Basilio Álvarez Rodríguez fue un tribuno defensor del pueblo
gallego frente a la política caciquil gallega de su tiempo, y un diputado
radical republicano valedor de la fe religiosa cristiana frente a los diputados
socialistas y republicanos de izquierdas de la segunda República española. Hoy
día, su personalidad simboliza la reivindicación valiente, justa y fuerte de
los derechos humanos y sociales de los paisanos gallegos frente a las
injusticias sociales y políticas vengan donde vengan.
Basilio Álvarez era hijo de un herrero del barrio del
Ervedelo de Ourense. Nace el 10 de agosto de 1877, en la, entonces, llamada
carretera de Trives de esta ciudad, donde cursa estudios de bachillerato en el
Instituto de Enseñanza Media y sigue la carrera sacerdotal en Seminario conciliar
de San Fernando ordenándose de presbítero.

Persona de fácil y brillante discurso, impulsa con gran
interés y vitalidad la labor social y obrera del Círculo Católico Ourensano,
promovida por el obispo de Ourense, monseñor Carrascoso, bondadoso, compasivo y
servicial. En 1904, publica el folleto, El cura rural, donde defiende a la
Iglesia católica gallega frente a los que la atacaban por sus aranceles.
Colabora en El Heraldo de Galicia y El Eco de Orense, dirigidos por Valentín
Lamas Carvajal, criticando las injusticias caciquiles y exponiendo las
necesidades apremiantes que sufre el pueblo gallego.
En 1907, se traslada a Madrid, donde ejerce de capellán de la
casa de los marqueses de Urquijo. Se relaciona con todos los gallegos en el
Centro Gallego y colabora y dirige la revista, Galicia, haciendo semblanzas de
personajes. En 1909, las luchas agrarias campesinas de Galicia se radicalizan
dando lugar al motín de Oseira, que ocasiona varias muertes. Decide defender su
justa causa y combatir el régimen de foros recogiendo la antorcha de la
Solidaridad Gallega que se había disuelto. Incita y anima a la colonia gallega
madrileña a la radicalización contra el caciquismo y contra los foros gallegos.

En 1910, funda la Acción Gallega, de la que será director y
portavoz. En 1911, dirige el periódico, Debate, fundado por Angel Herrera Oria,
que deja regresando a Galicia como cura de la parroquia de Beiro, en Ourense,
donde había sido asesinado su párroco. Asiste a la segunda Asamblea Agraria de
Monforte y es nombrado secretario de la Liga Agraria-Redencionista. Participa
activamente en numerosas luchas sociales y políticas por toda Galicia dando
múltiples mítines populares contra el caciquismo y contra los foros.
En 1912, publica El Libro del Periodista. En 1913, visita Cuba,
prologa el primer libro de poemas de Ramón Cabanillas, y publica el libro,
Abriendo el Surco, resumen de la cuestión agraria. En 1915, vista Argentina
donde pronuncia discursos patrióticos y sociales muy ovacionados. Regresa a
España y funda el diario, Parlamentario y La Raza, en Madrid, y la revista La
Zarpa, en Ourense.
Se seculariza, obtiene la licenciatura en Derecho en dos
convocatorias y abre un bufete de abogado en Madrid con grande éxito ocupándose
de los asuntos gallegos y de la dirección de la Casa de Galicia, entonces, en
la calle Alcalá.En 1928, es nombrado hijo predilecto de Ourense. Se afilia al
Partido Radical Republicano de Alejandro de Lerroux, que anteriormente había
criticado.

Proclamada la segunda República, es elegido diputado por la
provincia de Ourense en las elecciones generales a las Cortes españolas de 1931
y de 1933 por el partido radical republicano de Alejandro Lerroux; y es
nombrado vocal del Tribunal de Garantías Constitucionales. Realiza una gran
actividad parlamentaria política recogida en el libro, Dos años de agitación
política, en dos tomos, destacando como brillante orador y apasionado líder
popular, oponiéndose elocuentemente al dictamen de la Comisión constitucional
de las Cortes Constituyentes de la segunda República.
Critica a sus redactores y ponentes por ignorar las
Constituciones de otros Estados políticos que protegían a la Religión y por
haberse guiado por la Constitución atea mexicana. Se opone vehementemente al
divorcio por la sola y mera voluntad femenina sin causa alguna, al que llama
"histerismo de la ley y privilegio irritante"; y al control estatal
de las templos y establecimientos religiosos por ser una ingerencia política y
por vulnerar la libertad de cátedra.
Manifiesta que, aunque el anticlericalismo pudiera estar
justificado por la insolidaridad de ciertos sectores católicos burgueses más
afectos a la monarquía que al evangelio, el dictamen o proyecto constitucional
propina un duro golpe, no ya al clericalismo, sino a la propia fe que es santa,
y esto es "nefando". Concluye diciendo, "¡anticlericales, todos
por republicanos y españoles, pero sectarios, jamás!. "
Iniciada la Guerra Civil, en julio de 1936, se pone al
servicio de la República. Viaja a Cataluña y pasa a Francia. Emigra a Argentina
con grandes problemas y sin medios económicos, donde, en 1937, publica su
libro, España en crisol, y ejerce de periodista. Pedida su repatriación, se
salva gracias a dos amigos senadores y al director del periódico, Crítica.
Por presiones del clero argentino es expulsado de este país y
refugia en Cuba, donde en un banquete popular en la Habana sufre un derrame
cerebral que le deja hemipléjico. Sin medios económicos para sobrevivir, en
condiciones sicofísicas deplorables, se traslada a Estados Unidos de América, donde
fija su residencia en Tampa, Florida, viviendo gracias a un subsidio para
exilados políticos y a la ayuda de grupo de estos. Aquí, une en matrimonio con
su mujer, Carmen, que le había acompañado en su exilio, y de la cual tenía una
hija.

Consumido por el dolor de su enfermedad y por el sufrimiento
de su nostalgia de su querida patria gallega, "saudade y morriña",
muere, 15 de noviembre de 1943, habiendo sido un gran tribuno popular de
oratoria fácil y brava y de fuerza magnética y genial, en defensa de los
derechos de los campesinos, frente al caciquismo foral gallego; y un gran
defensor de la fe cristiana ante los políticos socialistas y republicanos de
izquierdas de la segunda República Española. Entre sus escritos, abundantes en
periódicos, revistas y publicaciones de su tiempo, merecen destacarse,
El cura rural (Ourense-1904), Por los agros Celtas
(Madrid-1907), Hablando con los santos (Madrid-1909), Desde mi campo, el libro
del periodista (Madrid-1912), Abriendo el surco (Habana-1913), Dos años de agitación
política (Madrid-1933).
Fuente: http://www.laopinioncoruna.es/opinion/2008/03/28/basilio-alvarez-tribuno-pueblo-gallego-fe-cristiana/177193.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario