llegó a terminar sus estudios y que a los 31 años era ya multimillonario, procede del éxito arrollador de su sistema operativo, el MS-DOS (1981), que evolucionaría hasta convertirse en el popular Windows 3.1 (1992) y daría lugar a las sucesivas versiones de este sistema operativo, omnipresente hasta nuestros días en la inmensa mayoría de los ordenadores portátiles y de sobremesa.

Bill Gates
Es difícil juzgar hasta qué punto fue suerte o genial intuición advertir que, en la eclosión de la informática de consumo, había un mercado tan valioso en la fabricación de ordenadores (hardware) como en la creación del sistema operativo y de los programas que habían de emplearse en ellos (software). Lo cierto es que, mientras los fabricantes competían duramente por el hardware, una serie de circunstancias llevaron a que su sistema operativo se extendiese hasta quedar sin apenas competencia. De hecho, a menudo se ha acusado a Microsoft de prácticas monopolísticas, y a su fundador de falta de verdadera creatividad. Pero, aun admitiéndolo, deberá reconocerse que su contribución efectiva a la popularización de la informática (y a la vertiginosa escalada tecnológica que ha conllevado) fue inmensa.
Biografía
Bill Gates nació en una familia acomodada que le proporcionó una educación en centros de élite como la Escuela de Lakeside (1967-73) y la Universidad de Harvard (1973-77). Siempre en colaboración con su amigo Paul Allen, se introdujo en el mundo de la informática formando un pequeño equipo dedicado a la realización de programas que vendían a empresas o administraciones públicas. En 1975 se trasladaron a Alburquerque (Nuevo México) para trabajar suministrando a la compañía MITS una serie de programas susceptibles de ser utilizados con el primer microordenador, el Altair, para el cual habían desarrollado una versión del lenguaje de programación BASIC.
Ese mismo año fundaron en Alburquerque su propia empresa de producción de software informático, Microsoft Corporation, con Bill Gates como presidente y director general. Su negocio consistía en elaborar programas adaptados a las necesidades de los nuevos microordenadores y ofrecérselos a las empresas fabricantes más baratos que si los hubieran desarrollado ellas mismas. Cuando, en 1979, Microsoft comenzó a crecer (contaba entonces con dieciséis empleados), Bill Gates decidió trasladar su sede a Seattle.
El negocio del software
A principios de la década de 1970, la invención del microprocesador permitió abaratar y reducir el tamaño de las gigantescas computadoras existentes hasta entonces. Era un paso decisivo hacia un sueño largamente acariciado por muchas empresas punteras en el sector tecnológico: construir ordenadores de tamaño y precio razonable que permitiesen llevar la informática a todas las empresas y hogares. El primero en llegar podría iniciar un negocio sumamente lucrativo y de enorme potencial. Era impensable que una empresa como Microsoft, dedicada solamente al software (sistemas operativos y programas) pudiese jugar algún papel en esta carrera entre fabricantes de hardware, es decir, de máquinas.

Paul Allen y Bill Gates
Y así fue al principio: una competición entre fabricantes de ordenadores no demasiado honesta, pues hubo más de un plagio. A mediados de los años setenta, en un garaje atestado de latas de aceite y enseres domésticos, Steve Jobs y Stephen Wozniak diseñaron y construyeron una placa de circuitos de computadora, toda una muestra de innovación y de imaginación. Al principio tenían la intención de vender sólo la placa, pero pronto se convencieron de la conveniencia de montar una empresa, Apple, y vender ordenadores. En 1977 empezaron a comercializar la segunda versión de su computadora personal, el Apple II, que se vendía con un sistema operativo también creado por Apple: un hito histórico que marca el nacimiento de la informática personal.
Bastante ingenuamente, Apple cometió el error de dar a conocer a otras empresas las especificaciones exactas del Apple II. Para desarrollar su primer ordenador personal, la empresa IBM copió y adaptó la arquitectura abierta del ordenador de Apple y escogió el microprocesador Intel 8088, que manejaba ya caracteres de 16 bits. De este modo, en 1981, IBM pudo lanzar su primer PC (Personal Computer, ordenador personal). Pero el sistema operativo de su PC, imprescindible para su funcionamiento, no había sido creado por IBM, sino por Microsoft. Un año antes, en 1980, Bill Gates había llegado a un acuerdo con IBM para suministrarle un sistema operativo adaptado a sus ordenadores personales, el MS-DOS, que desde 1981 iría instalado en todos los ordenadores de la marca.
IBM obtuvo un gran éxito comercial con su PC. Con un precio que, con el paso de los años, sería cada vez más asequible, cualquier consumidor podía comprar una computadora de tamaño reducido, cuyas aplicaciones no hacían sino aumentar, y que abarcaban tanto el ocio como múltiples actividades laborales. Pero IBM también cometió errores en el uso de la patente. Muchas empresas, conscientes del gran boom que se avecinaba, se lanzaron a la fabricación y comercialización de PC compatibles, llamados en la jerga informática clónicos, más económicos que los de IBM.
El mercado se inundó de ordenadores personales compatibles con el de IBM que funcionaban con el sistema operativo de Microsoft, que podía venir instalado o adquirirse por separado, porque, aunque IBM lo había encargado, el MS-DOS no era de sus propiedad: había cedido los derechos de venta a Microsoft. Por otro lado, aparte de las empresas y administraciones, no siempre los usuarios adquirían la licencia del MS-DOS. Era sencillísimo conseguir una copia e instalarlo sin pagar, hecho que favoreció aún más su difusión.
Del MS-DOS a Windows
Aún existían otra opciones, pero se quedaron en minoritarias: gracias a su bajo coste, la combinación PC más MS-DOS acabó copando el mercado y convirtiéndose en el estándar. Mientras los fabricantes de ordenadores intentaban reducir costes, entregados a una guerra de precios de la que nadie pudo sacar una posición dominante, una empresa de software, la de Bill Gates, se hizo con prácticamente todo el mercado de sistemas operativos y buena parte del de programas.
A partir de ese momento, la expansión de Microsoft fue espectacular. Y no sólo porque los PC necesitaban un sistema operativo para funcionar, sino también porque los programas y aplicaciones concretas (un procesador de textos, un hoja de cálculo, un juego) se desarrollan sobre la base de un sistema operativo en concreto, y ese sistema era el MS-DOS. Las distintas empresas de software (y entre ellas la misma Microsoft) podían desarrollar, por ejemplo, distintos procesadores de textos, compitiendo entre ellas para agradar al usuario. Pero como la inmensa mayoría de usuarios tenía MS-DOS, desarrollaban programas para funcionar con MS-DOS, y acababan por hacer un favor a Microsoft, que podía presumir de que sobre su sistema operativo podían funcionar todos los programas imaginables: los suyos y casi todos los de la competencia. Esa retroalimentación viciosa era el fabuloso activo de Microsoft, y Bill Gates supo conservarlo.

Bill Gates
El MS-DOS, sin embargo, era un entorno poco amigable, cuyo manejo requería el conocimiento de comandos que se introducían a través del teclado. Con el lanzamiento en 1984 del ordenador personal Macintosh, Apple pareció tomar de nuevo la delantera. Su sistema de ventanas supuso un salto cualitativo; su interfaz simulaba la distribución de una mesa de trabajo por medio de iconos. Un pequeño aparato, el ratón, cuyo movimiento se reflejaba en la pantalla con un icono parpadeante, permitía recorrerla en busca del documento o programa buscado. En lugar de tener que recordar los comandos de cada una de las operaciones y teclearlos en cada momento, bastaba acudir a los listados de acciones posibles y hacer clic con el ratón sobre la opción elegida.
Por el momento, aquellas innovaciones no parecían hacer sombra a Bill Gates. En 1983 Paul Allen dejó Microsoft, aquejado de una grave enfermedad. Y cuando, en 1986, Microsoft salió a la Bolsa, las acciones se cotizaron tan alto que Bill Gates se convirtió en el multimillonario más joven de la historia. Volcado en un proceso de innovación tecnológica acelerada, y en su caso imitando más el Macintosh de Apple que innovando, Gates lanzó una interfaz gráfica para MS-DOS llamada Windows: Windows 3.0 en 1990 y Windows 3.1 en 1992.
No era, en realidad, un nuevo sistema operativo, sino, como se ha dicho, una interfaz gráfica con ratón, iconos y ventanas bajo la que seguía corriendo el viejo MS-DOS, pero fue muy bien recibido por los usuarios, que disponían finalmente de un sistema tan intuitivo como el de Macintosh pero mucho más económico al funcionar sobre un PC, gracias a lo cual se impuso fácilmente en el mercado. El enorme éxito llevó a la verdadera renovación que fue Windows 95 (en cuya campaña de promoción a escala mundial asumió el propio Gates el papel de profeta de la sociedad cibernética como personificación de Microsoft), al que seguirían Windows 98 y las sucesivas versiones de este sistema operativo, de entre las que sobresale Windows XP (2001), el primero cien por cien de nuevo cuño, que dejaba completamente de lado el antiguo MS-DOS.

Bill Gates en la presentación de Windows XP
Entretanto, el negocio no había cesado de crecer (de los 1.200 empleados que tenía en 1986 hasta más de 20.000 en 1996), y, con la generalización de Windows, Bill Gates pasó a ejercer un virtual monopolio del mercado del software mundial, reforzado por su victoria en el pleito de 1993 contra Apple, que había demandado a Microsoft por considerar que Windows era un plagio de la interfaz gráfica de su Macintosh. Desde 1993 embarcó a la compañía en la promoción de los soportes multimedia, especialmente en el ámbito educativo.
Además de Windows, muchos de los programas y aplicaciones concretas más básicas e importantes producidas por la empresa (el paquete ofimático Microsoft Office, por ejemplo) eran siempre las más vendidas. Surgieron muchas voces críticas que censuraban su posición monopolística, y en numerosas ocasiones Microsoft fue llevada por ello a los tribunales por empresas competidoras y gobiernos, pero nada logró detener su continua ascensión.
Empresario y filántropo
El talento de Gates se ha reflejado en múltiples programas informáticos, cuyo uso se ha difundido por todo el mundo como lenguajes básicos de los ordenadores personales; pero también en el éxito de una empresa flexible y competitiva, gestionada con criterios heterodoxos y con una atención especial a la selección y motivación del personal. Las innovaciones de Gates contribuyeron a la rápida difusión del uso de la informática personal, produciendo una innovación técnica trascendental en las formas de producir, transmitir y consumir la información. El presidente Bush reconoció la importancia de la obra de Gates otorgándole la Medalla Nacional de Tecnología en 1992.

Gates con su esposa Melinda
Su rápido enriquecimiento ha ido acompañado de un discurso visionario y optimista sobre un futuro transformado por la penetración de los ordenadores en todas las facetas de la vida cotidiana, respondiendo al sueño de introducir un ordenador personal en cada casa y en cada puesto de trabajo; este discurso, que alienta una actitud positiva ante los grandes cambios sociales de nuestra época, goza de gran audiencia entre los jóvenes de todo el mundo por proceder del hombre que simboliza el éxito material basado en el empleo de la inteligencia (su libro Camino al futuro fue uno de los más vendidos en 1995).
Los detractores de Bill Gates, que también son numerosos, le reprochan, no sin razón, su falta de creatividad (ciertamente su talento y sus innovaciones no son comparables a las de un Steve Jobs, y más bien siguió los caminos que abría el fundador de Apple), y critican asimismo su política empresarial, afirmando que se basó siempre en el monopolio y en la absorción de la competencia o del talento a golpe de talonario. A los críticos les gusta subrayar un hecho totalmente real, pese a que parezca una leyenda urbana: ni siquiera el MS-DOS es obra suya. Bill Gates lo compró por 50.000 dólares a un programador de Seattle llamado Tim Paterson, le cambió el nombre y lo entregó a IBM.
En la actualidad, Microsoft sigue siendo una de las empresas más valiosas del mundo, pese a haber perdido diversas batallas, especialmente la de Internet y la de los sistemas operativos para teléfonos móviles, que lidera ahora Google (Sergei Brin y Larry Page), otro gigante tan valioso como Microsoft. Frente al dinamismo de la era de Internet, en la que surgen y se convierten rápidamente en multimillonarias nuevas ideas como la red social Facebook, de Mark Zuckerberg, la empresa de Gates parece haber quedado algo anquilosada, aunque no se pone en duda la solidez de su posición.
Tampoco ello es exclusiva responsabilidad de Bill Gates, que ya en el año 2000 cedió la presidencia ejecutiva de Microsoft a Steve Ballmer y pasó a ser arquitecto jefe de software para centrarse en los aspectos tecnológicos. Bill Gates había contraído matrimonio en 1994 con Melinda French, con la que tendría tres hijos. En el año 2000 creó, junto con su esposa, la Fundación Bill y Melinda Gates, institución benéfica dedicada a temas sanitarios y educativos cuya espléndida dotación económica procede mayormente de su fortuna personal. No en vano el fundador de Microsoft es un habitual de las listas anuales de la revista Forbes: en 2014 la había encabezado ya en quince ocasiones como el hombre más rico del planeta.
En 2008, Bill Gates abandonó definitivamente Microsoft para dedicarse íntegramente a sus labores en la fundación, que había recibido el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 2006. Si antes fue una figura discutida, esta nueva etapa como filántropo despierta más bien unánime admiración: al igual que lo fue su empresa, su fundación es la más grande del mundo por lo que respecta a la cuantía de sus aportaciones económicas a toda clase de programas de ayuda, investigación y desarrollo.

lunes, 9 de enero de 2017

2017 tecnologias top

Hoy traigo un artículo sobre nuevas tecnologías que serán tendencia en 2017.

El año que comienza supondrá un paso más en la revolución digital en la que estamos inmersos. 2017 traerá consigo aplicaciones que se relacionan entre ellas, nuevas hornadas de videoconsolas y aparatos de realidad virtual además de la expansión de tecnologías como la computación en la nube.

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Inteligencia artificial para todos
“La inteligencia artificial y el 'machine learning' son las tendencias que más claramente acelerarán en 2017”. El pronóstico es de M.G. Siegler, periodista tecnológico reconvertido en inversor en GV, fondo de inversión de Google. La inteligencia artificial ya ha alcanzado el desarrollo suficiente para llegar a las pequeñas compañías, que ahora pueden utilizar la ciencia de datos para optimizar recursos y mejorar su productividad. La consultora especializada Gartner sitúa esta tendencia en el primer puesto de sus claves estratégicas para 2017. Su espectro va desde los robots y los coches autónomos hasta las 'apps' del móvil, los servicios financieros o la ciberseguridad.

 “La inteligencia artificial y el  'machine learning'  son las tendencias que más claramente acelerarán en 2017”. El pronóstico es de M.G. Siegler, periodista tecnológico reconvertido en inversor en GV, fondo de inversión de Google. La inteligencia artificial ya ha alcanzado el desarrollo suficiente para llegar a las pequeñas compañías, que ahora pueden utilizar la ciencia de datos para optimizar recursos y mejorar su productividad. La consultora especializada Gartner sitúa esta tendencia en el primer puesto de sus claves estratégicas para 2017. Su espectro va desde los robots y los coches autónomos hasta las 'apps' del móvil, los servicios financieros o la ciberseguridad.   La consultora Forrester estima que este año se triplicará la inversión en inteligencia artificial, un mercado que será de 5.000 millones de euros en 2020, y recomienda a todas las empresas contar con servicios de computación cognitiva, como el superordenador Watson, de IBM (en la imagen).

La consultora Forrester estima que este año se triplicará la inversión en inteligencia artificial, un mercado que será de 5.000 millones de euros en 2020, y recomienda a todas las empresas contar con servicios de computación cognitiva, como el superordenador Watson, de IBM (en la imagen).
Los nuevos 'wearables'
Las gafas Spectacles (en la imagen) de Snapchat han supuesto una nueva mirada sobre el concepto de 'wearable'. Sirven para grabar vídeos cortos y subirlos a la plataforma, tendencia muy popular entre los jóvenes. Una idea no demasiado rebuscada. Pero estas gafas capturan unas imágenes distintas, con un ángulo más amplio (casi ojo de pez) y pueden, además, grabar un vídeo cercano a lo que sería la visión real de un ser humano. Si a esto le sumamos un precio asequible (poco más de 100 euros) y una campaña de marketing absolutamente ejemplar para concederle el don de la exclusividad al producto, tenemos una ola de éxito sin precedentes. La estrategia de promoción incluye ventas sorpresa de unidades limitadas anunciadas en redes sociales poco antes de producirse o un reportaje en el Wall Street Journal sobre las gafas y su creador, Evan Spiegel, con fotos de Karl Lagerfeld. Bonito. Barato. Diferenciado. La apuesta de Snapchat por el 'hardware', dado su éxito, será la punta de lanza de muchas otras.

 Las gafas  Spectacles  (en la imagen) de Snapchat han supuesto una nueva mirada sobre el concepto de 'wearable'. Sirven para grabar vídeos cortos y subirlos a la plataforma, tendencia muy popular entre los jóvenes. Una idea no demasiado rebuscada. Pero estas gafas capturan unas imágenes distintas, con un ángulo más amplio (casi ojo de pez) y pueden, además, grabar un vídeo cercano a lo que sería la visión real de un ser humano. Si a esto le sumamos un precio asequible (poco más de 100 euros) y una campaña de marketing absolutamente ejemplar para concederle el don de la exclusividad al producto, tenemos una ola de éxito sin precedentes. La estrategia de promoción incluye ventas sorpresa de unidades limitadas anunciadas en redes sociales poco antes de producirse o un reportaje en el  Wall Street Journal  sobre las gafas y su creador, Evan Spiegel, con fotos de Karl Lagerfeld. Bonito. Barato. Diferenciado. La apuesta de Snapchat por el 'hardware', dado su éxito, será la punta de lanza de muchas otras.

Internet en la nevera
Hasta ahora el uso de Internet para la población en general abarca poco más que el ordenador, el teléfono móvil, la televisión (Smart TV) y, poco a poco, los coches. Pero el desarrollo de la inteligencia artificial y del Internet de las cosas va a conectar otros muchos objetos con una utilidad que hasta ahora no imaginábamos. Herramientas del día a día, de casa o de la oficina, pueden cobrar una nueva función o facilitar la vida de sus dueños al estar conectadas. Y el desarrollo de la inteligencia artificial permitirá que los objetos interactúen entre ellos o con las personas. Gartner anticipa un futuro de “objetos inteligentes y colaborativos”. Consultoras como Markets and Markets estiman que el mercado del Internet de las cosas puede pasar de suponer 5.000 millones de euros en la actualidad a más de 150.000 millones en solo cuatro años.

Hasta ahora el uso de Internet para la población en general abarca poco más que el ordenador, el teléfono móvil, la televisión (Smart TV) y, poco a poco, los coches. Pero el desarrollo de la inteligencia artificial y del Internet de las cosas va a conectar otros muchos objetos con una utilidad que hasta ahora no imaginábamos. Herramientas del día a día, de casa o de la oficina, pueden cobrar una nueva función o facilitar la vida de sus dueños al estar conectadas. Y el desarrollo de la inteligencia artificial permitirá que los objetos interactúen entre ellos o con las personas. Gartner anticipa un futuro de “objetos inteligentes y colaborativos”. Consultoras como Markets and Markets estiman que el mercado del Internet de las cosas puede pasar de suponer 5.000 millones de euros en la actualidad a más de 150.000 millones en solo cuatro años.

Siri te reconoce
Siri (Apple), Alexa (Amazon), Cortana (Microsoft; en la imagen, en su apariencia futura según el videojuego Halo) y el Google Assistant son asistentes de voz (todos mujeres) integrados en dispositivos que hoy ya pueden hacer muchas cosas por ti. Pero están muy cerca de poder hacer mucho más. La implantación de la inteligencia artificial va a hacer que pasemos de adaptar nuestras peticiones para que las entienda el ordenador a que el ordenador sea quien se adapte a nosotros. Poder comunicarnos con las máquinas a través de la voz abre un mundo de posibilidades que permitirán interactuar con 'apps' o con los objetos de nuestra casa con una palabra. La consultora Visiongain estima que se trata de un mercado con un valor superior Los drones despegan

 Siri (Apple), Alexa (Amazon), Cortana (Microsoft; en la imagen, en su apariencia futura según el videojuego Halo) y el Google Assistant son asistentes de voz (todos mujeres) integrados en dispositivos que hoy ya pueden hacer muchas cosas por ti. Pero están muy cerca de poder hacer mucho más. La implantación de la inteligencia artificial va a hacer que pasemos de adaptar nuestras peticiones para que las entienda el ordenador a que el ordenador sea quien se adapte a nosotros. Poder comunicarnos con las máquinas a través de la voz abre un mundo de posibilidades que permitirán interactuar con 'apps' o con los objetos de nuestra casa con una palabra. La consultora Visiongain estima que se trata de un mercado con un valor superior a los 1.000 millones de euros, cuando en 2014 rondaba los 500.


Amazon y otras compañías de distribución han encontrado en los drones un aliado para hacer llegar sus productos al usuario en poco tiempo y de manera fiable (si la ley lo permite). Otras empresas como Correos, UPS, Royal Mail (los correos británicos) o Walmart (la tercera corporación más grande del mundo y primera en comercio minorista) han anunciado que probarán los drones como método de entrega en 2017. Su expansión también va a verse acelerada por la combinación con otras tecnologías como la realidad virtual. Un dron puede capturar una imagen en 3D de una zona donde se quiera, por ejemplo, construir un edificio, para luego comprobar su viabilidad con modelos en realidad virtual. Si además se combinan con inteligencia artificial se convierten básicamente en robots voladores con todo tipo de usos.a los 1.000 millones de euros, cuando en 2014 rondaba los 500.

 Amazon y otras compañías de distribución han encontrado en los drones un aliado para hacer llegar sus productos al usuario en poco tiempo y de manera fiable (si la ley lo permite). Otras empresas como Correos, UPS, Royal Mail (los correos británicos) o Walmart (la tercera corporación más grande del mundo y primera en comercio minorista) han anunciado que probarán los drones como método de entrega en 2017. Su expansión también va a verse acelerada por la combinación con otras tecnologías como la realidad virtual. Un dron puede capturar una imagen en 3D de una zona donde se quiera, por ejemplo, construir un edificio, para luego comprobar su viabilidad con modelos en realidad virtual. Si además se combinan con inteligencia artificial se convierten básicamente en robots voladores con todo tipo de usos.