viernes, 28 de abril de 2017

Quintiliano

Este artículo tratará sobre Quintiliano un gran orator.

(Marco Fabio Quintiliano; Calagurris Nassica, hoy Calahorra, actual España, hacia 30 - ?, hacia 100) Escritor y retórico latino. No se conoce mucho de su biografía; ni siquiera se sabe si su padre era el rétor Quintiliano, nombrado por Séneca el Viejo en sus Controversias.
También resulta difícil aventurar cuánto tiempo permaneció en España antes de marcharse a Roma, donde se desarrolló el grueso de su formación. Allí, según señala el propio Quintiliano a lo largo de su obra, frecuentó la escuela de gramática de Q. Remmio Palemón (maestro también de Persio) y, más tarde, estuvo muy cercano al célebre orador Domicio Afro (muerto en el 59); también recuerda haber conocido a Pomponio y a Séneca. Concluida su formación en Roma, se supone que regresó a España, donde permaneció algún tiempo hasta que regresó a Roma, llamado por Galba, cuando éste fue proclamado emperador en el 68.

Quintiliano
A partir de ese momento, Quintiliano se dedicó a la enseñanza de la retórica, actividad que desarrolló durante al menos 20 años según señala en el prólogo de su Institutio oratoria (quizás entre los años 68-88 ó 70-90). Como profesor de retórica, Quintiliano alcanzó una gran fama y, de hecho, se convirtió en el primer profesor que abrió una escuela pública pagada por el fisco bajo Vespasiano. Pupilos suyos fueron Plinio el Joven y seguramente Tácito. Y aunque Juvenal señala que su sueldo no era muy elevado, Quintiliano consiguió amasar una buena fortuna. En todo este tiempo, tampoco abandonó por completo su profesión de abogado e incluso llegó a publicar alguno de sus discursos; quizás uno de sus procesos más célebres fue el de la reina Berenice, al que alude en su Institutio.
Bajo el emperador Domiciano, Quintiliano recibió el encargo de tutelar la educación de los nietos de su hermana (hijos de Flavio Clemente y de Flavia Domitila) y fue en aquella época cuando recibió los ornamenta consularia gracias a la intervención del propio Clemente; de todos modos, hay que suponer que se trató más de un título honorífico que de un poder real.
Tras todos esos años dedicados a la enseñanza, Quintiliano se retiró y se dispuso a componer un tratado de retórica o, mejor dicho, un verdadero manual para la instrucción de los jóvenes: la ya citada Institutio oratoria, obra compuesta entre el 93 y el 96, año de la muerte de Domiciano. En dicha obra, en el prefacio al libro VI, Quintiliano habla también de un hecho importante en su vida: su matrimonio y sus dos hijos. Aquí nos enteramos de que su esposa había muerto apenas cumplidos los 19 años. También murieron sus dos hijos: uno cuando tenía 5 años y otro con 9 años. Tras esta obra no se vuelven a tener noticias ciertas sobre Quintiliano, por lo que no es posible señalar la fecha exacta de su muerte, que debió ocurrir antes del año 100.
Obras de Quintiliano
Antes de abordar el estudio de la obra más importante de Quintiliano, la Institutio oratoria, es preciso citar algunas otras obras suyas que, por desgracia, no han llegado hasta nuestros días. En primer lugar hay que señalar el De causis corruptae eloquentiae, donde Quintiliano abordaba el problema de la decadencia de este arte. El propio autor nos indica que inició la composición de esta obra en el momento en que había muerto su hijo y se refiere a ella en varios pasajes de su Institutio. Su discurso Pro Naevio Arpiniano, también perdido, se publicó con toda seguridad, a diferencia de otros discursos suyos que pudieron circular sin su autorización.
También hay un grupo de obras atribuidas falsamente a Quintiliano: son las llamadas Declamationes Pseudo-Quintilianeae, que podemos dividir en dos tipos: Las conocidas como declamationes maiores y las declamationes minores. Las primeras son 19 piezas retóricas que circularon bajo el nombre del gran rétor hispano durante el siglo IV y que seguramente fueron editadas por algunos eruditos de ese período. Hoy existen grandes dudas acerca de la autoría real de Quintiliano sobre estas orationes que son en extremo artificiosas y rebuscadas, lo que contradice en parte la propia doctrina de Quintiliano.
Las declamationes minores son un conjunto de 145 piezas procedentes de una colección que en origen tenía 388. Son mucho más breves que las anteriores y cada una de ellas desarrolla de manera escueta un tema. Ello hace pensar que estas declamationes son más bien fruto de la escuela y que se compusieron como simples ejercicios didácticos. Realmente es difícil pensar que su autor fuera Quintiliano, aunque esta autoría no es del todo imposible.
Dejadas a un lado estas obras menores, hay que destacar por encima de todas ellas la Institutio oratoria, un gran tratado de retórica en 12 libros publicado seguramente antes de la muerte del emperador Domiciano en el año 96, a quien se elogia en el libro X. La obra aparece dedicada a Victorio Marcelo y, según sus propias palabras en el proemio, tardó en concluirla algo más dos años.
De acuerdo también con la carta que encabeza la Institutio dedicada al librero Trifón, la publicación del texto se había adelantado ante las exigencias de aquellos que ansiaban poder leer la obra. Además, en aquellos momentos circulaban bajo su nombre dos trataditos de retórica que no eran suyos, sino más bien apuntes tomados en sus clases, lo que le había llevado a escribir su propio manual para evitar los malos entendidos.
Ya desde el principio Quintiliano expone que su tratado no se va a caracterizar por su originalidad sino que va a estar basado, sobre todo, en su propia experiencia como rétor. Además, dado que él opinaba que nada era ajeno al arte de la oratoria, su libro iba a tratar de todos aquellos aspectos, incluso los más insignificantes, que ayudaban en la formación de un buen orador, un individuo virtuoso y además elocuente. De ese modo, la Institutio no es un simple tratado de retórica, sino todo un programa educativo que se inicia desde los primeros años de vida de un individuo.
De ese modo, para Quintiliano, gran admirador de Cicerón y de su estilo, el orador es algo más que alguien capaz de convencer a través de la palabra; para él, el orador es, ante todo, un hombre útil para el estado gracias a que su formación le ha convertido en un individuo cargado de valores morales, conocedor, entre otras muchas cosas, de la filosofía y, en definitiva, un sabio (opinión que no compartía, entre otros, Séneca, autor contra el que dirige abundantes críticas).
Así, Quintiliano reasume la tradición romana y, frente a Cicerón, que consideraba la filosofía como una de las principales disciplinas que cualquier orador debía conocer, y que incluso identificaba al orador con el filósofo (el orador es un filósofo que habla con elocuencia), Quintiliano piensa que el orador es simplemente un sabio y que la filosofía es una más de las artes que debe aprender para completar su formación.
Realmente, la admiración que Quintiliano sentía por Cicerón, a quien consideraba la verdadera encarnación de la elocuencia, dice mucho acerca de su postura: Quintiliano no veía con buenos ojos los derroteros que estaba tomando la elocuencia en Roma, ni tampoco le gustaba la manera en que los nuevos oradores y escritores manejaban la lengua; por ello, con su tratado, pretendía poner de nuevo las cosas en su sitio.
Con ese fin, Quintiliano escribió su manual, en el que Cicerón era el modelo; de hecho, las orationes ciceronianas sirven aquí para ejemplificar las funciones de las distintas partes del discurso; también siguiendo a Cicerón, Quintiliano considera que la elocutio es la más importante de las cinco partes en que se desglosa la actividad del orador (inventio, dispositio, elocutio, memoria y actio) y desarrolla la misma teoría de los tres estilos (el sublime, el medio y el ínfimo).
Sin embargo, hay un aspecto importante en el que la doctrina de Quintiliano se opone a la de Cicerón, y es precisamente al estudiar la relación entre ars ('arte, técnica') y natura ('naturaleza, ingenio o talento natural'): si para Cicerón la elocuencia era un don natural que podía mejorar con el estudio de la Retórica, para Quintiliano es un don que se puede alcanzar gracias precisamente a la Retórica. Aquí radica la principal diferencia: mientras que Cicerón hablaba en sus tratados sobre retórica desde su propia experiencia de orador exitoso y revelaba así los frutos de su experiencia, Quintiliano habla como profesor de Retórica y, por ello, intenta ser exhaustivo en todos aquellos aspectos que Cicerón ni siquiera había tratado en la idea de que la perseverancia y unos buenos maestros son capaces de crear un orador.
Desde luego, la oratoria de los tiempos de Cicerón no era la misma que la de la época de Quintiliano; así, aunque Quintiliano reconoce la importancia de la oratoria deliberativa, los tiempos no eran los más propicios para el debate político en un Senado sometido al poder del emperador; sí, en cambio, para la oratoria forense, verdadero campo en el que ejercitarse y en el que enriquecerse. Sin embargo, esta oratoria, abandonando toda moderación, había caído en el exceso, algo criticado por autores como Tácito o Plinio: aquí, todo era válido para obtener el aplauso del auditorio, y la oratoria, enseñada en la escuela a través de las famosas controversias y suasorias, se había desvirtuado y había perdido su intención moral.
Las armas de la elocuencia podían caer en manos de cualquiera, con el peligro que eso entrañaba. Ante esta situación, Quintiliano sólo aspiraba a devolver a la oratoria su medida y, si bien abogaba por las declamationes escolares, quería que éstas se ciñeran al campo de lo verosímil y lo cercano a la realidad de los procesos. A esto había que añadir la necesidad de convertir al orador en un hombre bueno; de ese modo se podían unir las buenas intenciones a los medios adecuados para ponerlas en práctica a través del debate.
Quintiliano dibuja en su obra un completo plan de estudios que incluye una parte teórica, donde se abordan los preceptos básicos de la Retórica de sobra conocidos dada la gran cantidad de tratados existentes, y una parte práctica, en la que se recomienda al futuro orador la ejercitación de su arte a través de las ya mencionadas declamationes o se proponen modelos para la imitación. En el libro I, nuestro autor trata de la preparación de los niños para los estudios superiores (o de Retórica), por lo que aborda aquí algunos asuntos relacionados con la gramática y aconseja también el estudio de la geometría y de la música.
En el libro II, Quintiliano sitúa al niño en la escuela de Retórica; a lo largo de este libro, se exponen de manera teórica los elementos, la naturaleza y la esencia misma de este arte; a continuación, en los libros III al VI se explica la doctrina de la inventio y en el libro VII se habla de la dispositio. El libro VIII se dedica al estilo (la elocutio) y se habla aquí de la proprietas, el adorno y los tropos; en el libro IX se estudian los tropos o figuras de pensamiento y se dedican unos parágrafos a los ritmos artísticos de la prosa.
El libro X resulta de gran interés por cuanto se construye como un verdadero capítulo de crítica literaria, donde Quintiliano compara la literatura latina con la griega y se elaboran juicios de valor sobre los más importantes autores de la Antigüedad. Este preámbulo sirve para tratar a continuación algunos aspectos relativos a la imitatio (imitación de modelos). Este libro, por su contenido, ha gozado de una enorme fama y ha merecido en numerosas ocasiones ediciones independientes.
En un principio, este libro X se inspira en el interés de Quintiliano por buscar un método práctico para que el orador adquiera facilidad de palabra y de pensamiento; pero de todos modos, lo que ha atraído la atención de los estudiosos ha sido el esbozo de una sucinta historia de la literatura clásica, que sirve para ofrecer al alumno de oratoria una serie de modelos de lectura y aprendizaje. Gracias a este texto, aunque limitado por cuestiones pedagógicas a un escaso número de autores, podemos conocer a algunos escritores latinos cuyas obras no hemos conservado; además, Quintiliano no sólo se limita a nombrar esos autores y sus obras, sino que también expresa en pocas palabras su juicio crítico y severo, aunque, en ocasiones, éste no sea más que el reflejo de toda un tradición previa.
Esto se observa sobre todo cuando se aborda la literatura griega; aquí, Quintiliano muestra bastantes coincidencias con Dionisio de Halicarnaso y su De veterum censura y parecer citar a esos autores conforme a un plan establecido por toda un crítica previa. En cuanto a la literatura latina, nuestro rétor pretende elaborar un catálogo a la manera de los catálogos que los estudiosos alejandrinos habían hecho de literatura griega; de todos modos, aquí sí se reflejan las opiniones personales del propio Quintiliano acerca de los autores que cita. Así, en este libro se inscribe el famoso elogio a Cicerón, a quien se señala como el modelo más perfecto y acabado, y se incluye un juicio bastante ecuánime sobre Séneca, cuyo peculiar estilo se critica en otros capítulos de la Institutio.
El libro XI trata de la memoria y de la actio. La obra culmina con el libro XII, donde Quintiliano, preocupado por la formación del orador completo o perfecto, habla de las cualidades ético-morales que deben presidir el corazón y la mente del verdadero ciudadano, del verdadero vir bonus.
Aunque Quintiliano era consciente de que estaba escribiendo un manual didáctico, quiso engalanar su obra con un ropaje que la hiciera más agradable a su público; por ello, recurrió en ocasiones a un estilo adornado y florido y, a pesar de pregonar su intención de recuperar el modelo ciceroniano, no pudo escapar de las influencias que le venían de su propia época, aquella que se ha bautizado como Edad de Plata de las letras latinas.
Su latín reúne, por tanto, las características del latín imperial: audacias lingüísticas y estilísticas y un marcado gusto por el lenguaje con sabor poético, lo que hace que su estilo esté más cercano al de Séneca de lo que podría pensarse. En realidad, Quintiliano, que detestaba los rasgos extremos de modernidad, quería encontrar el justo medio entre esos modelos y los más arcaicos. Todo ello ha hecho que su obra se haya convertido, a pesar de lo que pudiera parecer por su contenido, en una pieza importante de la literatura de esa época.

Torcuato Fernández-Miranda

Este artículo tratará sobre el gran Torcuato Fernández Miranda el mayor partícipe de la transición española.

(Torcuato Fernández-Miranda y Hevia; Gijón, Asturias, 1915 - Londres, 1980) Político español. Este catedrático de Derecho Político realizó su carrera político-administrativa bajo el régimen de Franco, adquiriendo protagonismo político como secretario general del Movimiento (1969-74). El dictador le encargó igualmente una responsabilidad importante como preceptor de su sucesor en la jefatura del Estado, el entonces príncipe Juan Carlos.

Torcuato Fernández-Miranda
Nombrado vicepresidente del gobierno de Carrero Blanco, asumió interinamente la presidencia a raíz del asesinato de éste (1973). La lucha por el poder que se desató entonces entre las «familias» del régimen, agravada por la perspectiva sucesoria que auguraba la avanzada edad de Franco, se saldó en contra de Fernández-Miranda, que resultó apartado en beneficio de Carlos Arias Navarro (1974).
Tras la muerte del dictador y la coronación de Juan Carlos I (1975), Fernández-Miranda colaboró estrechamente con el rey en la tarea de impulsar una transición pacífica a la democracia desde la legalidad del régimen anterior. Para ello fue nombrado presidente de las Cortes orgánicas (sería su último presidente, de 1975 a 1977). Desde aquel cargo, que llevaba aparejada la presidencia del Consejo del Reino, ayudó al rey a desembarazarse del ultraconservador Arias y poner al frente del gobierno al joven y renovador Adolfo Suárez, quien habría de llevar a término la reforma política. En reconocimiento a los servicios prestados, fue nombrado duque de Fernández-Miranda y senador de designación real en las primeras Cortes democráticas (1977-79).

Blanco Amor

Este artículo tratá sobre el gran escritor Eduardo Blanco Amor.

(Eduardo Blanco Amor; Orense, 1897 - Vigo, 1979) Escritor español en lenguas gallega y castellana integrado dentro de la Generación de Nos, a la que también pertenecieron Manuel Antonio y Amado Carballo. Su obra está considerada la de un prosista que posee un gran dominio de la técnica narrativa, y cuyas notas más sobresalientes son la riqueza del lenguaje y el humor que atraviesa sus principales construcciones.

Eduardo Blanco Amor
De joven emigró a Argentina y allí desarrolló una gran actividad periodística como director de la revista Céltiga, del periódico de la Federación de Sociedades Gallegas y de la revista literaria A Terra. Regresó a España como corresponsal del periódico de Buenos Aires La Nación (1929-1931) y como encargado de redacción de la revista Ciudad en Madrid (1933-1935). Fue también profesor de la Facultad de Humanidades de Uruguay y de la Escuela Internacional de Temporada en Santiago de Chile, y director del Teatro Español de Cámara de Buenos Aires.
Su prosa, de lenguaje fluido y popular, ha representado una renovación en la novelística gallega contemporánea. Cultivó diversos géneros: poesía, narrativa, teatro y ensayo. Su primer libro poético, Romances galegos (1928), es modernista con influencias vanguardistas. Poema en catro tempos (1931) se considera su mejor aportación a la poesía gallega. En castellano publicó En soledad amena (1941) y Horizonte evadido (1963) y, nuevamente en gallego, Cancioneiro (1956).
Inició su obra como narrador después de la guerra civil española. Su primera novela fue La catedral y el niño (Buenos Aires, 1949), que se desarrolla en Orense, como su primera novela en gallego, A esmorga (Buenos Aires, 1959), que él mismo tradujo al castellano con el título La parranda, en 1962. Os biosbardos (Las musarañas), de 1962, son relatos de tipo autobiográfico. En 1963 publicó Los miedos. Su última obra narrativa fue Xente ao lonxe (Gente a lo lejos), de 1972, saga social y política centrada en una familia.
Como autor teatral, publicó en Buenos Aires Farsas (1953), con tres piezas, y en 1962 se hizo una segunda edición en México con tres piezas más. En 1973 se publicó con el título Farsas para títeres en una edición bilingüe en castellano y gallego. En 1974 publicó Teatro pra a xente. Como ensayista escribió Chile a la vistaEl Padre FeijooVolviendo a Ortega y GassetCastelao y Las buenas maneras. Publicó, además, tres antologías: Rosalía de CastroValentín Lamas Carvajal y Antología popular del Padre Feijoo.

UE

Este artículo de la asignatura de geografía tratará sobre la Unión Europea.

La Unión Europea (UE) es una entidad geopolítica que cubre gran parte del continente europeo. Es una asociación económica y política única en el mundo, formada por 28 países. A partir de los años 60, Bruselas se ha consolidado como la capital de la UE, dónde se concentran la mayor parte de las instituciones comunitarias y viven la mayoría de los funcionarios y responsables. La UE cuenta con una moneda única, una bandera, un himno y el día de Europa, que se celebra cada 9 de mayo. 

En 1951, momento en el que se constituyó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (elementos clave para la guerra), los seis países fundadores -Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos- comenzaban un proyecto económico, político y social que ha generado paz, estabilidad y prosperidad durante más de medio siglo. 

La UE ha contribuido a elevar el nivel de vida de los europeos, ha creado una moneda única y ahora está construyendo progresivamente un mercado único en el que personas, bienes, servicios y capital (las cuatro libertades fundamentales de la UE) circulan entre Estados miembros con la misma libertad que si lo hicieran dentro de un mismo país. Lo que comenzó como una unión puramente económica, ha evolucionado hasta convertirse en una organización activa en todos los frentes, desde la ayuda al desarrollo hasta la política medioambiental. 

La UE promueve activamente los derechos humanos y la democracia, y cuenta con los objetivos de reducción de emisiones más ambiciosos del mundo para luchar contra el cambio climático. Gracias a la supresión de los controles fronterizos entre los países de la UE, ahora se puede viajar libremente por la mayor parte de su territorio. También es mucho más fácil vivir y trabajar en otro país de la UE.

Tras varias ampliaciones, la UE ha pasado de seis a veintiocho estados miembros tras la incorporación de Croacia en 2013 y hay varios países candidatos a la adhesión (Montenegro, Serbia, Turquía, ARYM e Islandia). Cada tratado por el que se admite a un nuevo miembro requiere la aprobación por unanimidad de todos los Estados miembros. La Unión Europea está abierta a todo país europeo que cumpla los criterios democráticos, políticos y económicos de adhesión, denominados criterios de Copenhague. 

El euro es la moneda única de la Unión Europea. Doce de los entonces quince Estados miembros la adoptaron para las transacciones no monetarias en 1999 y en el 2002 se emitieron los billetes y las monedas. Dinamarca, Suecia y el Reino Unido no participaron en esta unión monetaria. 

La Unión Europea se rige por un sistema interno en régimen de democracia representativa. Sus instituciones son siete: 

• El Parlamento Europeo. Los diputados al Parlamento Europeo son elegidos directamente y representan a los ciudadanos europeos. El Parlamento y el Consejo ejercen la potestad legislativa en igualdad de condiciones, tomando decisiones conjuntas.

• El Consejo Europeo es el principal órgano decisorio de la Unión y su función es dotar a la UE de impulso político en cuestiones fundamentales y establecer las prioridades generales de la UE. El Consejo ejerce funciones de orientación política general y de representación exterior, y nombra a los jefes de las altas instituciones constitucionales.

• El Consejo de la Unión Europea representa a los gobiernos de cada uno de los Estados miembros, que comparten su Presidencia con carácter rotatorio (con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa se estableció la figura del Trío de Presidencias).

• La Comisión Europea, o Colegio de Comisarios, representa el interés común de la UE, y es el principal órgano ejecutivo. Aplica el Derecho de la Unión, supervisa su cumplimiento y ejecuta sus políticas, y a ella corresponde en exclusiva la iniciativa legislativa ante el Parlamento y la Comisión; sus miembros son nombrados por los gobiernos nacionales.

• El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ejerce las labores jurisdiccionales supremas en el sistema jurídico comunitario.

• El Tribunal de Cuentas supervisa y controla el buen funcionamiento y la adecuada administración de las finanzas y de los fondos comunitarios.

• El Banco Central Europeo dirige y aplica la política monetaria única de la zona euro.

La UE cuenta, además, con otras instituciones y organismos interinstitucionales que desempeñan funciones especializadas: el Comité Económico y Social Europeo representa a la sociedad civil, al sector empresarial y los asalariados; el Comité de las Regiones representa a las autoridades regionales y locales; el Banco Europeo de Inversiones financia proyectos de inversión de la UE y ayuda a las pequeñas empresas a través del Fondo Europeo de Inversiones; el Defensor del Pueblo Europeo investiga las denuncias relativas a una mala gestión por parte de las instituciones y los organismos de la UE; el Supervisor Europeo de Protección de Datos protege la intimidad de los datos personales de los ciudadanos;  la Oficina de Publicaciones publica información sobre la UE; la Oficina Europea de Selección de Personal contrata al personal de las instituciones de la UE y otros organismos;  la Escuela Europea de Administración ofrece formación en ámbitos específicos al personal de la UE; el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) asiste a la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, que preside el Consejo de Asuntos Exteriores y dirige la Política Exterior y de Seguridad Común, al tiempo que garantiza la coherencia y la coordinación de la acción exterior de la UE.

En resumen, puede decirse que la misión de Europa en el siglo XXI es: ofrecer paz, prosperidad y estabilidad a sus ciudadanos; superar las divisiones en el continente; velar por que sus ciudadanos puedan vivir con seguridad; promover un desarrollo económico y social equilibrado y sostenible; hacer frente a los retos de la globalización y preservar la diversidad de los pueblos de Europa; defender los valores compartidos por los europeos, como el desarrollo sostenible y el cuidado del medio ambiente, el respeto de los derechos humanos y la economía de mercado social, y adquirir visibilidad internacional y habar a una sola voz en los principales foros y organismos internacionales.

Fuente: http://www.exteriores.gob.es/RepresentacionesPermanentes/EspanaUE/es/quees2/Paginas/default.aspx

jueves, 30 de marzo de 2017

Jean Reno



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 Hoy en francés hablamos del actor francés Jean Reno.




Nacido en Casablanca (Marruecos), de padres andaluces, Jean Reno es uno de los actores franceses de más proyección internacional. Estudió Conservatorio de Casablanca antes de trasladarse a París en 1970. Su encuentro con Luc Besson en 1980, fue decisivo. El director lo contrató para protagonizar 'Kamikaze 1999: El último combate', 'Subway (En busca de Freddy)', 'El gran azul', y sobre todo la cinta de acción 'Nikita'.
Su primer gran papel de proyección internacional fue en la popular comedia 'Los visitantes no nacieron ayer'. También dobló filmes de animación como 'Porco Rosso' o 'El rey león'. Repitió con Besson, en 'Leon (El profesional)' la primera aparición de Natalie Portman. Tras ella dio el salto a Hollywood con la comedia 'French Kiss' a la que seguiría 'Misión: Imposible'.

El actor se deja ver en su país en cine comercial ('El Jaguar', 'Los visitantes regresan por el túnel del tiempo', 'Los ríos de color púrpura') y también en grandes superproducciones estadounidenses ('Godzilla', 'Ronin'), convirtiéndose en uno de los actores europeos más cotizados.

El actor ha seguido explorando su faceta de tipo duro en el cine de acción ('El imperio de los lobos', 'Blindado'), como también su cara afable en comedias ('La pantera rosa', 'Todo incluido').

Sus inicios en el cine

Sus mejores películas y series

Neiras Vilas

Hoy en gallego hablamos de Xosé Neiras Vilas, ahora hablaremos de su vida.

(Gres, Pontevedra, 1928) Escritor español en lengua gallega. Emigrado desde joven a Argentina y Cuba, sus vivencias infantiles son la base material de su trilogía El ciclo del niño (O ciclo do neno), integrada por las obras Memorias de un niño campesino (1961), Carta a Lelo (1971) y Aquellos años del Moncho (1977). En dicha trilogía aborda el estudio de la vida rural gallega en clave de realismo detallista, con un lenguaje depurado y una nitidez expositiva que son comunes, como presupuestos formales, al resto de su novelística, centrada en el tema de la emigración.

Xosé Neira Vilas
Nacido en una familia campesina de Gres, Xosé Neira Vilas pasó su niñez y adolescencia en su aldea natal, compaginando la escuela con las labores agrícolas. A los catorce años estudiaba comercio por correspondencia y trabajaba a la vez en las oficinas de un aserradero, mientras, muy aficionado a la lectura, leía cuanto caía en sus manos.
En 1949 emigró a Argentina; desempeñó variados oficios y se relacionó con intelectuales exiliados como Luís Seoane y Rafael Dieste. Sus inquietudes culturales lo llevaron a actividades diversas: fundó en 1953 las Mocedades Galeguistas, escribió frecuentes artículos en Adiante y colaboró en el I Congreso de la Emigración Gallega (1956). Fundó además la editorial Follas novas con Anisia Miranda, escritora cubana hija de gallegos con la que había contraído matrimonio en 1957.
El matrimonio decidió en 1961 establecerse en Cuba, donde Xosé Neira, comprometido con la revolución, trabajó en la administración y cultivó el periodismo. Desde 1969 dirigió la Sección Gallega del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, desarrollando una vasta labor de estudio y compilación de las obras de los emigrantes gallegos.
En Cuba produjo la mayor parte de su obra: la trilogía El ciclo del niño, antes citada, resultó novedosa por su sencillez en un panorama dominado por la narrativa experimental. En Xente no rodicio (1965) y A muller de ferro (1969), la problemática del campo termina derivando en temas de más alcance tratados desde una perspectiva existencialista. Querido Tomás (1980) es un extenso monólogo en boca de una mujer de cincuenta años.
Sus novelas Camiño bretemoso (1967), Historias de emigrantes (1968) y Remuíño de sombras (1973), por otro lado, abordan el tema de la emigración y el desarraigo. Las dos últimas se sitúan en Buenos Aires; Tempo novo (1987), en cambio, transcurre en la Cuba posterior a la revolución. En De cando Suso foi carteiro (1988), Neira recuperó un protagonista infantil para trazar la evocación de una Galicia vacía a causa de la emigración. Además de figurar entre los autores más leídos de la literatura gallega, Xosé Neira Vilas es quizá el narrador que mejor ha expresado la dureza de la vida campesina y el sentimiento de desarraigo del emigrante gallego.

martes, 28 de marzo de 2017

Lerroux

Hoy en historia Alejandro Lerroux fue un personaje mencionado.
(Alejandro Lerroux García) Político español (La Rambla, Córdoba, 1864 - Madrid, 1949). Militó desde joven en las filas del republicanismo radical, como seguidor de Ruiz Zorrilla. Practicó un estilo periodístico demagógico y agresivo en las diversas publicaciones que dirigió (El País, El Progreso, El Intransigente y El Radical). Su discurso populista y anticlerical, así como la intervención en diversas campañas contra los gobiernos de la Restauración, le hicieron muy popular en los medios obreros de Barcelona, que acabaron constituyendo la base de un electorado fiel. 
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Fue elegido diputado por primera vez en 1901; y de nuevo en 1903 y 1905, en las candidaturas de la Unión Republicana que había contribuido a formar junto con Nicolás Salmerón. La defección de éste hacia la coalición Solidaridad Catalana en 1906, llevó a Lerroux a separarse, formando el Partido Republicano Radical (1908) y encabezando la lucha contra el creciente nacionalismo catalán.
Hubo de exiliarse en varias ocasiones, primero para escapar a la condena dictada por uno de sus artículos (1907) y más tarde huyendo de la represión gubernamental por la Semana Trágica de Barcelona (1909). De vuelta a España, aceptó entrar en la Conjunción Republicano-Socialista, con la que volvió a ser elegido diputado en 1910. Desde entonces se vio envuelto en una serie de escándalos que le alejaron de su electorado barcelonés, entre acusaciones de corrupción (hasta el punto de que hubo de cambiar de distrito, presentándose por Córdoba en 1914).
Bajo la dictadura de Primo de Rivera (1923-30) su partido se vio debilitado por la escisión de los Radical-Socialistas de Marcelino Domingo (1929). No obstante, continuó en la política activa, participando en el comité revolucionario que preparó el derrocamiento de Alfonso XIII y la proclamación de la Segunda República en 1931.

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Bajo el régimen republicano desempeñó un papel político de primera fila. Formó parte de la coalición de izquierdas que sostuvo las reformas del gobierno Azaña durante el primer bienio (1931-33), en el que participó personalmente como ministro de Estado (1931). Pero fue derivando hacia posturas de derechas que le acercaron a la oposición, pasando en 1933-36 a formar parte de la mayoría conservadora que accedió al poder; fue tres veces presidente del gobierno entre 1933 y 1935 y ocupó carteras ministeriales tan destacadas como la de Guerra (1934) y la de Estado (1935). 

Tras señalarse en la represión del intento de revolución obrera de 1934, quedó de nuevo desacreditado ante la opinión pública por el escándalo del estraperlo (un caso de corrupción ligado al negocio del juego), que acabó por romper su alianza con la derecha y deteriorar incluso su posición dentro del partido. En las elecciones de 1936 ni siquiera salió elegido diputado y, cuando aquel mismo año estalló la Guerra Civil (1936-39), prefirió ponerse a salvo en Portugal. Regresó a España en 1947.