viernes, 28 de abril de 2017

Duque de Buckingham

Hoy en inglés hemos hablado sobre el Duque de Buckingham. Este artículo irá sobre él.

(George Villiers, primer duque de Buckingham; Brooksby, 1592 - Portsmouth, 1628) Político inglés. Apuesto y encantador, rápidamente se convirtió en el favorito del rey Jacobo I y del futuro Carlos I; su influencia en la corte se extendió desde 1616, durante el reinado de Jacobo I, hasta los primeros años del reinado de Carlos I. Fue nombrado lord gran almirante en 1619 y hecho duque en 1623, pero su arrogancia y abuso de poder lo hicieron muy impopular. Su errática política exterior provocó una serie de desastres, como las fracasadas expediciones militares contra España y Francia.

George Villiers, duque de Buckingham
George Villiers substituyó a Robert Carr como favorito real y acumuló títulos nobiliarios y cargos cortesanos. En 1623 viajó a Madrid acompañando al príncipe Carlos, futuro Carlos I de Inglaterra, para negociar una alianza con España por medio del compromiso matrimonial del heredero al trono inglés con María de Austria, hermana de Felipe IV, y para solicitar la ayuda de la monarquía española en su intento de recuperar el dominio sobre el Palatinado. Ambas negociaciones fracasaron por el enfrentamiento sostenido entre Buckingham y Olivares, y el príncipe inglés regresó junto con su favorito a Londres.
Tras la entronización de Carlos I de Inglaterra (1625), trató de concertar también sin éxito el matrimonio del rey inglés con una hermana de Luis XIII de Francia y organizó un fracasado ataque naval contra Cádiz. En 1626 el parlamento, que veía con malos ojos la ambición y el nepotismo de Buckingham y su acercamiento a los países católicos, responsabilizó al duque de la derrota y presentó un proyecto de acusación en su contra; Carlos I hubo de disolver el parlamento para evitar el juicio contra su favorito.
En 1627 sufrió otro revés al ser derrotado cuando trataba de liberar a los hugonotes franceses sitiados en el puerto de La Rochela. Buscó nuevamente la alianza con España para obtener apoyo militar, para lo que comisionó al pintor Rubens en una embajada enviada a Madrid. El apoyo no llegó a hacerse efectivo puesto que, en el transcurso de las negociaciones de Rubens en la Corte española, y mientras preparaba en Portsmouth una nueva expedición a La Rochela, Buckingham murió a manos de uno de sus tenientes, el puritano John Feldon. Su asesinato causó muestras de regocijo entre los londinenses.



Familia Bernoulli

Este artículo sobre matemáticas irá sobre la Familia Bernoulli.

Jakob Bernoulli (Basilea, Suiza, 1654 - id., 1705), Johann Bernoulli (Basilea, 1667 - id., 1748) y Daniel Bernoulli (Groninga, Holanda, 1700 - Basilea, 1782). Familia de científicos suizos. Jakob Bernoulli, el iniciador de la dilatada saga de los Bernoulli, nació en el seno de una familia de comerciantes procedentes de los Países Bajos. Tras licenciarse en teología y haber estudiado matemáticas y astronomía contra la voluntad familiar, entre 1677 y 1682 viajó a Francia (donde se familiarizó con el pensamiento de Descartes), los Países Bajos e Inglaterra.

Jakob y Johann Bernoulli
De regreso en Suiza, desde 1683 enseñó mecánica en Basilea y en secreto introdujo en el estudio de las matemáticas a su hermano Johann, a quien su padre había destinado a la medicina. En 1687 se hizo cargo de la cátedra de matemáticas en la Universidad de Basilea. Con su hermano, estudió las aportaciones de G. W. Leibniz al cálculo infinitesimal, el cual aplicó al estudio de la catenaria (la curva que forma una cadena suspendida por sus extremos), y en 1690 introdujo el término de integral en su sentido moderno.
Al año siguiente, Johann solucionó el problema de la catenaria, lo cual le valió situarse entre los matemáticos de primera línea de la época; de los dos hermanos, él fue el más intuitivo y el que con mayor soltura manejaba el formulismo matemático, mientras que Jakob era de inteligencia más lenta pero más penetrante. Ambos compartieron un exagerado afán por ver reconocidos sus méritos, e incluso mantuvieron frecuentes disputas de prioridad entre ellos y con otros autores. Johann inició en el cálculo infinitesimal creado por Leibniz al marqués de L'Hôpital, quien aprovechó las lecciones para publicar el primer libro de texto sobre el tema.
En 1695, Johann decidió aceptar el ofrecimiento de ocupar una cátedra de matemáticas en Groninga, perdidas las esperanzas de obtener plaza en Basilea en vida de su hermano Jakob, y resentido con él por la actitud condescendiente con que lo trataba. En 1697, Johann dio una brillante solución al problema de la braquistócrona, que él mismo había planteado el año anterior. Jakob analizó también la cuestión y aportó su propia solución, mucho menos elegante, pero que lo condujo a las puertas de una nueva disciplina, el cálculo de variaciones, en cuyo ámbito propuso a su vez el llamado problema isoperimétrico.
Johann subestimó la complejidad del tema, que resolvió de forma incompleta; las despiadadas críticas que por ello le dedicó su hermano supusieron el inicio del abierto enfrentamiento entre ambos. Johann regresó a Basilea como sucesor de Jakob a la muerte de éste, debido a la cual quedó incompleta e inédita su gran obra sobre el cálculo de probabilidades, el Ars conjectandi, publicada en 1713 por su sobrino Nikolaus, hijo de Johann y hermano mayor de Daniel Bernoulli.

Daniel Bernoulli
Daniel Bernoulli, que se doctoró en medicina en Basilea (1721) con una tesis sobre la respiración, fue nombrado en 1725 profesor de matemáticas en la Academia de San Petersburgo; se trasladó a Rusia en compañía de su hermano Nikolaus, quien falleció al año siguiente de su llegada; en San Petersburgo contó, desde 1727, con la colaboración de L. Euler, discípulo de su padre y de su tío Jakob, que sucedió a Daniel cuando, en 1732, éste regresó a Basilea como catedrático de anatomía y de botánica.
Autor de notables contribuciones a la teoría de las ecuaciones diferenciales, el tercer Bernoulli destacó sobre todo por su estudio de la mecánica de fluidos; su obra principal, Hydrodynamica, se publicó en 1738, aunque ya la había concluido en 1734. Contiene la idea de lo que más tarde se conoció como teorema de Bernoulli, así como los fundamentos de la moderna teoría cinética de los gases. Desde 1750 hasta 1776 ocupó la cátedra de física en Basilea; se distinguió por ilustrar sus clases con interesantísimos experimentos que le valieron grandes éxitos de audiencia.

Peter Jackson

Hoy toca tratar sobre Peter Jackson el director de cine un exponente de nuevas tecnologías.

(Pukerua Bay, North Island, 1961) Director de cine neozelandés, particularmente conocido como autor de la triunfal trilogía cinematográfica El Señor de los anillos. Colosal poema dotado de extraña belleza e impecable factura, La comunidad del anillo (The Fellowship of the Ring, 2001), Las dos torres (The Two Towers, 2002) y El retorno del rey (The Return of the King, 2003) son tres extraordinarias superproducciones que recibieron el aplauso unánime de la crítica y el público y se convirtieron en fabulosos éxitos mundiales de taquilla. La tercer entrega de esta ambiciosa adaptación de la obra de J. R. R. TolkienEl retorno del rey, se alzó con la friolera de once premios Oscar.

Peter Jackson
Hijo único de Joan y Bill Jackson, sus padres decidieron su futuro al regalarle una cámara súper 8 la Navidad de 1969. Poco después vio fascinado en televisión el King Kong de 1933 y el abstruso filme de animación El Señor de los anillos (Ralph Bakshi, 1978), que le impulsó a leer la trilogía de Tolkien.
Desde entonces soñó con que algún día llevaría estas historias a la pantalla con todos los honores, y en 1983 dio el primer paso hacia su concreción. Mientras trabajaba en el periódico The Evening Post de la capital neozelandesa, adquirió una cámara de 16 mm y con ella y la ayuda de sus amigos empezó a trabajar los fines de semana en un cortometraje que, al final, se convirtió en un largo. Así nació, tras cuatro años de rodaje, Mal gusto (Bad Taste, 1987), que recorrió festivales y se convirtió en título de culto. Ese mismo año se casó con Fran Walsh, su más estrecha colaboradora, y el tándem funcionó de maravilla en títulos como El delirante mundo de los Feebles (Meet The Feebles, 1989) o la decididamente gore Tu madre se ha comido a mi perro (Braindead, 1992).
El realizador neozelandés se iba haciendo un nombre en el cine fantástico y de terror, y sorprendió a medio mundo con Criaturas celestiales (Heavenly Creatures, 1994), un thriller basado en hechos reales (en el que se retrataba con sorprendente sensibilidad el caso de dos adolescentes matricidas de su país) por el que recibió el León de Oro del Festival de Venecia de 1995. Una de sus protagonistas fue la entonces desconocida Kate Winslet, que se haría archifamosa después con Titanic, de James Cameron. En 1995 se trasladó a Hollywood. Tras el falso documental Forgotten Silver, la pobre repercusión que obtuvo la película Agárrame esos fantasmas (The Frighteners, 1996) condujo al director a la realización de una de sus dos grandes obsesiones.
Devoto de la obra de Tolkien, Jackson fue poco a poco perfilando una versión cinematográfica de El señor de los anillos, la gran obra del escritor de origen sudafricano. Ya se habían realizado algunas (la más destacada fue la rodada por Ralph Bakshi en 1978, en la que se mezclaban actores con dibujos animados), pero ninguna de ellas había destacado por su calidad ni por su eficiente adaptación de la obra. Consciente de la dificultad de llevar a la gran pantalla el universo de Tolkien, Jackson esperó a que las nuevas tecnologías estuvieran lo suficientemente avanzadas para forjar en imágenes su particular visión del libro.
Jackson reunió un equipo de trabajo espectacular y multitudinario que comenzó a trabajar en Nueva Zelanda, donde los espectaculares paisajes de unas tierras prácticamente vírgenes sirvieron de digno escenario para crear la "tierra media" que imaginó Tolkien. Consiguió la financiación necesaria para llevar a cabo el proyecto y contrató a los mejores expertos en infografía que pudo para comenzar a trabajar con los actores. Muchos de ellos eran prácticamente desconocidos y se convertirían luego en rutilantes estrellas: Cate Blanchett, Orlando Bloom, Elijah Wood, Liv Tayler o Viggo Mortensen. Otros eran veteranos ilustres que aportaban su prestigio: Christopher Lee, Ian McKellen o John Rhys-Davies.

Fotogramas de Las dos torres (2002)
El retorno del rey (2003)
Con la infografía creó enormes ejércitos, tomas de batallas, ciudades inimaginables, criaturas imposibles y todo un universo de detalles que complementan los exteriores naturales y que dotan a las tres cintas de una fuerza impactante. De entre las recreaciones por ordenador destaca Góllum, un personaje central de la novela que fue diseñado artificialmente a través del movimiento de un actor de carne y hueso, Andy Serkis, al que el realizador hizo aparecer en pantalla al comienzo de la tercera parte como reconocimiento a su esfuerzo.
Jackson llevó a las salas una epopeya espectacular como pocas se habían visto en la gran pantalla. Los sucesivos estrenos (La comunidad del anillo en 2001, Las dos torres en 2002 y El retorno del rey en 2003) fueron vistos por millones de espectadores que abarrotaban los cines y esperaban ansiosamente la siguiente entrega. Los más críticos con el director (entre los que se encontraban, por supuesto, los seguidores más puristas de la obra de Tolkien) hubieron de reconocer que, les gustara o no, la saga del anillo se había convertido en un fenómeno de masas gracias a las adaptaciones de Jackson.
La venta de entradas, la mercadotecnia creada a su alrededor y el éxito de taquilla de las tres películas se vieron refrendados en la 76ª edición de los premios Oscar, donde Jackson logró un pleno histórico al recoger las once estatuillas a las que optaba por la tercera entrega de la saga, El retorno del rey, entre ellas la de mejor película, mejor director, mejor guión adaptado y mejor dirección artística. Con este aluvión de premios, el trabajo de Jackson se situó a la altura de Ben-Hur Titanic, las cintas más galardonadas de la historia.
La industria tuvo que arrodillarse ante los 2.500 millones de euros que recaudó la trilogía, y vio impertérrita como las películas competían, de manera inconcebible, con otras igualmente esperadas por el gran público: las tres entregas de la saga de La Guerra de las Galaxias. George Lucas se vio obligado a alterar la fecha de estreno de algunas de ellas para no coincidir con las de Jackson.
Tras la saga del anillo, Jackson afrontó el otro proyecto que incubaba desde hacía tiempo: revisar el mito de King Kong rodando una nueva versión del filme de 1933 (dirigido por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack). Contó para ello, de nuevo, con el poder de las nuevas tecnologías, con las que creó (también a partir de los movimientos del actor Andy Serkis) un gorila de ocho metros de un realismo pasmoso. La cinta fue protagonizada por Naomi Watts y Adrien Brody, y obtuvo un gran éxito de taquilla. Como curiosidad debe mencionarse que el rostro del simio está directamente copiado de Copito de Nieve, el famoso gorila albino que vivió en el zoo de Barcelona hasta noviembre de 2003. La cinta mereció tres Oscar técnicos en la 78ª edición de los premios: mejor sonido, mejor edición de sonido y mejores efectos especiales.

Quintiliano

Este artículo tratará sobre Quintiliano un gran orator.

(Marco Fabio Quintiliano; Calagurris Nassica, hoy Calahorra, actual España, hacia 30 - ?, hacia 100) Escritor y retórico latino. No se conoce mucho de su biografía; ni siquiera se sabe si su padre era el rétor Quintiliano, nombrado por Séneca el Viejo en sus Controversias.
También resulta difícil aventurar cuánto tiempo permaneció en España antes de marcharse a Roma, donde se desarrolló el grueso de su formación. Allí, según señala el propio Quintiliano a lo largo de su obra, frecuentó la escuela de gramática de Q. Remmio Palemón (maestro también de Persio) y, más tarde, estuvo muy cercano al célebre orador Domicio Afro (muerto en el 59); también recuerda haber conocido a Pomponio y a Séneca. Concluida su formación en Roma, se supone que regresó a España, donde permaneció algún tiempo hasta que regresó a Roma, llamado por Galba, cuando éste fue proclamado emperador en el 68.

Quintiliano
A partir de ese momento, Quintiliano se dedicó a la enseñanza de la retórica, actividad que desarrolló durante al menos 20 años según señala en el prólogo de su Institutio oratoria (quizás entre los años 68-88 ó 70-90). Como profesor de retórica, Quintiliano alcanzó una gran fama y, de hecho, se convirtió en el primer profesor que abrió una escuela pública pagada por el fisco bajo Vespasiano. Pupilos suyos fueron Plinio el Joven y seguramente Tácito. Y aunque Juvenal señala que su sueldo no era muy elevado, Quintiliano consiguió amasar una buena fortuna. En todo este tiempo, tampoco abandonó por completo su profesión de abogado e incluso llegó a publicar alguno de sus discursos; quizás uno de sus procesos más célebres fue el de la reina Berenice, al que alude en su Institutio.
Bajo el emperador Domiciano, Quintiliano recibió el encargo de tutelar la educación de los nietos de su hermana (hijos de Flavio Clemente y de Flavia Domitila) y fue en aquella época cuando recibió los ornamenta consularia gracias a la intervención del propio Clemente; de todos modos, hay que suponer que se trató más de un título honorífico que de un poder real.
Tras todos esos años dedicados a la enseñanza, Quintiliano se retiró y se dispuso a componer un tratado de retórica o, mejor dicho, un verdadero manual para la instrucción de los jóvenes: la ya citada Institutio oratoria, obra compuesta entre el 93 y el 96, año de la muerte de Domiciano. En dicha obra, en el prefacio al libro VI, Quintiliano habla también de un hecho importante en su vida: su matrimonio y sus dos hijos. Aquí nos enteramos de que su esposa había muerto apenas cumplidos los 19 años. También murieron sus dos hijos: uno cuando tenía 5 años y otro con 9 años. Tras esta obra no se vuelven a tener noticias ciertas sobre Quintiliano, por lo que no es posible señalar la fecha exacta de su muerte, que debió ocurrir antes del año 100.
Obras de Quintiliano
Antes de abordar el estudio de la obra más importante de Quintiliano, la Institutio oratoria, es preciso citar algunas otras obras suyas que, por desgracia, no han llegado hasta nuestros días. En primer lugar hay que señalar el De causis corruptae eloquentiae, donde Quintiliano abordaba el problema de la decadencia de este arte. El propio autor nos indica que inició la composición de esta obra en el momento en que había muerto su hijo y se refiere a ella en varios pasajes de su Institutio. Su discurso Pro Naevio Arpiniano, también perdido, se publicó con toda seguridad, a diferencia de otros discursos suyos que pudieron circular sin su autorización.
También hay un grupo de obras atribuidas falsamente a Quintiliano: son las llamadas Declamationes Pseudo-Quintilianeae, que podemos dividir en dos tipos: Las conocidas como declamationes maiores y las declamationes minores. Las primeras son 19 piezas retóricas que circularon bajo el nombre del gran rétor hispano durante el siglo IV y que seguramente fueron editadas por algunos eruditos de ese período. Hoy existen grandes dudas acerca de la autoría real de Quintiliano sobre estas orationes que son en extremo artificiosas y rebuscadas, lo que contradice en parte la propia doctrina de Quintiliano.
Las declamationes minores son un conjunto de 145 piezas procedentes de una colección que en origen tenía 388. Son mucho más breves que las anteriores y cada una de ellas desarrolla de manera escueta un tema. Ello hace pensar que estas declamationes son más bien fruto de la escuela y que se compusieron como simples ejercicios didácticos. Realmente es difícil pensar que su autor fuera Quintiliano, aunque esta autoría no es del todo imposible.
Dejadas a un lado estas obras menores, hay que destacar por encima de todas ellas la Institutio oratoria, un gran tratado de retórica en 12 libros publicado seguramente antes de la muerte del emperador Domiciano en el año 96, a quien se elogia en el libro X. La obra aparece dedicada a Victorio Marcelo y, según sus propias palabras en el proemio, tardó en concluirla algo más dos años.
De acuerdo también con la carta que encabeza la Institutio dedicada al librero Trifón, la publicación del texto se había adelantado ante las exigencias de aquellos que ansiaban poder leer la obra. Además, en aquellos momentos circulaban bajo su nombre dos trataditos de retórica que no eran suyos, sino más bien apuntes tomados en sus clases, lo que le había llevado a escribir su propio manual para evitar los malos entendidos.
Ya desde el principio Quintiliano expone que su tratado no se va a caracterizar por su originalidad sino que va a estar basado, sobre todo, en su propia experiencia como rétor. Además, dado que él opinaba que nada era ajeno al arte de la oratoria, su libro iba a tratar de todos aquellos aspectos, incluso los más insignificantes, que ayudaban en la formación de un buen orador, un individuo virtuoso y además elocuente. De ese modo, la Institutio no es un simple tratado de retórica, sino todo un programa educativo que se inicia desde los primeros años de vida de un individuo.
De ese modo, para Quintiliano, gran admirador de Cicerón y de su estilo, el orador es algo más que alguien capaz de convencer a través de la palabra; para él, el orador es, ante todo, un hombre útil para el estado gracias a que su formación le ha convertido en un individuo cargado de valores morales, conocedor, entre otras muchas cosas, de la filosofía y, en definitiva, un sabio (opinión que no compartía, entre otros, Séneca, autor contra el que dirige abundantes críticas).
Así, Quintiliano reasume la tradición romana y, frente a Cicerón, que consideraba la filosofía como una de las principales disciplinas que cualquier orador debía conocer, y que incluso identificaba al orador con el filósofo (el orador es un filósofo que habla con elocuencia), Quintiliano piensa que el orador es simplemente un sabio y que la filosofía es una más de las artes que debe aprender para completar su formación.
Realmente, la admiración que Quintiliano sentía por Cicerón, a quien consideraba la verdadera encarnación de la elocuencia, dice mucho acerca de su postura: Quintiliano no veía con buenos ojos los derroteros que estaba tomando la elocuencia en Roma, ni tampoco le gustaba la manera en que los nuevos oradores y escritores manejaban la lengua; por ello, con su tratado, pretendía poner de nuevo las cosas en su sitio.
Con ese fin, Quintiliano escribió su manual, en el que Cicerón era el modelo; de hecho, las orationes ciceronianas sirven aquí para ejemplificar las funciones de las distintas partes del discurso; también siguiendo a Cicerón, Quintiliano considera que la elocutio es la más importante de las cinco partes en que se desglosa la actividad del orador (inventio, dispositio, elocutio, memoria y actio) y desarrolla la misma teoría de los tres estilos (el sublime, el medio y el ínfimo).
Sin embargo, hay un aspecto importante en el que la doctrina de Quintiliano se opone a la de Cicerón, y es precisamente al estudiar la relación entre ars ('arte, técnica') y natura ('naturaleza, ingenio o talento natural'): si para Cicerón la elocuencia era un don natural que podía mejorar con el estudio de la Retórica, para Quintiliano es un don que se puede alcanzar gracias precisamente a la Retórica. Aquí radica la principal diferencia: mientras que Cicerón hablaba en sus tratados sobre retórica desde su propia experiencia de orador exitoso y revelaba así los frutos de su experiencia, Quintiliano habla como profesor de Retórica y, por ello, intenta ser exhaustivo en todos aquellos aspectos que Cicerón ni siquiera había tratado en la idea de que la perseverancia y unos buenos maestros son capaces de crear un orador.
Desde luego, la oratoria de los tiempos de Cicerón no era la misma que la de la época de Quintiliano; así, aunque Quintiliano reconoce la importancia de la oratoria deliberativa, los tiempos no eran los más propicios para el debate político en un Senado sometido al poder del emperador; sí, en cambio, para la oratoria forense, verdadero campo en el que ejercitarse y en el que enriquecerse. Sin embargo, esta oratoria, abandonando toda moderación, había caído en el exceso, algo criticado por autores como Tácito o Plinio: aquí, todo era válido para obtener el aplauso del auditorio, y la oratoria, enseñada en la escuela a través de las famosas controversias y suasorias, se había desvirtuado y había perdido su intención moral.
Las armas de la elocuencia podían caer en manos de cualquiera, con el peligro que eso entrañaba. Ante esta situación, Quintiliano sólo aspiraba a devolver a la oratoria su medida y, si bien abogaba por las declamationes escolares, quería que éstas se ciñeran al campo de lo verosímil y lo cercano a la realidad de los procesos. A esto había que añadir la necesidad de convertir al orador en un hombre bueno; de ese modo se podían unir las buenas intenciones a los medios adecuados para ponerlas en práctica a través del debate.
Quintiliano dibuja en su obra un completo plan de estudios que incluye una parte teórica, donde se abordan los preceptos básicos de la Retórica de sobra conocidos dada la gran cantidad de tratados existentes, y una parte práctica, en la que se recomienda al futuro orador la ejercitación de su arte a través de las ya mencionadas declamationes o se proponen modelos para la imitación. En el libro I, nuestro autor trata de la preparación de los niños para los estudios superiores (o de Retórica), por lo que aborda aquí algunos asuntos relacionados con la gramática y aconseja también el estudio de la geometría y de la música.
En el libro II, Quintiliano sitúa al niño en la escuela de Retórica; a lo largo de este libro, se exponen de manera teórica los elementos, la naturaleza y la esencia misma de este arte; a continuación, en los libros III al VI se explica la doctrina de la inventio y en el libro VII se habla de la dispositio. El libro VIII se dedica al estilo (la elocutio) y se habla aquí de la proprietas, el adorno y los tropos; en el libro IX se estudian los tropos o figuras de pensamiento y se dedican unos parágrafos a los ritmos artísticos de la prosa.
El libro X resulta de gran interés por cuanto se construye como un verdadero capítulo de crítica literaria, donde Quintiliano compara la literatura latina con la griega y se elaboran juicios de valor sobre los más importantes autores de la Antigüedad. Este preámbulo sirve para tratar a continuación algunos aspectos relativos a la imitatio (imitación de modelos). Este libro, por su contenido, ha gozado de una enorme fama y ha merecido en numerosas ocasiones ediciones independientes.
En un principio, este libro X se inspira en el interés de Quintiliano por buscar un método práctico para que el orador adquiera facilidad de palabra y de pensamiento; pero de todos modos, lo que ha atraído la atención de los estudiosos ha sido el esbozo de una sucinta historia de la literatura clásica, que sirve para ofrecer al alumno de oratoria una serie de modelos de lectura y aprendizaje. Gracias a este texto, aunque limitado por cuestiones pedagógicas a un escaso número de autores, podemos conocer a algunos escritores latinos cuyas obras no hemos conservado; además, Quintiliano no sólo se limita a nombrar esos autores y sus obras, sino que también expresa en pocas palabras su juicio crítico y severo, aunque, en ocasiones, éste no sea más que el reflejo de toda un tradición previa.
Esto se observa sobre todo cuando se aborda la literatura griega; aquí, Quintiliano muestra bastantes coincidencias con Dionisio de Halicarnaso y su De veterum censura y parecer citar a esos autores conforme a un plan establecido por toda un crítica previa. En cuanto a la literatura latina, nuestro rétor pretende elaborar un catálogo a la manera de los catálogos que los estudiosos alejandrinos habían hecho de literatura griega; de todos modos, aquí sí se reflejan las opiniones personales del propio Quintiliano acerca de los autores que cita. Así, en este libro se inscribe el famoso elogio a Cicerón, a quien se señala como el modelo más perfecto y acabado, y se incluye un juicio bastante ecuánime sobre Séneca, cuyo peculiar estilo se critica en otros capítulos de la Institutio.
El libro XI trata de la memoria y de la actio. La obra culmina con el libro XII, donde Quintiliano, preocupado por la formación del orador completo o perfecto, habla de las cualidades ético-morales que deben presidir el corazón y la mente del verdadero ciudadano, del verdadero vir bonus.
Aunque Quintiliano era consciente de que estaba escribiendo un manual didáctico, quiso engalanar su obra con un ropaje que la hiciera más agradable a su público; por ello, recurrió en ocasiones a un estilo adornado y florido y, a pesar de pregonar su intención de recuperar el modelo ciceroniano, no pudo escapar de las influencias que le venían de su propia época, aquella que se ha bautizado como Edad de Plata de las letras latinas.
Su latín reúne, por tanto, las características del latín imperial: audacias lingüísticas y estilísticas y un marcado gusto por el lenguaje con sabor poético, lo que hace que su estilo esté más cercano al de Séneca de lo que podría pensarse. En realidad, Quintiliano, que detestaba los rasgos extremos de modernidad, quería encontrar el justo medio entre esos modelos y los más arcaicos. Todo ello ha hecho que su obra se haya convertido, a pesar de lo que pudiera parecer por su contenido, en una pieza importante de la literatura de esa época.

Torcuato Fernández-Miranda

Este artículo tratará sobre el gran Torcuato Fernández Miranda el mayor partícipe de la transición española.

(Torcuato Fernández-Miranda y Hevia; Gijón, Asturias, 1915 - Londres, 1980) Político español. Este catedrático de Derecho Político realizó su carrera político-administrativa bajo el régimen de Franco, adquiriendo protagonismo político como secretario general del Movimiento (1969-74). El dictador le encargó igualmente una responsabilidad importante como preceptor de su sucesor en la jefatura del Estado, el entonces príncipe Juan Carlos.

Torcuato Fernández-Miranda
Nombrado vicepresidente del gobierno de Carrero Blanco, asumió interinamente la presidencia a raíz del asesinato de éste (1973). La lucha por el poder que se desató entonces entre las «familias» del régimen, agravada por la perspectiva sucesoria que auguraba la avanzada edad de Franco, se saldó en contra de Fernández-Miranda, que resultó apartado en beneficio de Carlos Arias Navarro (1974).
Tras la muerte del dictador y la coronación de Juan Carlos I (1975), Fernández-Miranda colaboró estrechamente con el rey en la tarea de impulsar una transición pacífica a la democracia desde la legalidad del régimen anterior. Para ello fue nombrado presidente de las Cortes orgánicas (sería su último presidente, de 1975 a 1977). Desde aquel cargo, que llevaba aparejada la presidencia del Consejo del Reino, ayudó al rey a desembarazarse del ultraconservador Arias y poner al frente del gobierno al joven y renovador Adolfo Suárez, quien habría de llevar a término la reforma política. En reconocimiento a los servicios prestados, fue nombrado duque de Fernández-Miranda y senador de designación real en las primeras Cortes democráticas (1977-79).

Blanco Amor

Este artículo tratá sobre el gran escritor Eduardo Blanco Amor.

(Eduardo Blanco Amor; Orense, 1897 - Vigo, 1979) Escritor español en lenguas gallega y castellana integrado dentro de la Generación de Nos, a la que también pertenecieron Manuel Antonio y Amado Carballo. Su obra está considerada la de un prosista que posee un gran dominio de la técnica narrativa, y cuyas notas más sobresalientes son la riqueza del lenguaje y el humor que atraviesa sus principales construcciones.

Eduardo Blanco Amor
De joven emigró a Argentina y allí desarrolló una gran actividad periodística como director de la revista Céltiga, del periódico de la Federación de Sociedades Gallegas y de la revista literaria A Terra. Regresó a España como corresponsal del periódico de Buenos Aires La Nación (1929-1931) y como encargado de redacción de la revista Ciudad en Madrid (1933-1935). Fue también profesor de la Facultad de Humanidades de Uruguay y de la Escuela Internacional de Temporada en Santiago de Chile, y director del Teatro Español de Cámara de Buenos Aires.
Su prosa, de lenguaje fluido y popular, ha representado una renovación en la novelística gallega contemporánea. Cultivó diversos géneros: poesía, narrativa, teatro y ensayo. Su primer libro poético, Romances galegos (1928), es modernista con influencias vanguardistas. Poema en catro tempos (1931) se considera su mejor aportación a la poesía gallega. En castellano publicó En soledad amena (1941) y Horizonte evadido (1963) y, nuevamente en gallego, Cancioneiro (1956).
Inició su obra como narrador después de la guerra civil española. Su primera novela fue La catedral y el niño (Buenos Aires, 1949), que se desarrolla en Orense, como su primera novela en gallego, A esmorga (Buenos Aires, 1959), que él mismo tradujo al castellano con el título La parranda, en 1962. Os biosbardos (Las musarañas), de 1962, son relatos de tipo autobiográfico. En 1963 publicó Los miedos. Su última obra narrativa fue Xente ao lonxe (Gente a lo lejos), de 1972, saga social y política centrada en una familia.
Como autor teatral, publicó en Buenos Aires Farsas (1953), con tres piezas, y en 1962 se hizo una segunda edición en México con tres piezas más. En 1973 se publicó con el título Farsas para títeres en una edición bilingüe en castellano y gallego. En 1974 publicó Teatro pra a xente. Como ensayista escribió Chile a la vistaEl Padre FeijooVolviendo a Ortega y GassetCastelao y Las buenas maneras. Publicó, además, tres antologías: Rosalía de CastroValentín Lamas Carvajal y Antología popular del Padre Feijoo.

UE

Este artículo de la asignatura de geografía tratará sobre la Unión Europea.

La Unión Europea (UE) es una entidad geopolítica que cubre gran parte del continente europeo. Es una asociación económica y política única en el mundo, formada por 28 países. A partir de los años 60, Bruselas se ha consolidado como la capital de la UE, dónde se concentran la mayor parte de las instituciones comunitarias y viven la mayoría de los funcionarios y responsables. La UE cuenta con una moneda única, una bandera, un himno y el día de Europa, que se celebra cada 9 de mayo. 

En 1951, momento en el que se constituyó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (elementos clave para la guerra), los seis países fundadores -Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos- comenzaban un proyecto económico, político y social que ha generado paz, estabilidad y prosperidad durante más de medio siglo. 

La UE ha contribuido a elevar el nivel de vida de los europeos, ha creado una moneda única y ahora está construyendo progresivamente un mercado único en el que personas, bienes, servicios y capital (las cuatro libertades fundamentales de la UE) circulan entre Estados miembros con la misma libertad que si lo hicieran dentro de un mismo país. Lo que comenzó como una unión puramente económica, ha evolucionado hasta convertirse en una organización activa en todos los frentes, desde la ayuda al desarrollo hasta la política medioambiental. 

La UE promueve activamente los derechos humanos y la democracia, y cuenta con los objetivos de reducción de emisiones más ambiciosos del mundo para luchar contra el cambio climático. Gracias a la supresión de los controles fronterizos entre los países de la UE, ahora se puede viajar libremente por la mayor parte de su territorio. También es mucho más fácil vivir y trabajar en otro país de la UE.

Tras varias ampliaciones, la UE ha pasado de seis a veintiocho estados miembros tras la incorporación de Croacia en 2013 y hay varios países candidatos a la adhesión (Montenegro, Serbia, Turquía, ARYM e Islandia). Cada tratado por el que se admite a un nuevo miembro requiere la aprobación por unanimidad de todos los Estados miembros. La Unión Europea está abierta a todo país europeo que cumpla los criterios democráticos, políticos y económicos de adhesión, denominados criterios de Copenhague. 

El euro es la moneda única de la Unión Europea. Doce de los entonces quince Estados miembros la adoptaron para las transacciones no monetarias en 1999 y en el 2002 se emitieron los billetes y las monedas. Dinamarca, Suecia y el Reino Unido no participaron en esta unión monetaria. 

La Unión Europea se rige por un sistema interno en régimen de democracia representativa. Sus instituciones son siete: 

• El Parlamento Europeo. Los diputados al Parlamento Europeo son elegidos directamente y representan a los ciudadanos europeos. El Parlamento y el Consejo ejercen la potestad legislativa en igualdad de condiciones, tomando decisiones conjuntas.

• El Consejo Europeo es el principal órgano decisorio de la Unión y su función es dotar a la UE de impulso político en cuestiones fundamentales y establecer las prioridades generales de la UE. El Consejo ejerce funciones de orientación política general y de representación exterior, y nombra a los jefes de las altas instituciones constitucionales.

• El Consejo de la Unión Europea representa a los gobiernos de cada uno de los Estados miembros, que comparten su Presidencia con carácter rotatorio (con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa se estableció la figura del Trío de Presidencias).

• La Comisión Europea, o Colegio de Comisarios, representa el interés común de la UE, y es el principal órgano ejecutivo. Aplica el Derecho de la Unión, supervisa su cumplimiento y ejecuta sus políticas, y a ella corresponde en exclusiva la iniciativa legislativa ante el Parlamento y la Comisión; sus miembros son nombrados por los gobiernos nacionales.

• El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ejerce las labores jurisdiccionales supremas en el sistema jurídico comunitario.

• El Tribunal de Cuentas supervisa y controla el buen funcionamiento y la adecuada administración de las finanzas y de los fondos comunitarios.

• El Banco Central Europeo dirige y aplica la política monetaria única de la zona euro.

La UE cuenta, además, con otras instituciones y organismos interinstitucionales que desempeñan funciones especializadas: el Comité Económico y Social Europeo representa a la sociedad civil, al sector empresarial y los asalariados; el Comité de las Regiones representa a las autoridades regionales y locales; el Banco Europeo de Inversiones financia proyectos de inversión de la UE y ayuda a las pequeñas empresas a través del Fondo Europeo de Inversiones; el Defensor del Pueblo Europeo investiga las denuncias relativas a una mala gestión por parte de las instituciones y los organismos de la UE; el Supervisor Europeo de Protección de Datos protege la intimidad de los datos personales de los ciudadanos;  la Oficina de Publicaciones publica información sobre la UE; la Oficina Europea de Selección de Personal contrata al personal de las instituciones de la UE y otros organismos;  la Escuela Europea de Administración ofrece formación en ámbitos específicos al personal de la UE; el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) asiste a la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, que preside el Consejo de Asuntos Exteriores y dirige la Política Exterior y de Seguridad Común, al tiempo que garantiza la coherencia y la coordinación de la acción exterior de la UE.

En resumen, puede decirse que la misión de Europa en el siglo XXI es: ofrecer paz, prosperidad y estabilidad a sus ciudadanos; superar las divisiones en el continente; velar por que sus ciudadanos puedan vivir con seguridad; promover un desarrollo económico y social equilibrado y sostenible; hacer frente a los retos de la globalización y preservar la diversidad de los pueblos de Europa; defender los valores compartidos por los europeos, como el desarrollo sostenible y el cuidado del medio ambiente, el respeto de los derechos humanos y la economía de mercado social, y adquirir visibilidad internacional y habar a una sola voz en los principales foros y organismos internacionales.

Fuente: http://www.exteriores.gob.es/RepresentacionesPermanentes/EspanaUE/es/quees2/Paginas/default.aspx