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viernes, 28 de abril de 2017

Riccardo Bachi

Este artículo irá sobre el economista italiano Riccardo Bachi.

(Turín, 1875 - Roma, 1951) Economista italiano. La carrera profesional de Bachi se inició con los análisis sobre la situación económica del país, tanto contemporánea como histórica, que realizó para la administración italiana. Luego enseñó en algunas universidades, profundizó aún más en las estructuras económico-sociales italianas y publicó su obra más importante, Principios de Ciencia Económica (1937-1940).
Estudió en la Escuela Hebraica de Turín, donde recibió formación elemental y en 1894 se diplomó en contabilidad. Prosiguió sus estudios en la Escuela Superior de Comercio de Venecia, donde obtuvo un nuevo diploma de contabilidad en 1896 y otro en lengua y literatura francesas (1897). Ya había tenido una primera experiencia docente en Arcevia (Marche, 1896), cuando entró en el Instituto Técnico de Vicenza. Sin embargo, permaneció allí sólo unos meses, pues al poco volvió a Turín, donde había ganado la plaza de secretario jefe del Museo Industrial.
En 1903 conoció a Giovanni Montemartini, director de la Oficina de Trabajo del Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio, que le nombró secretario de la comisión encargada de elaborar el reglamento ejecutivo de las leyes sobre municipalidad. El año siguiente, ya establecido en Roma, sustituyó a Montemartini en la dirección de la Oficina de Trabajo.
En esta época comenzó la publicación anual de L'Italia economica (La Italia Económica), la más importante en su género de la década de los diez, cuyo objetivo era poner a disposición de políticos y economistas los conocimientos esenciales (estructura, estadísticas) sobre la economía del país. Cada anuario se confrontaba con el del año anterior y se dividía en sectores económicos; también aparecían las medidas político-económicas tomadas y analizaba algunos elementos particulares. Hasta 1915, fecha en que fue nombrado profesor de estadística en la Universidad de Macerata (Marche), dedicó todo su empeño a perfeccionar los métodos de análisis económico.
Poco después aplicó sus conocimientos y experiencia a analizar las consecuencias de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) en la economía, sociedad y política italianas, para lo cual utilizó datos referidos a las últimas décadas del siglo XIX. Señaló así la necesidad de mejoras en el gobierno y las instituciones públicas, además de describir las grandes deficiencias de la situación anterior a la guerra, junto a algunos elementos positivos. Incidió asimismo en la necesidad de formar a la población, cuyo déficit de educación consideraba el origen de muchos de los problemas de Italia. Todo ello lo recogió en tres escritos publicados en 1918: L'economia italiana alla vigilia della guerra (La economía italiana en vísperas de la guerra), Economia di guerra (Economía de guerra) y L'economia dell'Italia in guerra (La economía de Italia en la guerra).
En 1924 comenzó a enseñar economía política en la Universidad de Parma y, desde 1926, hizo lo propio en la asignatura de hacienda pública en la Universidad de Génova. El año siguiente se trasladó al Instituto de Ciencias Económicas y Comerciales de Roma, donde ocupó la cátedra de economía política. Junto a su labor docente realizó varios trabajos oficiales, análisis monetarios y estudios de historia económica, para diversas publicaciones como Annali di statistica (Anales de estadística) o Annali di economia (Anales de economía). Entre éstos destacan Le fluttuazioni stagionali nella vita economica italiana ("Las fluctuaciones estacionales en la vida económica italiana"), de 1919; Sulla costruzione di barometri economici in Italia ("Sobre la elaboración de barómetros económicos en Italia"), de 1928; y La politica della congiuntura: prevenzione e attenuazione degli effetti delle crisi economiche ("La política de la coyuntura: prevención y atenuación de los efectos de las crisis económicas"), de 1929.
Como consultor económico de la Conferencia de Paz, Bachi estudió la situación económica italiana de los años 1920-21 por encargo de la Sociedad de Naciones y reformó el archivo y estadísticas del Ministerio de Hacienda y del Tesoro por encomienda del ministro A. de Stefani. Elaboró una relación sobre la situación monetaria de Italia para la comisión de encuesta sobre el oro y la plata del Senado estadounidense. Publicó una Memoria sulla rilevazione statistica del movimento dei forestieri: relazione alla Direzione dell'Ente italiano per le industrie turistiche ("Memoria sobre la encuesta estadística de movimiento de extranjeros: relación para la Dirección del Organismo Italiano para la Industria Turística") en Giornale degli economisti (Periódico de los economistas), de 1921.
Sus estudios sobre historia económica no sólo estaban destinados a ofrecer una mejor visión de la situación económica contemporánea, sino a hacer notar a los historiadores la importancia de los factores económicos. Él mismo participó en la obra Las Cajas de Ahorro de la provincia lombarda en la evolución económica de la región, en 1923, con un capítulo titulado "Historia de las Cajas de Ahorro de la provincia lombarda 1823-1923", donde relacionaba hechos bancarios, económicos y sociales para examinar el ahorro y el uso del dinero.
En otras obras se aproximó a las implicaciones económicas de la Reunificación italiana, como en La economía y la hacienda de las primeras guerras por la independencia de Italia, de 1930. Finalmente, publicó un nuevo estudio en 1926 sobre la economía y sociedad italianas durante la Primera Guerra Mundial: La alimentación y la política recaudatoria en Italia, que fue publicado por la Fundación Carnegie.
Poco antes de la Segunda Guerra Mundial terminó un amplio tratado sobre economía en dos volúmenes, Principi di Scienza economica (Principios de Ciencia Económica), 1937-1940, con el que Bachi pretendía facilitar a los estudiantes las líneas generales de la economía a través de continuas referencias a la realidad, para evitar así una excesiva abstracción. En esta obra Bachi presentaba una visión general de la evolución del capitalismo: los precios, el mercado, el crédito o la moneda.
En 1939, las leyes contra los judíos del régimen fascista italiano le obligaron a dejar su cátedra en el Instituto de Ciencias Económicas y marchar a Palestina, en un momento en que se encontraban en efervescencia los movimientos hebreos por obtener una tierra propia. Bachi colaboró en el proyecto con sus conocimientos, enseñó en Tel Aviv y analizó la situación económica palestina.
Se acentuó entonces su sentido religioso, al señalar la Torah como el fundamento de un futuro estado hebreo por su afirmación de la justicia. En 1946 regresó a Italia, donde retomó su antigua dedicación docente y científica. Todavía publicó una segunda edición de su tratado de economía, pero no pudo escribir el tercer volumen proyectado sobre economía política. También formuló nuevos índices de mercado y escribió algunos nuevos artículos sobre cuestiones monetarias, incluidas algunas voces de la Enciclopedia Italiana como "Bretton Woods", "Cambio", "Inflación" (Inflazione), "Mercado Negro" (Mercato Nero) y "Moneda" (Moneta).
En ese momento consideró prioritarias sus investigaciones sobre historia hebrea. Ya anteriormente había colaborado en la Rassegna mensile di Israel (Reseña mensual de Israel), revista italiana sobre la vida hebrea, con artículos sobre el pensamiento económico de algunos escritores hebreos, y en otros medios de comunicación: el periódico La Stampa de Turín, la revista israelí Zion y otras. A partir de entonces se volcó en el estudio de la historia económica y social desde los años de la dispersión (siglo I d.C.). En 1952 se publicaron póstumamente sus estudios realizados en los últimos años de vida, bajo el título de Israel disperso y reconstituido. Páginas de historia y economía. Este mismo año se publicó también Colloqui con me stesso (Coloquios conmigo mismo), colección de escritos sobre su vida, los valores humanos rectores de la misma y sobre sus experiencias religiosas.

jueves, 9 de febrero de 2017

Rodrigo Rato

Hoy en economía hablamos sobre el caso de Rodrigo Rato, en este artículo trataremos sobre él.

(Madrid, 1949) Político español. Rodrigo Rato Figaredo nació el 18 de marzo de 1949 en Madrid. De formación conservadora y defensor del liberalismo económico, en 1975 empezó a trabajar en empresas privadas, incluida la cadena radiofónica Rato, fundada por su padre. En 1979, flanqueado por sus mentores políticos, Manuel Fraga y Abel Matutes, ingresó en Alianza Popular (AP) y, casi inmediatamente, pasó a formar parte del comité ejecutivo.
Rato fue elegido diputado por Cádiz en 1982 y portavoz del Grupo Popular en el Congreso en 1989, cuando AP pasó a denominarse Partido Popular (PP). Su perfecta sintonía con José María Aznar, presidente del partido desde 1990, sería decisiva para su desarrollo político en las filas de la oposición. Ese mismo año, una hábil negociación de Rodrigo Rato desembocó en la venta de la Cadena Rato a la ONCE por 500 millones de pesetas.
Las elecciones de marzo de 1996 supusieron la victoria del PP y, dos meses más tarde, Aznar consiguió su investidura como presidente del gobierno al recibir el apoyo de las minorías catalana y vasca. Rato obtendría un primer triunfo político a raíz de sus hábiles negociaciones con el conseller de la Generalitat de Catalunya Joaquim Molins, que desembocaron en el acuerdo de colaboración firmado entre Jordi Pujol y Aznar.

Rodrigo Rato
Si bien en un primer momento la llegada del PP al poder provocó una caída de las bolsas, que en la de Madrid alcanzó los 16,8 puntos y en la de Barcelona los 14,3, el primer objetivo que se marcó el nuevo gobierno fue la recuperación de la economía. Y ahí iba a desempeñar un papel decisivo el saber hacer de Rodrigo Rato.
Al frente de la economía española
En la primera legislatura (1996-2000) Rato desempeñó la doble función de vicepresidente segundo del gobierno para Asuntos Económicos y de ministro de Economía y Hacienda. En la segunda legislatura (2000-2004) fue designado vicepresidente primero, en tanto que asumía también la cartera de Economía, ahora ya sin la competencia de Hacienda, convertida en departamento autónomo.
Tras apenas un año del PP al frente del gobierno, los indicadores económicos mostraban una clara mejoría, a lo que contribuyó la rebaja de los tipos de interés, el control de la inflación y el descenso de los índices de paro. Al finalizar la primera etapa en el gobierno, Rato tenía buenos motivos para estar satisfecho de su gestión: la economía española había alcanzado una tasa de crecimiento del producto interior bruto (PIB) del 4,1 %, la segunda más alta de la Unión Europea.
Cuando sólo había transcurrido un año de la segunda legislatura, el mundo occidental se vio sacudido por la tragedia del 11 de septiembre en Nueva York, con importantes consecuencias para la economía. Mientras la recesión se hacía realidad en Estados Unidos y la desaceleración en Europa, Rato anunciaba para España tasas de crecimiento en torno al 2 %.
Pero, en la trayectoria del ministro que saneó las cuentas públicas, lideró el proceso de adaptación al euro, reformó el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) y redujo el desempleo, también hubo zonas de sombras, algunas de ellas de gran impacto mediático.
El «caso Gescartera»
El mundo de los negocios ya había dado más de un quebradero de cabeza a la familia de Rodrigo Rato. Entre ellos, el más sonado fue el caso de evasión de divisas, bajo la cobertura del Banco Siero, que llevó a la cárcel a su padre y a su hermano mayor en 1967.
Tan sólo llevaba un año como ministro cuando, en 1997, se vio implicado en el «caso Rebecasa» (Refrescos y Bebidas de Castilla, S. A.). La empresa, propiedad de la familia Rato, debió hacer frente a una querella criminal ante el Tribunal Supremo tras una fraudulenta suspensión de pagos.
En 2000 salió a la luz el préstamo de 3,15 millones de euros concedido por la Hong Kong and Shanghai Bank Corporation (HSBC) a Muinmo, S. L., empresa familiar en la que Rodrigo Rato participaba con un 33%. Este préstamo, conseguido con condiciones muy favorables para el prestatario, era fruto de las excelentes relaciones entre altos cargos del PP y el banco británico.
Un año después estallaría el mayor escándalo económico en el que se vio envuelto el ex ministro: el «caso Gescartera». Esta sociedad gestora de carteras, creada en 1992 y reconvertida en agencia de valores en 2000, fue finalmente intervenida por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) en 2001. Gescartera era responsable de una estafa de casi 20.000 millones de pesetas a más de dos mil personas o entidades, poniendo al descubierto una trama en la que estaban implicadas personas cercanas al PP, la ONCE e incluso la Iglesia católica.
A pesar de las duras críticas de la oposición a la labor de Rato y las reiteradas invitaciones a que dimitiera de sus cargos en el gobierno, su innegable habilidad política le hizo salir una vez más indemne. Sin embargo, cuando la segunda legislatura del PP llegaba a su fin, Rato hubo de ver cómo su compañero de partido Mariano Rajoy le arrebataba la participación en la carrera electoral frente al socialista José Luis Rodríguez Zapatero.
Director gerente del FMI
Sólo dos meses después del triunfo electoral del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Rato había sido tocado de nuevo por su buena estrella.
El 5 de mayo de 2004 los veinticuatro miembros del consejo ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) lo designaron por consenso director gerente de la entidad. Un cometido con una duración de cinco años, aunque con posibilidad de reelección. Rato se unía así a la selecta nómina de españoles al frente de organismos políticos internacionales, en la que fue precedido por Javier Solana (OTAN) y Federico Mayor Zaragoza (Unesco).
La candidatura de Rato estuvo apoyada, fundamentalmente, por los ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea. A raíz de su elección, también se comentó sotto voce el posible aval con el que contaría del club de Bilderberg, delegación europea del grupo masónico estadounidense Council on Foreign Relations (CFR), encabezado por el ex secretario de Estado Henry Kissinger. Tampoco pasó desapercibido para la prensa el apoyo recibido por el Grupo Prisa, claramente favorecido por la gestión de Rato.
La tarea de Rodrigo Rato al frente del FMI le obligaba a enfrentarse a problemas tan espinosos como la subida del precio del petróleo o el incremento del precio del dinero en Estados Unidos, con su evidente repercusión en la deuda externa de los países en vías de desarrollo. Considerado un buen conocedor de la problemática de Latinoamérica, era en los países de este área donde su gestión se veía con mayor esperanza. Argentina, deudor de 88.000 millones de dólares, o Brasil, cuya deuda era superior al 80 % de su PIB, confiaban en que Rato emprendiera una democratización del organismo.
La consideración de las circunstancias sociopolíticas de los países deudores, y no sólo de los indicadores macroeconómicos, sería un gran avance en este sentido. Rato, por su parte, se ofrecía para el diálogo con el G-24, que engloba a países en vías de desarrollo, mientras manifestaba en repetidas ocasiones su deseo de contribuir a la estabilidad financiera mundial, un objetivo que impregnaba el espíritu del FMI, la organización fundada en 1945, tras la reunión de Bretton Woods, en unos tiempos en los que no soplaban buenos vientos para la economía.
A diferencia de otros miembros de su partido que, como él, poco a poco irían ganando posiciones de vanguardia en el gobierno español, la imagen de Rodrigo Rato ha sido siempre discreta, más propia de un tecnócrata que de un político de masas. Pero es precisamente esa actitud, que pudiera verse como fría o distante, la que le ha permitido resistir incólume todos los embates de la política cotidiana, e incluso salir a flote tras el naufragio electoral del 14 de marzo de 2004. Mientras José María Aznar, el hombre al que prestó su «materia gris» en el terreno económico, perdía protagonismo social, Rato se sigue desenvolviendo con fortuna en la arena política mundial, a la cabeza del Fondo Monetario Internacional (FMI).

David Ricardo

Hoy en clase de economía hablamos sobre David Ricardo , este artículo irá sobre él.

David Ricardo

Economista inglés (Londres, 1772 - Gatcomb Park, Gloucestershire, 1823). Procedía de una familia judía sefardí originaria de Holanda, y en aquel país recibió su primera educación judía ortodoxa. Luego se formó en la práctica ayudando a su padre, que era corredor de Bolsa. Tras romper con su familia por su matrimonio con una mujer cristiana (cuáquera), se estableció por su cuenta como corredor y especulador de Bolsa, acumulando en poco tiempo una gran fortuna, que le permitió retirarse de los negocios a los cuarenta años.
Su formación económica fue autodidacta y tardía, y se debió a la lectura de la obra fundamental de Adam SmithLa riqueza de las naciones. A partir de ella desarrolló su propio pensamiento, centrado inicialmente en cuestiones monetarias; en ese terreno no fue muy original, defendiendo la teoría cuantitativista que vinculaba la inflación monetaria con la abundancia de dinero, y postulando, por tanto, la vuelta del Banco de Inglaterra al patrón oro.

David Ricardo
Fue su amigo James Mill el que, consciente del valor intelectual de Ricardo, le animó a poner por escrito su concepción teórica del sistema económico, en la época en que ya se había retirado al campo a cultivar sus aficiones. Fue así como surgieron los Principios de economía política y tributación (1817), una obra breve que contiene la formulación más sistemática y coherente del pensamiento económico clásico.
Mill quiso ir más allá y convenció a Ricardo para que entrara en la política activa, a fin de «educar» al Parlamento en materia de economía; efectivamente, se hizo elegir por un distrito de bolsillo de Irlanda en 1819 y actuó en la Cámara de los Comunes hasta su muerte como un liberal independiente. Durante años mantuvo un acalorado debate intelectual -compatible con relaciones de amistad y respeto- con Thomas Malthus.
La obra de Ricardo destaca por su razonamiento abstracto, simplificando la realidad hasta definir un modelo teórico que dé cuenta del funcionamiento esencial del sistema económico; se le considera, por ello, el padre de la teoría económica y el primer economista profesional.
Fue un ardiente liberal, partidario de políticas económicas que impulsaran el crecimiento económico a base de garantizar a los capitalistas altos márgenes de beneficio, de manera que vino a teorizar el proceso de la Revolución Industrial británica. Razonó sobre la base de suponer que los salarios no podían -ni debían- elevarse sobre el nivel de la mera subsistencia; y criticó hasta la saciedad a los terratenientes, describiendo la renta de la tierra como un ingreso parasitario que no contribuía a la producción, pero que frenaba el crecimiento. Por la ley de los rendimientos decrecientes, creía inevitable un proceso de elevación de las rentas de la tierra y de los salarios de los trabajadores, que iría reduciendo los márgenes de ganancia hasta provocar el fin del crecimiento capitalista (el estado estacionario).
Con su teoría de la ventaja comparativa argumentó de manera convincente en favor del librecambismo; y propugnó la abolición de las Leyes de Granos británicas, mecanismo proteccionista que contribuía a enriquecer a los terratenientes (que dominaban el Parlamento y la vida política) en detrimento de los verdaderos creadores de riqueza, que eran los empresarios capitalistas. Ricardo fue, por tanto, un portavoz cualificado de los intereses empresariales surgidos al calor de la Revolución Industrial; y así se explica su influencia sobre el resto de la escuela clásica (hasta John Stuart Mill) y sobre el pensamiento económico ortodoxo del mundo capitalista hasta el siglo XX (actualizado por revisiones como la de Alfred Marshall).
Sin embargo, también había en sus escritos elementos que permitieron interpretaciones de tipo socialista, y de hecho el pensamiento económico de Marx consistió en desarrollar las ideas de Ricardo hasta sus últimas consecuencias: por ejemplo, Ricardo había asentado definitivamente la teoría del valor-trabajo, según la cual sólo el trabajo produce valor, de donde Marx extrajo la conclusión de que los capitalistas explotan a sus trabajadores porque detraen una parte del producto de su trabajo -la plusvalía- para apropiárselo como beneficios; también aprovechó Marx la idea ricardiana del estado estacionario para profetizar un derrumbamiento inevitable del sistema capitalista, agotado por sus propias contradicciones.
Aparte de esta vinculación con el socialismo marxista, Ricardo dio pie también a otras interpretaciones heterodoxas, como la de Henry George (basada en la ilegitimidad de la renta de la tierra, que debía ser confiscada por el Estado mediante un impuesto), la de los socialistas ricardianos o, ya en el siglo XX, la escuela neorricardiana fundada por Sraffa.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Karl Marx

Hoy en clase de economía hablamos sobre el economista y filósofo, Karl Marx. En este artículo, comentaremos su vida.

(Tréveris, Prusia occidental, 1818 - Londres, 1883) Pensador socialista y activista revolucionario de origen alemán. Raramente la obra de un filósofo ha tenido tan vastas y tangibles consecuencias históricas como la de Karl Marx: desde la Revolución rusa de 1917, y hasta la caída del muro de Berlín en 1989, la mitad de la humanidad vivió bajo regímenes políticos que se declararon herederos de su pensamiento. Contra lo que pudiera parecer, el fracaso y derrumbamiento del bloque comunista no habla en contra de Marx, sino contra ciertas interpretaciones de su obra y contra la praxis revolucionaria de líderes que el filósofo no llegó a conocer, y de los que en cierto modo se desligó proféticamente al afirmar que él no era marxista.

 
Karl Marx

Ciertamente fallaron sus predicciones acerca del inevitable colapso del sistema capitalista, pero, frente a los socialistas utópicos, apenas se interesó en cómo había de organizarse la sociedad. En lugar de ello, Marx se propuso desarrollar un socialismo científico que partía de un detallado estudio del capitalismo desde una perspectiva económica y revelaba las perversiones e injusticias intrínsecas del sistema capitalista; en tal análisis, fecundo por los desarrollos posteriores y vigente en muchos aspectos, reside el verdadero valor de su legado. En cualquier caso, es innegable la altura de sus ideales; nunca ambicionó nada excepto "trabajar para la humanidad", según sus propias palabras. Y, refiriéndose a su libro El capital, dijo: "Dudo que nadie haya escrito tanto sobre el dinero teniendo tan poco".

Biografía

Karl Marx procedía de una familia judía de clase media; su padre era un abogado convertido recientemente al luteranismo. Estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena, doctorándose en filosofía por esta última en 1841. Desde esa época el pensamiento de Marx quedaría asentado sobre la dialéctica de Hegel, si bien sustituyó el idealismo hegeliano por una concepción materialista, según la cual las fuerzas económicas constituyen la infraestructura subyacente que determina, en última instancia, fenómenos «superestructurales» como el orden social, político y cultural.

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En 1843 se casó con Jenny von Westphalen, cuyo padre inició a Marx en el interés por las doctrinas racionalistas de la Revolución francesa y por los primeros pensadores socialistas. Convertido en un demócrata radical, Marx trabajó algún tiempo como profesor y periodista; pero sus ideas políticas le obligaron a dejar Alemania e instalarse en París (1843).

Por entonces estableció una duradera amistad con Friedrich Engels, que se plasmaría en la estrecha colaboración intelectual y política de ambos. Fue expulsado de Francia en 1845 y se refugió en Bruselas; por fin, tras una breve estancia en Colonia para apoyar las tendencias radicales presentes en la Revolución alemana de 1848, pasó a llevar una vida más estable en Londres, en donde desarrolló desde 1849 la mayor parte de su obra escrita. Su dedicación a la causa del socialismo le hizo sufrir grandes dificultades materiales, superadas gracias a la ayuda económica de Engels.

 
Engels y Marx

Marx partió de la crítica a los socialistas anteriores, a los que calificó de «utópicos», si bien tomó de ellos muchos elementos de su pensamiento (particularmente, de autores como Saint-Simon, Robert Owen o Charles Fourier). Tales pensadores se habían limitado a imaginar cómo podría ser la sociedad perfecta del futuro y a esperar que su implantación resultara del convencimiento general y del ejemplo de unas pocas comunidades modélicas.

Por el contrario, Marx y Engels pretendían hacer un «socialismo científico», basado en la crítica sistemática del orden establecido y el descubrimiento de las leyes objetivas que conducirían a su superación; la fuerza de la revolución (y no el convencimiento pacífico ni las reformas graduales) sería la forma de acabar con la civilización burguesa. En 1848, a petición de una liga revolucionaria clandestina formada por emigrantes alemanes, Marx y Engels plasmaron tales ideas en el Manifiesto Comunista, un panfleto de retórica incendiaria situado en el contexto de las revoluciones europeas de 1848.

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El capital

Posteriormente, durante su estancia en Inglaterra, Marx profundizó en el estudio de la economía política clásica y, apoyándose fundamentalmente en el modelo de David Ricardo, construyó su propia doctrina económica, que plasmó en El capital; de esa obra monumental sólo llegó a publicar el primer volumen (1867), mientras que los dos restantes los editaría después de su muerte su amigo Engels, poniendo en orden los manuscritos preparados por Marx.

Partiendo de la doctrina clásica, según la cual sólo el trabajo humano produce valor, Marx señaló la explotación del trabajador, patente en la extracción de la plusvalía, es decir, la parte del trabajo no pagada al obrero y apropiada por el capitalista, de donde surge la acumulación del capital. Denunciaba con ello la esencia injusta, ilegítima y violenta del sistema económico capitalista, en el que veía la base de la dominación de clase que ejercía la burguesía.

 
Karl Marx

Sin embargo, su análisis aseguraba que el capitalismo tenía carácter histórico, como cualquier otro sistema, y no respondía a un orden natural inmutable como habían pretendido los clásicos: igual que había surgido de un proceso histórico por el que sustituyó al feudalismo, el capitalismo estaba abocado a hundirse por sus propias contradicciones internas, dejando paso al socialismo. La tendencia inevitable al descenso de las tasas de ganancia se iría reflejando en crisis periódicas de intensidad creciente hasta llegar al virtual derrumbamiento de la sociedad burguesa; para entonces, la lógica del sistema habría polarizado a la sociedad en dos clases contrapuestas por intereses irreconciliables, de tal modo que las masas proletarizadas, conscientes de su explotación, acabarían protagonizando la revolución que daría paso al socialismo.

En otras obras suyas, Marx completó esta base económica de su razonamiento con otras reflexiones de carácter histórico y político: precisó la lógica de lucha de clases que, en su opinión, subyace en toda la historia de la humanidad y que hace que ésta avance a saltos dialécticos, resultado del choque revolucionario entre explotadores y explotados, como trasunto de la contradicción inevitable entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el encorsetamiento al que las someten las relaciones sociales de producción.

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También indicó Marx el objetivo último de la revolución socialista que esperaba: la emancipación definitiva y global del hombre (al abolir la propiedad privada de los medios de producción, que era la causa de la alienación de los trabajadores), completando así la emancipación meramente jurídica y política realizada por la revolución burguesa (que identificaba con el modelo francés). Sobre esa base, Marx apuntaba hacia un futuro socialista entendido como realización plena de las ideas de libertad, igualdad y fraternidad, como fruto de una auténtica democracia; la «dictadura del proletariado» tendría un carácter meramente instrumental y transitorio, pues el objetivo no era el reforzamiento del poder estatal con la nacionalización de los medios de producción, sino el paso (tan pronto como fuera posible) a la fase comunista en la que, desaparecidas las contradicciones de clase, ya no sería necesario el poder coercitivo del Estado.

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La Primera Internacional

Marx fue, además, un incansable activista de la revolución obrera. Tras su militancia en la diminuta Liga de los Comunistas (disuelta en 1852), se movió en los ambientes de los conspiradores revolucionarios exiliados hasta que, en 1864, la creación de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) le dio la oportunidad de impregnar al movimiento obrero mundial de sus ideas socialistas.

En el seno de aquella Primera Internacional, gran parte de sus energías las absorbió la lucha contra el moderado sindicalismo de los obreros británicos y contra las tendencias anarquistas continentales representadas por Pierre Joseph Proudhon y Mijaíl Bakunin. Marx triunfó e impuso su doctrina como línea oficial de la Internacional, si bien ésta acabaría por hundirse como efecto combinado de las divisiones internas y de la represión desatada por los gobiernos europeos a raíz de la revolución de la Comuna de París (1870).

Retirado desde entonces de la actividad política, Marx siguió ejerciendo su influencia a través de sus discípulos alemanes, como August Bebel o Wilhelm Liebknecht; desde su creación en 1875, ambos fueron figuras de peso en el Partido Socialdemócrata Alemán, grupo dominante de la Segunda Internacional que, bajo inspiración decididamente marxista, se fundó en 1889. Muerto ya Marx, Engels asumió el liderazgo moral de aquel movimiento y la influencia ideológica de ambos siguió siendo determinante durante un siglo.

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Sin embargo, el empeño vital de Marx había sido el de criticar el orden burgués y preparar su destrucción revolucionaria, evitando caer en las ensoñaciones idealistas de las que acusaba a los visionarios utópicos; por ello no dijo apenas nada sobre el modo en que debían organizarse el Estado y la economía socialistas una vez conquistado el poder, dando lugar a interpretaciones muy diversas entre sus adeptos. Dichos seguidores se escindieron entre una rama socialdemócrata cada vez más orientada a la lucha parlamentaria y a la defensa de mejoras graduales salvaguardando las libertades políticas individuales (Karl Kautsky, Eduard Bernstein, Friedrich Ebert) y una rama comunista que dio lugar a la Revolución bolchevique en Rusia y al establecimiento de Estados socialistas con economía planificada y dictadura de partido único (Lenin y Stalin en la URSS y Mao Tse-tung en China).

John Stuart Mill

En clase de economía tocó hablar del gran economista John Stuart Mill y de sus aportaciones a la actual economía.

John Stuart Mill
(Londres, 1806 - Aviñón, Francia, 1873) Economista, lógico y filósofo británico. Hijo del también economista James Mill, fue educado de forma exclusiva por éste según los estrictos principios del Emilio de Rousseau. Dotado de una inteligencia extraordinaria, a los diez años estaba versado en griego y latín y poseía un exhaustivo conocimiento de los clásicos. A los trece años su padre le introdujo en los principios de la lógica y de la economía política, centrándose en este ámbito en la obra de Adam Smith y David Ricardo.

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John Stuart Mill

En 1823 ingresó en la Compañía de las Indias Orientales, donde llegaría a ocupar el cargo de jefe de la Oficina para las Relaciones con los Estados Indios. Activo políticamente en defensa de la causa abolicionista durante la guerra civil estadounidense, desde 1865 y durante tres años ocupó un escaño en la Cámara de los Comunes, donde sería objeto constante de polémica a causa de su decidido apoyo a las medidas a favor de las clases menos privilegiadas y de la igualdad de derechos para la mujer.

Sus primeros escritos aparecieron publicados en las páginas de los diarios The Traveller y The Morning Chronicle, y se ocuparon fundamentalmente de la defensa de la libre expresión. En 1824, la aparición de The Westminster Review, órgano de transmisión de la ideas filosóficas radicales, proporcionó a Mill un atrio privilegiado desde el que difundir su ideario liberal.

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En el campo de la ética, Mill defendió una suerte de matizado utilitarismo en el que pueden entreverse influencias de Bentham y en el que introdujo una constante preocupación por incluir en el concepto habitual de «utilidad» las satisfacciones derivadas del libre ejercicio de la imaginación y la conciencia crítica. Sobre las principales tendencias filosóficas de su tiempo, Mill se manifestó a favor del positivismo comtiano y contrario al intuicionismo de Hamilton.

Políticamente mostró siempre un gran entusiasmo por la forma democrática de gobierno, atemperado por el pesimismo sobre la incidencia real en el bienestar social de su práctica. Sus trabajos sobre lógica y metodología de las ciencias revistieron gran importancia en su tiempo, fundamentalmente mediante su búsqueda constante de un principio válido para la inferencia de leyes generales; tras los pasos de Hume, Mill definió la causalidad como un proceso empírico falsable que denominó «inducción por enumeración».

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En su papel como economista, Mill fue considerado históricamente como un representante tardío de la escuela clásica inglesa; algunos autores posteriores, como Marx, discutieron dicha filiación y destacaron su alejamiento de la noción del valor-trabajo. Su obra principal en el campo de la economía política apareció en 1848 bajo el título de Principles of Political Economy (Principios de economía política), en los que cabe distinguir tres partes diferenciadas.

En la primera, Mill elaboró un completo análisis del proceso de formación de los salarios que entendió determinado por la interacción entre la oferta de trabajo y de la demanda del mismo en forma de fondo de salarios. Consideró el beneficio como renta del capital y lo hizo dependiente del nivel general de precios. En su teoría del intercambio introdujo la utilidad como factor determinante del valor de cambio de un bien, a la par con su coste de producción. En el campo de la economía internacional se le debe la introducción del término «relación real de intercambio».

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En la segunda parte se ocupó de cuestiones de estática y dinámica y expuso su idea de una evolución hacia el estancamiento de la totalidad del sistema capitalista a causa de una tendencia irreversible a la reducción de los beneficios, concepto que sería recuperado por Marx. La tercera parte es la que mejor refleja su talante reformista y trata de las medidas necesarias para favorecer una más justa distribución de la renta, entre las que Mill propuso la limitación de la herencia, la cooperación obrera e interterritorial y la promoción de la pequeña propiedad campesina.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Hoy en economía se habló de la película de Martin Scorsese, el lobo de Wall Street. Comentamos la vericidad de la verdadera historia de Jordan Belfort.

El lobo de Wall Street’, el filme dirigido por Martin Scorsese y que tiene a Leonardo DiCaprio muy cerca de llevarse su primer Óscar, ha sido acusado de ser una burda apología al crimen y al materialismo, así como una oda a la drogadicción y los excesos sexuales.

En efecto, de excesos está llena la película, en cuya primera escena un grupo de individuos juega a lanzar enanos contra una diana, solo por diversión. Pero, por lo visto, los desmanes reflejados en la película no hacen más que reflejar la realidad sobre Jordan Belfort, en quien está inspirado el filme.

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Se trata de un corredor de bolsa neoyorquino, hoy de 54 años, quien se hizo multimillonario muy joven, a los 26 años, y fue enviado a prisión por manipulación del mercado de valores y lavado de dinero, entre otros cargos. Perdió US$200 millones de quienes incautamente invirtieron en acciones basura.

Belfort no nació siendo rico. Creció en una familia judía de clase media baja. Sus padres, Leah y Max, eran contadores; estudió biología en la American University e incluso intentó estudiar odontología, pero -como lo cuenta el diario The Independent- el decano le recordó: “La edad de oro de la odontología ha terminado. Si usted está aquí solo para hacerse rico, está en el lugar equivocado”.

Y tan equivocado estaba como odontólogo, y como biólogo, que inevitablemente su ambición desaforada lo condujo a Wall Street, donde trabajó en LF Rothschild, una firma de corredores de bolsa que fue su primera escuela y que quebró en 1988.

Fraudster, Jordan Belfort (R). Jordan Belfort is commonly though

Decidió fundar su propia compañía en los años 90, Stratton Oakmont, que vendía acciones por pocos centavos prometiendo ganancias astronómicas. Llegó a manejar 6 automóviles del más alto lujo, a tener su propio helicóptero y a navegar un yate de 167 pies, antigua propiedad de CocoChanel.

Belfort era adicto al alcohol y a muchos tipos de drogas, entre ellas cocaína y morfina, pero en especial a la metacualona, una especie de sedante muy popular en los años 60 y 70.

Este coctel de drogas le producía la euforia y la excitación sexual que Leonardo Di Caprio evidencia en su desaforada actuación, como una radiografía de un estilo de vida casi religioso donde el ‘dios’ es el dinero y donde Belfort es el ‘elegido’ por el capitalismo salvaje para hacer el ‘milagro’ de inflar acciones sin valor.

Al año, Belfort llegó a tener ganancias por US$50 millones. Pero a final de cuentas, el único milagro que obtuvo fue el de pagar solo 22 meses de prisión y el deber de indemnizar a sus clientes con US$110,4 millones. No obstante, este macho alfa de la estafa solo ha devuelto el 10 %, es decir, US$10,4 millones.

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Estando en la cárcel conoció a Tommy Chong, un actor, escritor y defensor de la venta libre de marihuana, quien lo convenció de contar su historia. Belfort publicó ‘The Wolf of Wall Street’ y ‘Catching The Wolf of Wall Street’, libros que han sido traducidos a 18 idiomas.

Y fue tal el éxito de sus memorias, que no sólo Scorsese y DiCaprio se interesaron en llevar su vida al cine. La película del año 2000 titulada ‘Boiler Room’ (con Vin Diesel y Ben Affleck), también está inspirada en sus memorias.

Entre los años 2009 y 2013, Belfort ganó cerca de US$2 millones por la venta de sus libros y otros US$24.000 por las conferencias que dicta. Sí, porque hoy día es un célebre conferencista motivacional, que enseña sus técnicas para ser un as en las ventas.

Sobre él se ha escrito en diarios tan prestigiosos como The New York Times, The Wall Street Journal, Le Monde, el Corriere della Serra, Forbes, BusinessWeek, Paris Match y Rolling Stone.

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Asistir a una de sus charlas cuesta alrededor de US$500 por persona, y su método se basa en una mezcla de psicología del comportamiento, estrategias para la persuasión y neurociencias aplicadas a las ventas. Lo llama el ‘Straight Line System’ hacia la venta perfecta.

Para la película, DiCaprio se reunió decenas de horas con Belfort hasta perfeccionar los discursos motivacionales que daba a sus empleados y que vemos en la película. Hoy en día, el corredor de bolsa lleva 12 años sobrio, aunque toma bebidas energizantes con cafeína. La única adicción que conserva intacta es, por supuesto, la adicción al dinero.


Tips de venta de Jordan Belfort:

Pida aumento: “Usted es un producto valioso, con unos valores agregados en su desempeño actual y que puede ser beneficiosos a futuro. Conéctese con su jefe, véndale su idea del aumento, pero dígale lo que esa inversión traerá para la empresa, hable de beneficios”.

¡Contratado!: No se conforme con decir “Quiero trabajar aquí”, sino “Yo puedo aportar ´X cosas’ a su compañía”. Y a la pregunta ¿Cómo se ve en cinco años?, responda: “Me veo creciendo en esta empresa, liderando un grupo de personas y compartiendo mis conocimientos con los demás”.

La primera impresión: “Su tono de voz y su lenguaje corporal, harán que una persona lo escuche. Solo el tono hará creer que usted es confiable en lo que dice”.

Lea las señales: Así como utiliza su lenguaje y su cuerpo, también observe como actúa su interlocutor y póngase a su nivel para lograr mejor entendimiento”.


Pregunta reflexiva: “Si a su cliente le formula preguntas reflexivas, él sentirá que está en buenas manos”.

sábado, 12 de noviembre de 2016

De nueva cuenta, me apetece traer un artículo relacionado con la asignatura de economía. Este trabajo estará relacionado con la subida al poder de Donald Trump, un tema polémico cuantos menos. Analizaremos como afectará la presidencia de este hombre a la economía española y mundial.

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“Si Trump se impone, a corto plazo creemos que podría desencadenarse un movimiento de huida del riesgo debido al mayor nivel de incertidumbre que se asocia a su figura, sañalan desde Fidelity. No debería subestimarse la importancia del resultado de las elecciones presidenciales en EE UU”, advierte Sophie Chardon, estratega de inversión en Lombard Odier. El carácter perturbador de una posible presidencia de Trump lo convierte en un aspecto crucial desde el punto de vista de la confección de las carteras de inversión, añade. Steen Jakobsen economista jefe de Saxo Bank, tiene, en cambio, una visión más provocadora y señala que ningún candidato será mejor presidente que otro: Si Clinton gana, la probabilidad de una recesión aumenta inmediatamente. Si Trump triunfa, llegaremos rápidamente a una agitación política masiva.

El 8 de noviembre no solo se elige presidente en EE UU, sino que también habrá cambios en el Congreso: la Cámara de Representantes se renovará por completo; mientras que en el Senado elegirá a un tercio de sus miembros. Actualmente, ambas instituciones están en manos republicanas. Más importante que el nuevo presidente será la configuración del Congreso. El impacto económico de las elecciones dependerá mucho de su color”, señala Didier Borowski, responsable macroeconómico de Amundi. De los tres escenarios dibujados por la gestora francesa, al que menos probabilidades asignan es a una victoria de Trump con el apoyo de las dos cámaras para sacar adelante todo su programa “dada la falta de apoyos incluso en su propio partido”. Si el empresario tuviese carta blanca, Amundi augura que EE UU entraría en recesión, el déficit americano se dispararía y la economía mundial crecería menos de un 2%.

Cómo afectaría una victoria de Donald Trump a los mercados

Los análisis históricos revelan que la Bolsa estadounidense suele comportarse mejor con presidentes demócratas la rentabilidad media anual del S&P 500 durante mandatos del partido del burro es del 14,7%, frente al 5,4% de los republicanos—, aunque ello se ha debido principalmente al momento en el que se han producido. A pesar de que los efectos macroeconómicos y sobre los mercados son, en general, discutibles, lo que sí parece evidente es que las políticas de los presidentes sí tienen influencia en el comportamiento de los diferentes sectores económicos.

Tanto Clinton como Trump han prometido un generoso plan de infraestructuras en caso de ser elegidos. Esto quiere decir que el sector de la construcción se verá beneficiado en Bolsa sea uno u otro presidente. Esta es, sin embargo, de las pocas coincidencias. “Clinton es más progresista en inmigración, lo que beneficia a sectores con altos niveles de trabajadores indocumentados, sobre todo la agricultura. Es firme defensora del medio ambiente lo que favorece al negocio de las energías limpias. También defiende un fuerte incremento del salario mínimo y eso es malo para la restauración y la hostelería. Quiere impedir aumentos injustificados de los medicamentos, lo que es perjudicial para algunas farmacéuticas y quiere dar continuidad al Obama Care, lo que sería beneficioso para proveedores de servicios médicos y seguros, resumen en Fidelity.

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Impacto sectorial
En el caso de victoria de Trump, Sophie Chardon, de Lombard Odier, recuerda que los principales temas en la campaña del republicano sugieren buenos resultados en el parqué para las grandes farmacéuticas por la derogación del Obama Care, para las acciones de los bancos (por el desmantelamiento de la Ley Dodd-Frank que surgió tras la crisis para proteger al ahorrador), para las empresas del sector de materiales (por la imposición de aranceles al acero chino) y para las compañías tecnológicas por la oferta de amnistías fiscales para la repatriación de beneficios obtenidos en el extranjero. Trump también ha abogado por duplicar el peso del gasto militar en el PIB, lo que favorece a los contratistas de Defensa y a los fabricantes de armas. Su política de inmigración y de comercio, sin embargo, sería perjudicial para las empresas de los mercados emergentes.

En renta fija, un triunfo de Clinton también sería la mejor opción para los analistas. El mercado probablemente pondría en precio una subida de los tipos de interés de la Reserva Federal en diciembre. En el caso de victoria de Trump aumentaría la aversión al riesgo lo que traería rentabilidades menores en el mercado de deuda pública y mayor debilidad para los bonos corporativos, sobre todo en los de menor calidad, destaca Anthony Doyle, de M&G. En las divisas, hay unanimidad acerca de que si Trump vence el dólar se fortalecería, con un impacto negativo muy severo para el peso mexicano y el dólar canadiense por sus amenazas proteccionistas.