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viernes, 28 de abril de 2017

Adolfo Suárez

Esta biografía trata sobre el político español Adolfo Suárez.

(Adolfo Suárez González; Cebreros, 1932 - Madrid, 2014) Político español, figura clave de la transición democrática española. Doctor en derecho, inició su carrera política como gobernador civil de Segovia (1968). En 1975 participó en la fundación de Unión Democrática del Pueblo Español (UDPE), grupo que posteriormente presidiría.

Adolfo Suárez
Tras la muerte de Francisco Franco, el rey Juan Carlos I lo nombró presidente del gobierno en sustitución de Carlos Arias Navarro; Adolfo Suárez inició entonces de inmediato un diálogo con las diferentes fuerzas políticas. En agosto de 1976 hizo efectiva una amnistía para los delitos de motivación política, perseguidos por el régimen anterior. La medida venía siendo reclamada por un amplio sector de la sociedad española. Su gobierno preparó la Ley para la Reforma Política, cuyo contenido planteaba una transición sin rupturas traumáticas con el régimen anterior.
Legalizó los partidos socialista y comunista, amén de los diferentes sindicatos existentes en la época. La legalización del PCE fue una de las pruebas más duras a las que se sometió Suárez, presionado por los poderes fácticos y algunos círculos del Ejército. Fundó Unión de Centro Democrático (UCD), partido que aglutinaba las fuerzas democristianas y socialdemócratas del país. Al frente de este grupo político ganó las elecciones de 1977.
Tras diversas negociaciones multilaterales (los pactos de la Moncloa), consiguió que se aprobara en referéndum, celebrado en 1878, una Constitución mediante la cual España pasaba a constituirse en monarquía parlamentaria. A partir de entonces, su posición se fue debilitando, hasta que en 1981 presentó su dimisión como jefe del ejecutivo. Leopoldo Calvo Sotelo le sucedió al frente del Gobierno. Un año después, abandonó la UCD y constituyó un nuevo partido, el Centro Democrático y Social (CDS), por el que fue diputado.
Casado con Amparo Illana Elórtegui, el matrimonio tuvo cinco hijos: Máriam, Adolfo, Laura, Sonsoles y Javier. Tras abandonar su actividad política, el ex presidente del gobierno se mantuvo alejado de la vida pública y dedicó la mayor parte de su tiempo al cuidado de su esposa, enferma de cáncer desde 1994, que falleció en su domicilio madrileño el 17 de mayo de 2001.

Torcuato Fernández-Miranda

Este artículo tratará sobre el gran Torcuato Fernández Miranda el mayor partícipe de la transición española.

(Torcuato Fernández-Miranda y Hevia; Gijón, Asturias, 1915 - Londres, 1980) Político español. Este catedrático de Derecho Político realizó su carrera político-administrativa bajo el régimen de Franco, adquiriendo protagonismo político como secretario general del Movimiento (1969-74). El dictador le encargó igualmente una responsabilidad importante como preceptor de su sucesor en la jefatura del Estado, el entonces príncipe Juan Carlos.

Torcuato Fernández-Miranda
Nombrado vicepresidente del gobierno de Carrero Blanco, asumió interinamente la presidencia a raíz del asesinato de éste (1973). La lucha por el poder que se desató entonces entre las «familias» del régimen, agravada por la perspectiva sucesoria que auguraba la avanzada edad de Franco, se saldó en contra de Fernández-Miranda, que resultó apartado en beneficio de Carlos Arias Navarro (1974).
Tras la muerte del dictador y la coronación de Juan Carlos I (1975), Fernández-Miranda colaboró estrechamente con el rey en la tarea de impulsar una transición pacífica a la democracia desde la legalidad del régimen anterior. Para ello fue nombrado presidente de las Cortes orgánicas (sería su último presidente, de 1975 a 1977). Desde aquel cargo, que llevaba aparejada la presidencia del Consejo del Reino, ayudó al rey a desembarazarse del ultraconservador Arias y poner al frente del gobierno al joven y renovador Adolfo Suárez, quien habría de llevar a término la reforma política. En reconocimiento a los servicios prestados, fue nombrado duque de Fernández-Miranda y senador de designación real en las primeras Cortes democráticas (1977-79).

martes, 28 de marzo de 2017

Lerroux

Hoy en historia Alejandro Lerroux fue un personaje mencionado.
(Alejandro Lerroux García) Político español (La Rambla, Córdoba, 1864 - Madrid, 1949). Militó desde joven en las filas del republicanismo radical, como seguidor de Ruiz Zorrilla. Practicó un estilo periodístico demagógico y agresivo en las diversas publicaciones que dirigió (El País, El Progreso, El Intransigente y El Radical). Su discurso populista y anticlerical, así como la intervención en diversas campañas contra los gobiernos de la Restauración, le hicieron muy popular en los medios obreros de Barcelona, que acabaron constituyendo la base de un electorado fiel. 
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Fue elegido diputado por primera vez en 1901; y de nuevo en 1903 y 1905, en las candidaturas de la Unión Republicana que había contribuido a formar junto con Nicolás Salmerón. La defección de éste hacia la coalición Solidaridad Catalana en 1906, llevó a Lerroux a separarse, formando el Partido Republicano Radical (1908) y encabezando la lucha contra el creciente nacionalismo catalán.
Hubo de exiliarse en varias ocasiones, primero para escapar a la condena dictada por uno de sus artículos (1907) y más tarde huyendo de la represión gubernamental por la Semana Trágica de Barcelona (1909). De vuelta a España, aceptó entrar en la Conjunción Republicano-Socialista, con la que volvió a ser elegido diputado en 1910. Desde entonces se vio envuelto en una serie de escándalos que le alejaron de su electorado barcelonés, entre acusaciones de corrupción (hasta el punto de que hubo de cambiar de distrito, presentándose por Córdoba en 1914).
Bajo la dictadura de Primo de Rivera (1923-30) su partido se vio debilitado por la escisión de los Radical-Socialistas de Marcelino Domingo (1929). No obstante, continuó en la política activa, participando en el comité revolucionario que preparó el derrocamiento de Alfonso XIII y la proclamación de la Segunda República en 1931.

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Bajo el régimen republicano desempeñó un papel político de primera fila. Formó parte de la coalición de izquierdas que sostuvo las reformas del gobierno Azaña durante el primer bienio (1931-33), en el que participó personalmente como ministro de Estado (1931). Pero fue derivando hacia posturas de derechas que le acercaron a la oposición, pasando en 1933-36 a formar parte de la mayoría conservadora que accedió al poder; fue tres veces presidente del gobierno entre 1933 y 1935 y ocupó carteras ministeriales tan destacadas como la de Guerra (1934) y la de Estado (1935). 

Tras señalarse en la represión del intento de revolución obrera de 1934, quedó de nuevo desacreditado ante la opinión pública por el escándalo del estraperlo (un caso de corrupción ligado al negocio del juego), que acabó por romper su alianza con la derecha y deteriorar incluso su posición dentro del partido. En las elecciones de 1936 ni siquiera salió elegido diputado y, cuando aquel mismo año estalló la Guerra Civil (1936-39), prefirió ponerse a salvo en Portugal. Regresó a España en 1947.

jueves, 9 de febrero de 2017

Juana la Loca

En historia surgió la figura de Juana la Loca y en este artículo trataremos su vida.

(Juana I de Castilla, llamada Juana la Loca; Toledo, 1479 - Tordesillas, Valladolid, 1555) Reina de Castilla. Era la tercera hija de los Reyes Católicos, que la casaron con el archiduque austriaco Felipe el Hermoso (1496). La muerte de sus hermanos mayores y de un sobrino la convirtieron en heredera de las Coronas de Castilla y Aragón desde 1500. El mismo año en que fue jurada como heredera por las Cortes de Castilla (1502) empezó a manifestársele una enfermedad mental, determinada según algunos por la infidelidad de su marido, hacia quien sentía un amor apasionado.

Juana la Loca
Al morir Isabel la Católica, Juana I y Felipe I el Hermoso fueron proclamados reyes de Castilla (1504); pero, dada la locura de la reina, se acordó que gobernarían conjuntamente en Castilla su marido y su padre el rey de Aragón, Fernando el Católico. Las malas relaciones entre el yerno (apoyado por la nobleza castellana) y el suegro hicieron que éste renunciara al poder en Castilla para evitar un enfrentamiento armado (1506). Pero aquel mismo año murió el rey Felipe, recuperando don Fernando la regencia en Castilla en nombre del hijo de Juana y Felipe (el futuro Carlos I de España y V de Alemania).
La demencia de la reina se agravó, permaneciendo recluida en Tordesillas desde 1509 hasta su muerte. En 1516 murió Fernando el Católico y Carlos V fue proclamado rey de Castilla y de Aragón, de modo que doña Juana no llegó a suceder a su padre en la Corona aragonesa; pero nunca fue declarada incapaz por las Cortes castellanas ni se le retiró el título de reina. Se nombró como gobernador de Tordesillas y guardián de la reina a Bernardo de Sandoval y Rojas, quien desempeñó tales cargos hasta 1535, y al que sucedió su hijo Luis.
Con motivo de la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520), la figura de Juana la Loca volvió a cobrar importancia. Los jefes comuneros alzados en armas contra su hijo intentaron ponerla de su parte: la Santa Junta de los comuneros reunida en Ávila proclamó que su único fin era el servicio de la reina Juana. Por su parte, el presidente del Consejo de Castilla, Rojas, intentó obtener de Juana, sin éxito, la firma de varias provisiones contra los comuneros.
Tras la toma de Tordesillas por parte del ejército de los comuneros el 29 de agosto de 1520, sus representantes fueron recibidos por la reina, pero ella se negó a intervenir en el conflicto en ningún sentido y a firmar ningún documento. En diciembre de 1520 el ejército realista recuperó Tordesillas. Juana I de Castilla fallecería muchos años después, en 1555, asistida por Francisco de Borja. Su cuerpo fue depositado en el convento de Santa Clara en Tordesillas; en 1573 sus restos fueron trasladados a la capilla real de la catedral de Granada.

Calvo Sotelo

Hoy en historia hablamos sobre Calvo Sotelo un político español, del cual quiere hablar en este artículo.

(Tui, 1893 - Madrid, 1936) Político ultraderechista español cuyo asesinato precipitó la sublevación militar y la guerra civil española. José Calvo Sotelo estudió Derecho en Zaragoza y Madrid y se doctoró con premio extraordinario en la universidad madrileña, por lo que ingresó pronto en el Cuerpo de Abogados del Estado, el año 1916. Inició su actividad política dentro del partido de Antonio Maura. Su primera obra escrita fue, precisamente, El proletariado ante el socialismo y el maurismo, del año 1917.

Ya antes, en el año 1915, fue nombrado secretario de la Sección de Ciencias Políticas y Morales del Ateneo de Madrid, cargo que le proporcionó la oportunidad de contactar con lo más granado de la intelectualidad del momento, sobre todo con los últimos epígonos del krausismo, y le permitió imbuirse de las propuestas que éstos pregonaban sobre la necesaria reforma del sistema liberal, si bien Calvo Sotelo readaptó esa reforma dotándola de un profundo carácter autoritario que se reflejó en su segunda obra, del año 1917, La doctrina del abuso del derecho subjetivo.

 
José Calvo Sotelo

En el año 1919 consiguió su primer acta de diputado a Cortes, representando al distrito de O Carballiño, dentro de las filas del partido de Antonio Maura. En el año 1921, el gobierno de Maura lo nombró gobernador civil de Orense, lo que inició su arraigo con dicha provincia y con sus prohombres políticos. Seguidamente pasó a ocupar el mismo cargo en Valencia.

Pero la carrera política de Calvo Sotelo no alcanzó relevancia hasta el advenimiento de la Dictadura del general Primo de Rivera (1923-29), siempre sin romper con el "maurismo", y guardando ciertas distancias con el antiparlamentarismo de Primo de Rivera. Calvo Sotelo se propuso colaborar con el régimen y así llevar a cabo las reformas del Estado que él consideraba necesarias. Fue puesto al frente de la Dirección General de la Administración, donde se propuso solucionar los problemas que embargaban a la administración local y provincial, las cuales se debatían entre la impotencia económica y el caciquismo heredado desde los tiempos de la restauración canovista.

Sus intenciones reformistas las realizó con la promulgación de los Estatutos Municipales (Decreto-Ley del 8 de marzo del año 1924), y los Estatutos Provinciales (Real Decreto del 20 de marzo del año 1925), en un intento de fortalecer los poderes locales, a la vez que también éstos eran controlados por el Estado. Por medio de este último decreto, la provincia quedó marcada como la jurisdicción dominante sobre los municipios inscritos en ella.


El proceso de reforma se amplió con la introducción del sistema de Mancomunidades regionales en Galicia y en el País Valenciano, regiones éstas que él conocía muy bien por su práctica política. Este proyecto chocó enseguida con la resistencia pertinaz de las oligarquías locales, perfectamente adaptadas al ámbito provincial, por lo que el proyecto no se pudo llevar a cabo. Otra medida adoptada por Calvo Sotelo fue la remodelación de los gobernadores civiles y la creación del delegado gubernativo, con resultados políticos no siempre satisfactorios.


En el año 1925 fue nombrado ministro de Hacienda por el general Primo de Rivera, cargo que ocupó hasta el año 1929. Durante este período pretendió realizar la reforma del sistema económico español, tratando de incorporar las nuevas pautas mundiales, mediante la superación del liberalismo clásico y la creación de un aparato de Estado intervencionista. Sus decisiones más importantes dentro de este ministerio fueron la creación del Monopolio de Petróleo (CAMPSA); la creación de los Bancos de Crédito Local, Exterior de España e Hipotecario; la nacionalización de varias empresas; la promulgación de la Ley de Contrabando y Defraudación; y el intento de reforzar la inspección tributaria.

Su política económica al frente del ministerio de Hacienda fue altamente contestada por la oposición, así como por las clases sociales oligárquicas, ya que la veían excesivamente intervencionista. Por todo ello, cuando cayó la Dictadura a finales del año 1929, Calvo Sotelo no tuvo más remedio que dimitir. No obstante, continuó su actividad política e intentó crear, durante el gobierno provisional de Berenguer, un partido, la Unión Monárquica Nacional, con la finalidad de agrupar a todos los monárquicos comprometidos con el anterior gobierno. La proclamación, el 14 de abril del año 1931, de la II República española le impidió seguir adelante con su proyecto político, obligándole la nueva situación política (totalmente en contra de su persona y de su pasado con Primo de Rivera) a exiliarse, primero en Lisboa y posteriormente en París (1931-34).


Durante su estancia en Francia, Calvo Sotelo entró en contacto con los ideólogos del autoritarismo nacionalista monárquico francés, lo que resultó en una evolución política hacia posturas cada vez más extremistas de tipo fascista-corporativista. Por otra parte, el exilio le proporcionó la ocasión de escribir sus ideas políticas y de exculparse de las acusaciones que se le hacían en los círculos políticos españoles. De su pluma salieron las obras En defensa propia (1932), Las responsabilidades políticas de la Dictadura: un proceso histórico (1933), y La voz de un perseguido (1933).

En las Cortes Constituyentes fue elegido diputado por Orense, pero, dada su situación de exiliado político, se le impidió hacer acto de posesión formal del Acta de diputado. En las elecciones para la primera legislatura, celebradas en noviembre del año 1933, salió elegido diputado con dos Actas, por Orense y La Coruña, representando al partido Renovación Española. Finalmente, el 4 de mayo del año 1934, regresó del exilio en virtud de la amnistía decretada por el gobierno republicano derechista de Alejandro Lerroux y de Gil Robles, lo que le posibilitó acceder a su puesto de diputado por Orense y reanudar su actividad política.

A su vuelta del exilio y con ideas nuevas, se propuso llevar a cabo la creación de un amplio grupo político, afecto a la monarquía, de carácter renovado, en función de sus nuevas orientaciones y contactos con el autoritarismo francés e italiano, que aglutinase a todos aquellos grupos y sectores contrarios al régimen democrático y republicano imperante. La idea cristalizó con la creación del partido Bloque Nacional, dispuesto a unir los esfuerzos de todos esos grupos para la instauración de una monarquía totalitaria.


Para Calvo Sotelo, la monarquía tan sólo era un instrumento útil para poder superar el sistema liberal y parlamentario (corrupto bajo su punto de vista), y así proceder a la creación de un poder ejecutivo fuerte y estatizante, al igual que el modelo italiano. Sobre la base de tales argumentos políticos giró el discurso que pronunció en la Academia de la Jurisprudencia y Legislación, el 20 de noviembre del año 1935, con el significativo título de El capitalismo contemporáneo y su evolución.

El Bloque Nacional de Calvo Sotelo no obtuvo los resultados esperados, ya que gran parte de su posible electorado se decidió por apoyar al partido derechista de la C.E.D.A, presidido por Gil Robles, el cual tenía mayores posibilidades de éxito. Calvo Sotelo intentó ingresar en el partido Falange Española, de José Antonio Primo de Rivera, hijo del general que presidió la Dictadura. José Antonio se negó en redondo debido a las insalvables diferencias personales e ideológicas habidas entre ambos dirigentes.


Con la victoria, en febrero del año 1936, de las fuerzas de izquierdas coaligadas en el Frente Popular, Calvo Sotelo fue elegido diputado por Orense, con un Acta de diputado protestada por el Frente Popular Local, aunque luego fue aprobada por la mayoría de izquierdas de la Cámara, puesto que veían imprescindible la presencia de Calvo Sotelo en el Parlamento como interlocutor válido. Todos estos reveses políticos inclinaron a Calvo Sotelo a adoptar una política decididamente conspiradora, radical y antirrepublicana. Desde su escaño protagonizó diversos incidentes que le hicieron ganarse la hostilidad de las fuerzas izquierdistas, destacándose sus continuos enfrentamientos con Casares Quiroga. Calvo Sotelo se convirtió en el portavoz del ultraderechismo de la Cámara, posición ésta que compatibilizaba con todo tipo de actividades antirrepublicanas fuera del Parlamento.


En la madrugada del día 12 al 13 de julio del año 1936, Calvo Sotelo fue sacado de su domicilio mediante engaño y asesinado en una camioneta de la Guardia de Asalto. Fue su muerte la que precipitó y dio argumentos a la rebelión militar que ya se venía organizando meses atrás. La muerte de Calvo Sotelo fue considerada por los sublevados como la gota de agua que colmaba el vaso de la paciencia patriótica. Calvo Sotelo fue declarado por los golpistas el primer mártir de la cruzada contra los "enemigos de la patria".


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Basilio Álvarez

Tras el último examen de historia en el que tratamos la evolución de la agricultura en España, destacamos una figura muy importante, Basilio Álvarez.

Basilio Álvarez Rodríguez fue un tribuno defensor del pueblo gallego frente a la política caciquil gallega de su tiempo, y un diputado radical republicano valedor de la fe religiosa cristiana frente a los diputados socialistas y republicanos de izquierdas de la segunda República española. Hoy día, su personalidad simboliza la reivindicación valiente, justa y fuerte de los derechos humanos y sociales de los paisanos gallegos frente a las injusticias sociales y políticas vengan donde vengan.
Basilio Álvarez era hijo de un herrero del barrio del Ervedelo de Ourense. Nace el 10 de agosto de 1877, en la, entonces, llamada carretera de Trives de esta ciudad, donde cursa estudios de bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media y sigue la carrera sacerdotal en Seminario conciliar de San Fernando ordenándose de presbítero.

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Persona de fácil y brillante discurso, impulsa con gran interés y vitalidad la labor social y obrera del Círculo Católico Ourensano, promovida por el obispo de Ourense, monseñor Carrascoso, bondadoso, compasivo y servicial. En 1904, publica el folleto, El cura rural, donde defiende a la Iglesia católica gallega frente a los que la atacaban por sus aranceles. Colabora en El Heraldo de Galicia y El Eco de Orense, dirigidos por Valentín Lamas Carvajal, criticando las injusticias caciquiles y exponiendo las necesidades apremiantes que sufre el pueblo gallego.
En 1907, se traslada a Madrid, donde ejerce de capellán de la casa de los marqueses de Urquijo. Se relaciona con todos los gallegos en el Centro Gallego y colabora y dirige la revista, Galicia, haciendo semblanzas de personajes. En 1909, las luchas agrarias campesinas de Galicia se radicalizan dando lugar al motín de Oseira, que ocasiona varias muertes. Decide defender su justa causa y combatir el régimen de foros recogiendo la antorcha de la Solidaridad Gallega que se había disuelto. Incita y anima a la colonia gallega madrileña a la radicalización contra el caciquismo y contra los foros gallegos.

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En 1910, funda la Acción Gallega, de la que será director y portavoz. En 1911, dirige el periódico, Debate, fundado por Angel Herrera Oria, que deja regresando a Galicia como cura de la parroquia de Beiro, en Ourense, donde había sido asesinado su párroco. Asiste a la segunda Asamblea Agraria de Monforte y es nombrado secretario de la Liga Agraria-Redencionista. Participa activamente en numerosas luchas sociales y políticas por toda Galicia dando múltiples mítines populares contra el caciquismo y contra los foros.


En 1912, publica El Libro del Periodista. En 1913, visita Cuba, prologa el primer libro de poemas de Ramón Cabanillas, y publica el libro, Abriendo el Surco, resumen de la cuestión agraria. En 1915, vista Argentina donde pronuncia discursos patrióticos y sociales muy ovacionados. Regresa a España y funda el diario, Parlamentario y La Raza, en Madrid, y la revista La Zarpa, en Ourense.
Se seculariza, obtiene la licenciatura en Derecho en dos convocatorias y abre un bufete de abogado en Madrid con grande éxito ocupándose de los asuntos gallegos y de la dirección de la Casa de Galicia, entonces, en la calle Alcalá.En 1928, es nombrado hijo predilecto de Ourense. Se afilia al Partido Radical Republicano de Alejandro de Lerroux, que anteriormente había criticado.


Proclamada la segunda República, es elegido diputado por la provincia de Ourense en las elecciones generales a las Cortes españolas de 1931 y de 1933 por el partido radical republicano de Alejandro Lerroux; y es nombrado vocal del Tribunal de Garantías Constitucionales. Realiza una gran actividad parlamentaria política recogida en el libro, Dos años de agitación política, en dos tomos, destacando como brillante orador y apasionado líder popular, oponiéndose elocuentemente al dictamen de la Comisión constitucional de las Cortes Constituyentes de la segunda República.
Critica a sus redactores y ponentes por ignorar las Constituciones de otros Estados políticos que protegían a la Religión y por haberse guiado por la Constitución atea mexicana. Se opone vehementemente al divorcio por la sola y mera voluntad femenina sin causa alguna, al que llama "histerismo de la ley y privilegio irritante"; y al control estatal de las templos y establecimientos religiosos por ser una ingerencia política y por vulnerar la libertad de cátedra.


Manifiesta que, aunque el anticlericalismo pudiera estar justificado por la insolidaridad de ciertos sectores católicos burgueses más afectos a la monarquía que al evangelio, el dictamen o proyecto constitucional propina un duro golpe, no ya al clericalismo, sino a la propia fe que es santa, y esto es "nefando". Concluye diciendo, "¡anticlericales, todos por republicanos y españoles, pero sectarios, jamás!. "
Iniciada la Guerra Civil, en julio de 1936, se pone al servicio de la República. Viaja a Cataluña y pasa a Francia. Emigra a Argentina con grandes problemas y sin medios económicos, donde, en 1937, publica su libro, España en crisol, y ejerce de periodista. Pedida su repatriación, se salva gracias a dos amigos senadores y al director del periódico, Crítica.
Por presiones del clero argentino es expulsado de este país y refugia en Cuba, donde en un banquete popular en la Habana sufre un derrame cerebral que le deja hemipléjico. Sin medios económicos para sobrevivir, en condiciones sicofísicas deplorables, se traslada a Estados Unidos de América, donde fija su residencia en Tampa, Florida, viviendo gracias a un subsidio para exilados políticos y a la ayuda de grupo de estos. Aquí, une en matrimonio con su mujer, Carmen, que le había acompañado en su exilio, y de la cual tenía una hija.

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Consumido por el dolor de su enfermedad y por el sufrimiento de su nostalgia de su querida patria gallega, "saudade y morriña", muere, 15 de noviembre de 1943, habiendo sido un gran tribuno popular de oratoria fácil y brava y de fuerza magnética y genial, en defensa de los derechos de los campesinos, frente al caciquismo foral gallego; y un gran defensor de la fe cristiana ante los políticos socialistas y republicanos de izquierdas de la segunda República Española. Entre sus escritos, abundantes en periódicos, revistas y publicaciones de su tiempo, merecen destacarse,

El cura rural (Ourense-1904), Por los agros Celtas (Madrid-1907), Hablando con los santos (Madrid-1909), Desde mi campo, el libro del periodista (Madrid-1912), Abriendo el surco (Habana-1913), Dos años de agitación política (Madrid-1933).

Fuente: http://www.laopinioncoruna.es/opinion/2008/03/28/basilio-alvarez-tribuno-pueblo-gallego-fe-cristiana/177193.html

viernes, 18 de noviembre de 2016

Hoy trataré un tema relacionado con la historia. Hablaré sobre la muerte  de Prim.

El calendario marcaba el 27 de diciembre de 1870. La época era convulsa pues, tras una revuelta que había terminado con la expulsión del trono de toda una reina (Isabel II), los partidos que ostentaban el poder en España se habían decidido a traer hasta la poltrona a un monarca extranjero, Amadeo de Saboya. Aquella jornada el presidente del Gobierno, Juan Prim y Prats, salió del Congreso y, como en otras tantas ocasiones, se subió a su berlina con el objetivo de llegar hasta el Ministerio de la Guerra. Las manecillas del reloj acababan de pasar las siete y media de la tarde cuando, mientras su vehículo recorría la calle del Turco (la actual Marqués de Cubas), dos coches de caballos le cortaron el paso al líder político del momento, a uno de los hombres más importantes del país por entonces. Sin previo aviso, varios sujetos se acercaron hasta el carromato y, tras abrir la puerta, dispararon contra ocupantes. «¡Bájese usted, mi general, que nos hacen fuego!», esas fueron las palabras de uno de sus ayudantes. Pero ya era tarde, aquel suceso había condenado a Prim.

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Este fue el primer atentado a gran escala contra un presidente del Gobierno español e inauguró, para desgracia de otros tantos, una tendencia que se repitió en los años posteriores: el asesinato y los ataques sistematizados contra líderes políticos. Además, es un crímen que -en pleno 2015- sigue sin resolverse, pues se desconoce no solo quiénes fueron sus manos ejecutoras, sino quien les ordenó dirigir sus trabucos contra el presidente del Gobierno provisional instaurado tras la revolución de la Gloriosa.

Una carrera meteórica
España vio nacer a Juan Prim y Prats en diciembre de 1814. De madre ferretera y padre notario (quien también había combatido en la Guerra de la Independencia), accedió de forma muy temprana al ejército, donde combatió en las guerras carlistas en favor del trono de Isabel II. En esta primera etapa como militar pronto se hizo un hueco en la Historia. Así lo demuestra el que obtuviera en 1838 (con apenas 24 años) la Gran Cruz Laureada de la Orden de San Fernando por conquistar San Miguel de Serradell, donde se destacó por tomar por su propia mano la bandera del cuarto batallón de los carlistas de Cataluña. Posteriormente, en 1841 se pasó a la política y apoyó al partido progresista. Al final, se enfrentó directamente con el General Espartero (idolatrado por el pueblo y nombrado regente del país tras la marcha de María Cristina a Francia) y ayudó a derrocarlo. Esto le hizo recibir varios réditos políticos, aunque posteriormente se exilió al extranjero.

El general Prim

El general Prim

En 1854 volvió a cobrar protagonismo con la llegada al poder de los progresistas. Durante los dos años siguientes estuvo en el centro de la política al ser ascendido a teniente general y ser nombrado senador. Entonces ya era un hecho que, para él, el mundo castrense y el político estaban unidos. En los años siguientes fue enviado a la guerra de Marruecos que España libró entre 1859 y 1860. El objetivo era evitar que las tribus locales dejasen de atacar Ceuta y Melilla bajo el paraguas y el beneplácito de los gobiernos africanos de la región. Prim fue uno de los militares al mando de las operaciones en la zona. Allí consiguió un nombre gracias a enfrentamientos como la batalla de Castillejos o Tetuán, donde siempre se ubicaba en primera línea para motivar a sus soldados. En 1862, tras haber pasado por México en una nueva campaña, regresó a nuestro país y entró en la Unión Liberal. Sin embargo, en aquellos años las diferencias con los partidarios de Isabel II, además de la misma reina -por la que había combatido años antes- eran ya insalvables, por lo que se decidió a iniciar las conspiraciones pertinentes para expulsarla del trono a base de mamporros.

Llega la Gloriosa
En los meses posteriores Prim se hizo famoso por conspirar continuamente para acabar con Isabel II. Todos sus intentos fueron fallidos. Al menos hasta la llegada de septiembre de 1868, momento en que, con la ayuda de varios partidos políticos contrarios a la monarca, se levantó en armas contra la monarca en Cádiz. «El general don Juan Prim se presentó en la bahía de Cádiz el 17 de Septiembre de 1868, y de acuerdo con el jefe de escuadra Sr, Topete, instaron al general gobernador de la plaza su rendición, la que se verificó, pues la población entera con la guarnición se pronunciaron en favor de la causa popular […] Dos días después [...] toda la marina y cuerpos del ejército que guarnecían aquel distrito se unieron con entusiasmo al glorioso alzamiento nacional. El infatigable general Prim se dirigió á Ceuta, que se pronunció al momento de divisarle sobre la cubierta del buque que le conducía; lo mismo hicieron Málaga, Cartagena, Alicante [...] Barcelona, Lérida y Zaragoza,», explica el Despacho Sucesores de Hernando en su obra «Biografía del general Prim» (editada en 1860).

Menos de un mes después, la Gloriosa llegó a Madrid, el centro político. Así se plasmó su llegada ese mismo año: «¡EI día 7 de Octubre llegó á Madrid el genera! Prim, á quien salieron á recibir unas veinte mil almas [...]. Fué recibido con el entusiasmo mayor que el que puede haber ocasionado: el mas glorioso conquistador ó el héroe de mas fortuna». El día 30, a la reina no le quedó más remedio que huir de la región. Acababa de ser expulsada del trono. Multitud de pequeñas gazetas empezaron a cargar entonces nuevamente como su reinado. Algunas, como la que nos ocupa, dijeron lo siguiente de ella: «El reinado de doña Isabel de Borbón con la pandilla moderada, había sido una penosísima y no interrumpida serie de desastres: sangre, inmoralidad, despilfarro y todo linaje de crímenes». Fuera como fuese, Prim instauró entonces un gobierno provisional que, con el paso de los meses, terminó con sus huesos en la poltrona como presidente del Gobierno y con la regencia de Francisco Serrano en espera de la llegada de un nuevo rey. Este no era otro que el italiano Amadeo de Saboya quien, por 191 votos a favor, había sido seleccionado para sustituir a Isabel por las Cortes.

 Los asesinos disparan contra el carruaje de Prim
Un misterioso asesinato

El 27 de diciembre de 1870, pocas jornadas antes de que Amadeo de Saboya llegase a España, comenzó de forma bastante negativa para Prim. La elección de un monarca italiano había generado todo tipo de tensiones entre algunos partidos políticos y varios altos cargos cercanos al gobierno que veían su posición peligrar. El general se había ganado, por tanto, el odio de todo tipo de enemigos. Así lo demuestra, por ejemplo, el que el diario «El Combate» le hubiese dicho en sus páginas que le mataría «en la calle como a un perro». Todas estas amenazas, sumadas a algunas agresiones anteriores, hicieron que se doblase su escolta. Con todo, el presidente nunca se llegó a tomar demasiado en serio aquellas advertencias y acudió, como casi siempre, a las Cortes para tratar varios temas relacionados con el nuevo rey. «La sesión se dedicó a la dotación del presupuesto destinado al rey, que quedó fijado en seis millones de pesetas más medio millón para el príncipe heredero y uno para la conservación de los edificios de la Corona», explica el historiador José Andrés Gallego en su obra «Historia general de España y América».

A las seis y cuarto acabó la sesión, lo que implicaba que Prim debía partir hacia el Palacio de Buenavista -la sede del Ministerio de la Guerra, ubicado en la calle Alcalá-. Sin embargo, estuvo unos minutos charlando y bromeando con algunos políticos como Sagasta. Al final, a eso de las siete se subió a su berlina junto a sus ayudantes, Moya y González Nandín. «El recorrido era breve: las calles de Floridablanca; del Sordo -la actual Zorilla- y del Turco -la actual Marqués de Cubas- que desemboca en Alcalá», añade el experto. Pasadas las siete y media, el carruaje y sus ocupantes entraron en el último tramo: la calle del Turco. El frío se palpaba en el ambiente y la nevada que había caído durante el día había dejado la calle blanca, pero aquello no era más que un paseo habitual. Sin embargo, la situación cambió radicalmente cuando el coche de caballos se topó con otras dos berlinas que bloqueaban el camino. El cochero se vio obligado a detener el vehículo. En ese momento comenzó la pesadilla. «En ese momento, varios hombres embozados y con trabucos rodearon el coche del general, rompieron los cristales de las ventanillas y comenzaron a disparar sobre Prim y sus ayudantes», añade el experto.

La muerte de Prim
La muerte de Prim
Lo último que alcanzó a decir uno de los presentes a Prim antes de los disparos fue «¡Bájese usted, mi general, que nos hacen fuego!». Pero ya era tarde. «Los asesinos dispararon ocho tiros apuntando á quemaropa al general Prim. El general Prim fué herido de dos balazos en el antebrazo izquierdo y en la mano derecha, dél a cual hubo necesidad de amputarle un dedo», apunta la obra «Biografía del general Prim». Hoy en día las heridas no serían mortales, pero -en la época- implicaban la posibilidad de muerte por infección o porque el afectado se desangrase. Tras los primeros disparos, y después de enfrentarse con su látigo a los captores, el cochero azuzó a los jamelgos para salir al trote de allí. Al poco se hallaba en su destino, que era también su residencia. Dice la leyenda que subió él mismo, y por su propio pie, hasta los aposentos. De hecho, también se cuenta que le dijo a su mujer que no le tocase, pues iba «ligeramente herido» y que en ningún momento su cara reflejó ningún dolor.


Fue atendido a todo correr, pero ya estaba sentenciado. «Inmediatamente un cirujano, muy cotizado en el Madrid de entonces, don Melchor Toca, asistía al herido, y junto con otros afamados médicos comenzó el intento de salvar la vida del general, que, pese a los esfuerzos, se iba a extinguir el día 30, a las ocho y cuarto de la tarde», explica el historiador. Así fue como murió Juan Prim. Hoy en día, sin embargo, se sigue desconociendo quiénes fueron sus asesinos. Tan solo se sabe que a lo largo de Madrid había varios grupos de sicarios dispuestos a acabar con él esa noche. Uno de ellos se hallaba, según cuenta la leyenda, frente a la supuesta residencia de un grupo de la Masonería que iba a visitar. Pero poco más se conoce de quién organizó aquel atentado. Con todo, hace poco unos investigadores españoles hicieron una autopsia a su momia y determinaron que no había dejado este mundo por sus heridas, sino por un estrangulamiento «a lazo» realizado por los que él creía sus amigos, pero que en realidad solo buscaban arrebatarle el poder. Este estudio, a su vez, ha sido desdicho por otro de la Universidad Complutense, aunque sus autores siguen defendiéndolo. El enigma sigue.

jueves, 20 de octubre de 2016

Un personaje extravagante en la historia de España es Manuel Godoy. A continuación, comentaré un poco su vida.

(Badajoz, España, 1767-París, 1851) Político español. Nacido en el seno de una familia noble empobrecida, a los diecisiete años acompañó a su hermano a Madrid, y ambos ingresaron en la guardia de corps. Allí inició una fulgurante carrera gracias, en parte, al apoyo de la entonces princesa de Asturias. Fue amante de la esposa del futuro rey Carlos IV, pero no fue ésa la única razón de su ascenso; también supo ganarse la confianza de ambos soberanos, gracias a sus dotes de político.

Godoy
Con tan sólo veinticinco años recibió el Toisón de Oro y fue nombrado primer ministro del Estado. Una vez en el poder, su primera intervención consistió en intentar salvar al rey Luis XVI de la guillotina. Finalmente, la ejecución del monarca francés llevó a España a declarar la guerra a Francia. Dos años después, el curso desfavorable del conflicto obligó a Godoy a negociar y a firmar el tratado de Basilea, lo que le valió el apelativo de «príncipe de la Paz». Más tarde Francia y España firmaron el tratado de San Ildefonso en contra de Gran Bretaña.
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En 1798 se vio obligado a abandonar su cargo, debido a las presiones del Directorio francés, que dudaba de su lealtad; fue sustituido por Saavedra y más tarde por Urquijo, pero siguió contando con la confianza de Carlos IV. Prueba de ello es que apenas dos años después, tras una actuación desafortunada de Urquijo, volvió a empuñar las riendas del gobierno. Fue por aquel entonces cuando, ayudado por los franceses, logró ganar «la guerra de las Naranjas» contra Portugal.
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Poco después Francia firmó la paz de Amiens con el Reino Unido, pero la calma duró sólo un año: España, junto a Francia, declaró de nuevo la guerra a el Reino Unido. La política de Godoy empezó a provocar animadversiones, y se fraguó una conspiración contra él dirigida por el príncipe de Asturias (el futuro rey Fernando VII), que culminó con la invasión del palacio de Aranjuez.
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Manuel Godoy fue hecho prisionero, si bien, liberado poco después por orden de Napoleón, se dirigió hacia Bayona, donde se reunió con el príncipe Fernando y los reyes. Estos últimos abdicaron dejando el trono de España en manos de Napoleón. A los setenta y dos años, se exilió en París, donde escribió sus Memorias.
Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/godoy.htm

martes, 11 de octubre de 2016

Hoy en clase de historia hablamos sobre Isabel II, sin duda una reina que no dejó indiferente a nadie. A continuación, os voy a relatar lo que era su vida y su condición de ninfómana.
Isabel nació, el diez de octubre de 1830, en Madrid. Su padre era Fernando VII y su madre María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, que era la cuarta esposa del rey y  además era su sobrina carnal. En sus tres anteriores matrimonios no había tenido descendencia. Después de tener a Isabel II tuvo otra hija, la infanta Luisa Fernanda, que nació en 1832.


Sube al trono cuando todavía no había cumplido los tres años. Esto se produjo por el fallecimiento del rey en 1833 y por no haber tenido hijos varones. Fernando VII promulgó antes de fallecer la Pragmática Sanción, por lo cual se derogaba la Ley Sálica, que impedía a las mujeres acceder al trono. Este hecho provocó la sublevación del infante Carlos María Isidro de Borbón, que era hermano de Fernando VII y en consecuencia heredero al trono de España.


Retrato de Isabel II con la princesa de Asturias, Isabel, niña, de Franz Xavier Winterhalter (Palacio Real).


Este hecho marcó para siempre el reinado de Isabel II, puesto que los absolutistas se agruparon en torno a los derechos dinásticos del infante Carlos María, provocando las conocidas tres guerras carlistas, que ensangrentaron al país a lo largo del siglo XIX.

Como no tenía Isabel II edad para reinar, fue nombrada como Regente su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias que duró desde 1833 a 1840. A los dos meses de quedarse viuda y siendo ya regente en nombre de su hija tuvo un nuevo amante, Fernando Muñoz, que era sargento de la guardia real, dos años más joven que ella. A pesar de todos los intentos de ocultarla, fue en vano, pues cada año quedaba embarazada, lo que delataba ante la población una situación difícilmente justificable cuando seguía siendo viuda.

En las tabernas y conciliábulos del país se decía “La regente es una dama casada en secreto y embarazada en público”. Los carlistas enemigos de ella, popularizaron una copla alusiva:

Clamaban los liberales
Que la reina no paría
¡Y ha parido más muñecones
Que liberales había!

Ante los escándalos que había en la Corte, hace que sea sustituida por el primer espadón de la época, el general Espartero, hasta que éste fue obligado a abandonar el cargo a mediados de 1843. Con la finalidad de evitar una tercera Regencia, se adelantó la mayoría de edad de Isabel II a trece años.

SU EDUCACIÓN

La Regente María Cristina no se preocupó de la preparación educativa y política de su hija para el desempeño de tal alto cargo. Exclusivamente se dedicó a su nuevo amante. Isabel II careció de un ambiente familiar y de la afectividad de su madre, a todo ello hay que unirle la ausencia de una  educación adecuada y de una preparación política para una persona destinada a ser Reina de España.

Su educación además dependía de los vaivenes políticos, como ocurrió en 1841 cuando se produce un cambio radical cambiando  al preceptor. A ello hay que unir que con trece años es nombrada Reina de España, podemos entender como  fue fácil presa de la manipulación partidista e interesada

Tampoco el poder político, ya fueran los progresistas o moderados, se preocuparon de preparar a Isabel II, pues todos partían del principio básico, de que cuanto más ignorante permaneciera, mejor resultaría servirse de ella y de su cargo.

El preceptor mayor era Agustín Arguelles, su profesor general José Vicente Ventosa, su maestro de música, Francisco Frontela, también llamado Valldemosa y también formaba parte de los preceptores Salustiano Olózaga, hombre inteligente y que destacaba por su gran preparación jurídica. Recibió una educación basada en la formación doméstica, en la religión y el estudio del piano. Despojada de cualquier estudio humanístico y político.

Estos preceptores están en el inicio de las habilidades sexuales de Isabel II. José Vicente Ventosa fue expulsado de palacio por razones graves. Francisco Frontela, se le conocía como el amante de la reina y ésta le concedió la Cruz de Carlos III. Salustiano Olózaga fue el encargado de desflorarla y de iniciarla en los principios amorosos.

Isabel II tenía un carácter temperamental y apasionado, al mismo tiempo que mostraba una ardiente sensualidad probablemente heredada de su madre. Otro aspecto muy reseñable era su gran generosidad y su ánimo alegre y vivaraz, que hacía muy agradable su presencia.

Isabel II  se vio fácilmente manipulada por los intereses partidistas, tanto por sus familiares como por las camarillas cortesana y determinados políticos. Al mismo tiempo, se veía las dificultadles que tenía para cumplir de forma eficaz las funciones políticas que el sistema constitucional le confería.

De esta época podemos valorar la descripción que hace el conde de Romanones de Isabel II:

“A los diez años Isabel resultaba atrasada, apenas si sabía leer con rapidez, la forma de su letra era la propia de las mujeres del pueblo, de la aritmética apenas sólo sabía sumar siempre que los sumandos fueran sencillos, su ortografía pésima. Odiaba la lectura, sus únicos entretenimientos eran lo juguetes y los perritos. Por haber estado exclusivamente en manos de los camaristas ignoraba las reglas del buen comer, su comportamiento en la mesa era deplorable, y todas esas características, de algún modo, la acompañaron toda su vida”.

Isabel II era una mujer con escasas cualidades intelectuales, como se puede comprobar en las Cartas que se conservan de la Reina en la Academia de la Historia de Madrid. podremos observar la simpleza de sus planteamientos.

SU MATRIMONIO

El ocho de noviembre de 1843, Isabel II es declarada mayor de edad con trece años. El primer problema que debe afrontar es del matrimonio. Este matrimonio se convierte no sólo en una cuestión de Estado sino en un problema europeo, pues lo que todos quieren es que no se rompa la actual situación de alianzas y equilibrios, que había en ese momento en Europa. Todos los países maniobran para que la nacionalidad del nuevo Rey no perjudicase sus alianzas e intereses.

Su madre María Cristina, plantea como marido al conde de Trapani, que era hermano de su madre y en consecuencia tío carnal. Francia plantea la candidatura del duque de Montpensier, que era hijo de Luis Felipe. También aspiraba el infante Enrique que era el segundo hijo de Francisco de Paula y de Luisa Carlota, hermana de su madre María Cristina, pero esta candidatura se vino abajo por su colaboración en el alzamiento carlista de Galicia.

Mientras sectores sociales españoles apoyan la idea de casarla con Carlos Luis de Borbón y Braganza, conde de Montemolín, hijo de Carlos María Isidro, el cual abdicó para facilitar el enlace, con lo que el problema dinástico se hubiera evitado, pero Isabel II no aceptó. Para ello contó con el apoyo de los liberales, y ahí está el origen de la segunda guerra carlista.

El general Narváez propuso a Francisco de Paula de las Dos Sicilias, conde de Trapani, pero este fue rechazo por los progresistas. La madre reina, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, propone a Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, que era pariente de la reina Victoria. Luis Felipe de Francia apoya la candidatura de cualquiera de sus dos hijos, Enrique de Orleans, duque de Aumale o de Antonio, duque de Montpensier, que acabó casándose con la hermana de Isabel II, la infanta Luisa Fernanda de Borbón.

Se celebra la conferencia de Eu, donde tanto  Francia como Inglaterra renuncian a que sus candidatos se casasen con Isabel II, por lo que se opta por Francisco de Asís de Borbón, que era considerado un hombre apocado y de poco carácter, que no iba a interferir en la política

Francisco de Asís de Borbón, hijo del Infante Francisco de Paula y de Luisa Carlota, era además primo hermano de Isabel. Esta elección satisfacía a todos los sectores políticos del país, porque lo consideraban un personaje políticamente inocuo y además se fundían en una sola las dos ramas reales.

La boda se celebró en Madrid, el 10 de octubre de 1846, cuando Isabel cumplía dieciséis años, siendo una boda doble pues también se casó su hermana Luisa Fernando de Borbón, que tenía catorce años con el príncipe Antonio de Orleans, duque de Montpensier e hijo menor de Luis Felipe I de Francia

La expresión que se oía esos días en España era: ¡Pobres niñas, condenadas a sendos matrimonios de conveniencia para salvar el trono!

Al conocer el nombre de su futuro marido, Isabel II se negó diciendo ¡No, con Paquita, no! Pero su madre María Cristina y una monja oscura, que estará presente en toda su vida, sor Patrocinio, le presionaron para que aceptara. Así el día antes del matrimonio Isabel II dijo a su madre: “He cedido como reina, pero no como mujer. Yo no he buscado a este hombre para que fuese mi marido; me lo han impuesto y no lo quería”.

Su noche de boda fue un fracaso. Es conocido el comentario que hace Isabel II al diplomático León y Castillo “que voy a decir de un hombre que en la noche de bodas llevaba en su camisa más bordados que yo en la mía”.

La presencia de Francisco de Asís enseguida levantó muchos dichos populares y se crearon numerosas coplas como la siguiente:

Isabelona / Tan frescachona / y don Paquita / tan mariquita

Desde el principio de su matrimonio ambos mostraron una mutua antipatía.   Francisco de Asís era homosexual, mientras que era conocida la escandalosa afición de la reina Isabel por los hombres.   Esto producía constante separaciones.   Son conocidas, como determinadas personas debían intermediar entre la pareja regia, como fue el general Narváez,  el confesor de la reina, el arzobispo Antonio María Claret y hasta el mismo Papa, Pío IX

SUS AMANTES

La vida de Isabel II se basa en una fiesta continua. Se acostaba a las cinco de la mañana y se levantaba a las tres de la tarde. Este modo de vida levantaba fuertes críticas en la sociedad española.

El primer amante oficial fue el general Serrano a quien Isabel II le calificaba “el general bonito”, y producía un auténtico escándalo porque la reina lo perseguía por todos los cuarteles de Madrid. Llegó a tal nivel el escándalo, que el ejército decidió trasladarlo fuera de Madrid.

Otros amantes reconocidos son el cantante José Mirall, cuya voz entusiasmaba a la reina. El conocido compositor Emiliano Arrieta, el coronel Gándara, también Manuel Lorenzo de Acuña, marqués de Bedma. Destaca el capitán José María Arana, conocido como ”el pollo Arana”, en esta relación hay una anécdota, que su marido Francisco de Asís, un día le dijo a la reina que tuviera cuidado con el pollo Arana, que le estaba poniendo los cuernos. Lo ascendió a coronel y le otorgó la Cruz Laureada de San Fernando.  Fruto de esa relación nació la infanta Isabel, que sería llamada popularmente la Araneja y también la Chata.

Otra relación también muy conocida fue con el capitán de ingenieros Enrique Puig Moltó conocido como “el pollo real”, que fue el padre de Alfonso XII, al que llamaron puigmolteño. Se dice que un día hablando Isabel con su hijo Alfonso XII de dijo “Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía”.

Otro amante reconocido fue el general O´Donnell que había llegado al poder con la Vicalvarada, iniciándose un periodo histórico conocido como el bienio progresista, dirigido dicho gobierno por la Unión Liberal (1854-1856). O´Donnell se sintió atraído por Isabel II y ésta le respondía, cultivando un amor platónico, que aumenta su comprensión y confianza mutua. La diferencia de edad entre ambos, veintiún años no les importaba nada. Sin embargo, este entendimiento fue cambiando por la influencia conservadora, que ejercían sobre la Reina, el padre Claret y sor Patrocinio, conocida como la monja de las Llagas, que intentaban neutralizar las medidas liberales que el gobierno de O´Donnell tomaba sobre la Iglesia. Esto llevó, a que Isabel II humillara públicamente a O´Donnell, provocando su cese.

Cabe destacar la anécdota, de que en el año 1860, O´Donnell va a despedirse de Isabel II antes de iniciar una nueva guerra en Marruecos, la Reina le dice cariñosamente que si ella fuera hombre iría con él. Francisco de Asís que estaba presente, añadió “lo mismo te dijo O´Donnell, lo mismo te dijo”.

Otros amantes fueron el secretario Miguel Tenorio; el cantante Tirso Obregón; José de Murga y Reolid, marqués de Linares por concesión real; el gobernador de Madrid y posterior ministro de Ultramar, Carlos Marfori y Calleja, que le acompañará a París cuando se exilia por el triunfo de la Gloriosa de 1868. El capitán de artillería, José Ramón de la Puente.

Fruto de estas relaciones tuvo los siguientes hijos:

- El 20 de mayo de 1849 da a luz un varón fallecido en el parto, hijo del marqués de Bedmar.

- El 12 de julio de 1850 dio a luz un nuevo varón que falleció a los cinco minutos de nacer, enterrado en el Panteón de príncipes de El Escorial y que probablemente fuera hijo del rey consorte Francisco de Asís de Borbón.

- El 20 de diciembre de 1851, dio a luz a la infanta María Isabel Francisca de Asís, popularmente conocida como la Chata, princesa de Asturias, hasta el nacimiento de Alfonso XII, hija del capitán José Ruiz Arana.

- El 5 de enero de 1854, nace la infanta María cristina, muerta al poco de nacer y que fue enterrada en el Panteón de El Escorial, de padre desconocido.

- El 24 de noviembre de 1855, tuvo un aborto avanzado, tras haberse publicado en la Gaceta de Madrid el embarazo real, de padre no conocido.

- El 20 de junio de 1856, hay un nuevo aborto de padre no conocido.

- El 28 de noviembre de 1857; Alfonso, príncipe de Asturias y más tarde rey de España, era hijo del capitán de ingenieros Enrique Puig Moltó.   A punto de dar a luz al futuro Alfonso XII, la Reina pregunto al médico que la atendía Tomás Eustaquio del Corral y Oña, si la criatura sería varón o hembra. Le contestó “Varón”, por ello y en señal de agradecimiento  le nombró marqués del Real Acierto.

- El 26 de diciembre de 1859, da a luz a la infanta Concepción, muerta a los veintiún meses, hija del rey consorte.

- En el año 1861 tuvo a María del Pilar Berenguela fallecida a los dieciocho años.

- En el año 1862 tuvo a María de la Paz de Borbón y Borbón, que fue casada con Luis Fernando de Baviera.

- En el año 1864 tuvo a María Eulalia de Borbón y Borbón, duquesa de Galliera, fue casada con Antonio de Orleans y Borbón.

- En el año 1866 nació Francisco de Asís Leopoldo de Borbón y Borbón, fallecido a las pocas semanas de nacer.

EL REY FRANCISCO DE ASÍS

Mientras todo esto sucedía su marido Francisco de Asís y Borbón tuvo un amigo de por vida, Antonio Ramón Meneses, con el que convivió toda su vida. Ante los continuos amantes de Isabel II, los asumió con naturalidad. Por el reconocimiento de la paternidad de los hijos de Isabel II, recibía a cambio un millón de reales por hacer la presentación de cada uno de ellos.

Como dice Isabel Burdiel “casada a los dieciséis años con su primo Francisco de Asís, a quien aborrecía, Isabel II tuvo en ese marido a su más ferviente enemigo, el espía de todos sus actos, el deslegitimador de sus derechos al trono”.

Una copla popular decía de Francisco de Asís:

Gran problema es en las Cortes
Averiguar si el consorte
Cuando acude al excusado
Mea de pie o mea sentado

Destacaba por su capacidad de intrigar en las Cortes, su gusto por las conspiraciones, su tendencia a clericalizar el juego político mediante el apoyo a personajes oscuros de la Iglesia.   Debe destacarse el papel del confesor del rey, el padre Fulgencio y de sor Patrocinio, que ejercieron una nefasta influencia en las relaciones entre ambos cónyuges.

Francisco de Asís prefería el palacio segoviano de Rio Frío a la cercanía de su esposa en el Palacio Real de Madrid.    Ya en el exilio se instaló en Epinay retirado de la vida pública y dedicado a su afición a los libros y al coleccionismo de obras de arte, hasta que muere en 1902, dos años antes que la Reina

EL FINAL DE ISABEL II

El 28 de septiembre de 1868, se produce el levantamiento de la Gloriosa, encabezada por los generales Prim, Serrano y el almirante Topete que contó con un gran apoyo popular que cantaban el himno de Riego y gritaban ¡Mueran los Borbones! Y que en algunos momentos se convirtió en ¡Mueran los bribones!. Esto supuso la salida de Isabel II al exilio de París. Desde él, no dejó de conspirar e hizo todo lo posible para que su hijo Alfonso XII recuperara el trono, como así sucedió en el año 1874.

Isabel II muere el 16 de abril de 1904. El historiador conservador José Luis Comellas hace un retrato de Isabel II “Desenvuelta, castiza, plena de espontaneidad y majeza, en la que el humor y el rasgo amable se mezclan con la chabacanería y con la ordinariez, apasionada por la España cuya secular corona ceñía y también por sus amantes".

El escritor Valle Inclán en su obra “la corte de los milagros“ hace la siguiente descripción: “La Católica Majestad, vestida con una bata de ringorrangos, flamencota, herpética, rubiales, encendidos los ojos del sueño, pintados los labios como las boqueras del chocolate, tenía esa expresión, un poco manflota, de las peponas de ocho cuartos”.

Ya al final de su vida, Isabel II, en una entrevista con el escritor Benito Pérez Galdós le decía: “¿Qué había de hacer yo, jovencilla, reina a los catorce años, sin ningún freo a mi voluntad, con  todo el dinero a mano para mis antojos y para darme el gusto de favorecer a los necesitados, no viendo al lado mío más que personas que se doblaban como cañas, ni oyendo más voces de adulación que me aturdían ¿Qué había de hacer yo? Póngase en mi caso…”

Así describia Pérez Galdós a Isabel II en 1902. “El reinado de Isabel II se irá borrando de la memoria, y los males que trajo, así como los bienes que produjo, pasarán sin dejar rastro. La pobre Reina, tan fervorosamente amada en su niñez, esperanza y alegría del pueblo, emblema de la libertad, después hollada, escarnecida y arrojada del reino, baja al sepulcro, sin que su muerte avive los entusiasmos ni los odios de otros días. Se juzgará su reinado con crítica severa: en él se verá el origen y el embrión de no pocos vicios de nuestra política; pero nadie niega ni desconoce la inmensa ternura de aquella alma ingenua, indolente, fácil a la piedad, al perdón, a la caridad, como incapaz de toda resolución tenaz y vigorosa. Doña Isabel vivió en perpetua infancia, y el mayor de sus infortunios fue haber nacido Reina y llevar en su mano la dirección moral de un pueblo, pesada obligación para tan tierna mano”.

Para Isabel Burdiel “Isabel II no fue una ninfómana; simplemente estuvo mal casada. Es cierto que tuvo muchos amantes, pero eso era habitual entre la aristocracia y la realeza de la época”. Sin embargo, para mí si fue una ninfómana y no valen excusas de justificación.
NOTA EXPLICATIVA

Tras la caída de la reina Isabel II y su posterior exilio a Francia, los hermanos Bécquer, Gustavo Adolfo Bécquer el poeta y Valeriano Domínguez Bécquer, firmaban bajo el pseudónimo de SEM, la obra “Los Borbones en pelotas” realizada entre los años 1868-1869, una serie de acuarelas de amplio contenido satírico y pornográfico.


Esta obra consta de 107 originales, que nunca fue publicada pero circuló de forma clandestina. Esta obra fue descubierta en 1986 pero solo se conservan 89 ilustraciones. Todas las ilustraciones menos la primera corresponden a esta obra de los hermanos Bécquer.

Fuente:http://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura---ocio/reina-ninfomana-isabel-ii-espana/20141123141535109549.html